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Ana, siempre Ana

Anne Igartiburu

Esta semana, Anne Igartiburu le dedica su columna a su amiga Ana Obregón.

No recuerdo cuando tuve conciencia de su existencia. Me parece que la conozco desde siempre, por la cercanía omnipresente que transmite siempre Ana García Obregón. Siempre Ana. Capaz y entregada, no deja indiferente y lo vive todo como una niña chica. Y eso es algo que en la vida te hace sentirte vivo. No todo el mundo lo hace. Ella sí. Muchas veces me pregunto si será así en la soledad de su habitación o cuando se toma el primer café.

Y sigo negándome a aceptar que puede vivir sin enamorarse. Pero hasta donde yo sé hace un vade retro al amor de un hombre para volcarse en el que tiene en casa de 'okupa' casi obligado, que además lo es de su corazón pizpireto. Sé que ella no quiere ni pensar en dejar de tener a su hijo cerca.

La recuerdo dando las Campanadas y nunca imaginé que años después, estaría yo en ese balcón en el que ella reinaba junto a nuestro querido Ramón. Y, por si fuera poco, coincido con ella en un sarao y siempre tiene esa capacidad de hacerme sentir como si acabara de pasar un torbellino delante de mí.

¿Recordáis esas viñetas de Mafalda en las que aparecía en la orilla tras ser embestida por una ola? ¡Pues la misma cara es la que se me queda! Me deja sin palabras porque lo dice todo y, además, muy rápido. Tanto que me pregunto si habrá escuchado la de veces que le he dicho lo guapa que está.

No solo es llegar, sino también mantenerse en esta profesión. Y ella lo hace. Se reinventa, o más bien, es ella la que inventa. Incluso creo que deja que inventen sobre ella. Porque tengo la sensación de que le da un poco igual. Y que le divierte. Porque no necesita de nadie, excepto de los que la quieren y han querido siempre. Aunque me gustaría verla enamorada, me da que es más lista que todo ello.

"No te cases", me dijo un día. Y no le hice caso, pero me lo perdona, lo sé. Capaz de agradar y conquistar a todos, si hay algo que nunca hace es herir a nadie e incluso hoy podemos hablar de su alianza con su eterna rival o su amiga de toda la vida. Son las anécdotas que dan la pátina rosa a su vida, pero intuyo que hay otra de color azul mar y blanco luz: la de la curranta despierta que sabe jugar donde la pongan. Teatro, tele, cocina, playa o piscina... Sabe lo que quiere y va a por ello. No te quepa duda de que lo conseguirá.

Hace unos días volví a coincidir con ella en el Festival de Televisión de Vitoria. Le acompañaban un par de cámaras en todo momento, grabando sus movimientos para que la veamos en acción. Presentaba su nuevo reality. ¿De dónde sacará la fuerza? Una poca de los abrazos de Álex. Y otra mucha, de las vivencias que lleva en la mochila desde su infancia, gracias a sus padres y hermanos. Esas que hacen que hoy sea la mujer que es. Ana eterna.