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Jerry Lewis: vida loca de un payaso triste

Nadie hacía el tonto tan bien como él. Pero el genio del humor, que este año ha cumplido 90 años, ha tenido siempre otra cara marcada por su fuerte carácter, sus problemas de salud y sus excesos con las pastillas y las mujeres.

Jerry Lewis en uno de sus últimos actos públicos.
Jerry Lewis en uno de sus últimos actos públicos. gtres

Cuando el pasado marzo cumplió 90 años, muchos se preguntaron si el cómico seguía vivo. Hasta las personas que más se rieron con sus películas y actuaciones le creían muerto. Pero no. Jerry Lewis aun se mantiene entre nosotros. "Es duro para mí salir y hacer cosas, es como una prueba. Estoy ciego, no puedo oír, no camino demasiado bien, tengo problemas de sueño y mis manos se duermen cada 15 minutos", explicaba entonces, aunque lo decía, eso sí, riéndose. Y añadía lo que para él era más importante: "Pero soy feliz porque sé que mi mente está muy lúcida".

En efecto, el pasado mes de septiembre estrenó en EE.UU. la primera película que ha protagonizado en 20 años y acaba de actuar en Las Vegas, donde una legión de fanes se volvieron a rendir ante él. Y es que no hablamos de un actor cualquiera, ni siquiera de un simple actor. Hablamos del que muchos consideran el mejor cómico del cine sonoro, el sucesor de Charles Chaplin y Buster Keaton. El hombre que escribió, dirigió y protagonizó clásicos como 'El terror de las chicas' y 'El profesor chiflado'.

Un genio del humor y de la vida –su cociente intelectual supera los 145– que alcanzó la fama haciendo de tonto, cayéndose, tartamudeando, gesticulando de la forma más excesiva y poniéndose en ridículo para hacer felices a millones de personas. Y hasta llegó a ser nominado al Premio Nobel de la Paz por su trabajo en favor de las personas con distrofia muscular y por los más de 2.000 millones de euros que ha recaudado para esta causa.

Su vida, sin embargo, está también llena de sombras. Empezando por su propia infancia. Sus padres se dedicaban al espectáculo, recorrían el país de teatro en teatro y de feria en feria, mientras él se quedaba con algún familiar. Tal y como dijo en sus memorias, sus progenitores eran "una llamada de teléfono o una postal de vez en cuando", lo que a él le hacía sentir como "un muñeco, un inadaptado, el niño más triste del mundo".

A los cinco años se subió por primera vez a un escenario. Iba a cantar, pero su torpeza le llevó a dar una patada a una de las luces. Los espectadores, entonces, se rieron, después aplaudieron y Lewis quedó ya para siempre enganchado a esa sensación: el cariño y el reconocimiento del público.

Los comienzos

A los 15 años fue expulsado del instituto por pegar al director. "Lo hice y fue maravilloso", contó años después. A partir de ese momento se dedicó al mundo del espectáculo. Su vida volvió a cambiar a los 19. Fue entonces cuando se casó con Patti Palmer, una cantante de orquesta que dejó su trabajo para formar una familia con él. Aunque poco después se produjo otro flechazo: "Me enamoré en cuanto le conocí. Fue un milagro que Dios puso en mi vida". Así recordaba Lewis su encuentro con el cantante Dean Martin. Juntos, y durante diez años, formaron la pareja con más éxito de EE.UU. Suyos eran los teatros, la tele, los cines…

Me enamoré de Dean Martin en cuanto le conocí"

Y eso que los principios fueron duros, ya que su humor no le hacía ninguna gracia al mafioso que regentaba el club en el que debutaron. Viene aquí uno de los mayores misterios en la vida de Lewis: ¿por qué acabó separándose de Martin? El tema nunca lo aclararon ni uno ni otro, pero tras la ruptura estuvieron 20 años sin hablarse. Existen todo tipo de teorías al respecto, como que Lewis era mucho más trabajador, exigente y ambicioso que Martin. O que Martin no aguantaba el éxito cada vez mayor de Lewis, o que las mujeres de ambos no se podían soportar.

"Echo de menos a Dean. No hay un solo día que no piense en él", suele responder Lewis ahora sobre su excompañero, muerto en 1995. Sea como sea, la carrera del cómico no se estancó a partir de ese momento. Todo lo contrario. Esta es la época de las grandes películas, del triunfo total y de una vida familiar en apariencia perfecta junto a Patti y sus seis hijos en una fastuosa mansión de 32 dormitorios y 17 cuartos de baños situada en el exclusivo barrio de Bel Air.

Aunque su hijo menor, Joe, ofreció una imagen muy distinta de esa época: "Era una casa impresionante, pero no había amor en ella". Comentó también el fuerte carácter de Lewis y sus excentricidades. Como su cuarto de baño, una auténtica fortaleza con el cartel de no molestar en la puerta y en el que pasaba horas. Allí tenía una tele, dos teléfonos, dos revólveres, un bar, una nevera, una biblioteca, marihuana, todos los opiáceos que tomaba por entonces y un sistema de intercomunicadores que le permitía escuchar lo que pasaba en cada habitación.

Jerry Lewis junto a Dean Martin en una imagen de archivo.
Jerry Lewis junto a Dean Martin en una imagen de archivo.

Sus excentricidades

Aunque lo de los revólveres quizá no fuera una buena idea. Un día, de hecho, el cómico estuvo a punto de volarse la cabeza. Cogió una de las armas, se metió el cañón en la boca y… "Gracias a Dios, oí a mis hijos riendo y corriendo por el recibidor. Eso me hizo reaccionar", recordaba Lewis en una entrevista en la que reconoció sus adicciones y cómo estas habían empezado en Las Vegas, en 1965, después de uno de sus espectáculos y de una de esas caídas que entusiasmaban al público y hacían que todos se troncharan.

Esa vez se le fue la mano, se golpeó demasiado fuerte, y el resultado fue una grave lesión de espalda y un dolor que llega hasta nuestros días y que entonces solo los opiáceos que le recetaba el médico podían calmar, a costa, eso sí, de dosis cada vez mayores, de devastadores efectos secundarios y de años enteros que él asegura haber olvidado. "Yo no recuerdo muchas cosas, pero mi mujer y mis hijos podrían contar lo duro que fue. Estaba terriblemente nervioso, irritable, intolerante e impaciente. La droga me estaba destrozando".

Patti fue muy discreta y permaneció callada. Al menos hasta 1980, cuando se divorciaron. La forma en que Lewis comunicó la separación fue bastante cruel. "Puso en la mesa del comedor una revista en la que anunciaban que el matrimonio se estaba rompiendo… Una semana después, él se marchó de casa", explicó su hijo Joe. Durante el divorcio, Patti sí que habló y contó al juez algunas excentricidades del actor que estaba entonces en la ruina. Hasta tuvo que vender las joyas de ella para salir adelante.

Caprichos como los aviones privados que fletaba para que sus amigos fueran a verle en vacaciones, las cientos de maletas o grabadoras que tenía y que no paraba de comprar, por no hablar del par de calcetines que Lewis estrena cada día y luego por la noche tira a la basura. Y después del divorcio, vino el libro. Reí hasta que lloré, era el título y un excelente resumen de lo que Patti contaba en él: 36 años de matrimonio marcados por los celos del actor, sus frecuentes cambios de humor, sus infidelidades, la difícil relación de él con sus hijos...

La causa de la separación fue SanDee Pitnick, una azafata de vuelo y bailarina, 24 años más joven y a la que conoció cuando estaba buscando extras para una de sus cintas. Tres años después de ese primer encuentro y del divorcio, ambos se casaron, un 13 de febrero –no el 14, porque el 13 es el número de la suerte de Lewis–. Él acababa de someterse a un doble bypass coronario en Houston, pero cogió el avión, se plantó en Las Vegas, y ahí siguen los dos, casados 33 años después.

Una larga lista

Aunque antes de ella, hubo muchas otras. Baste recordar que Lewis perdió la virginidad con 12 años, en un camerino mientras actuaba su padre. Ella se llamaba Trudine y trabajaba como streapper. "Duré solo un minuto. Era todo un personaje. Bailaba con una serpiente", ha explicado él.

Después de eso, cuentan que se lió con todas sus compañeras de reparto. El cómico, al ser preguntado en 2011, lo negó entre risas y bromas, de una forma muy poco convincente, aunque sí reconoció que tuvo una aventura con Marilyn Monroe. "Me dejó lisiado durante un mes", aseguró. Y añadió otro nombre a su lista de conquistas: "Después de eso, pensé que Marlene Dietrich había sido estupenda". Hay también una supuesta hija secreta, Suzan Lewis, que en 2014 anunció que iba a publicar un libro y contó cómo el cómico conoció a su madre, una modelo llamada Lynn Dixon.

Él llegó incluso a pedirle matrimonio y a regalarle un anillo, pero había un grave problema que impedía la boda: ambos ya estaban casados. Jerry no se ha hecho las pruebas del ADN, pero uno de sus hijos, sí y, según se ha publicado, las posibilidades de que ambos sean hermanos son del 88%.

En 2009, su hijo Joe se suicidó, tras muchos años de problemas con las drogas y en los que ambos no se hablaron. Gary, el mayor de los hermanos, hizo unas duras declaraciones culpando a su padre de los problemas de Joe y acusándole de haber dado siempre mas importancia a su carrera que a su familia. Lewis, en cambio, habló de su dolor, tanto físico como, en este caso, emocional. "A día de hoy no entiendo su muerte, porque es injusta", comentó cinco años después de la pérdida.

Aunque nada de ello ha conseguido quitarle al cómico las ganas de trabajar ni, por supuesto, de vivir. En su 90 cumpleaños aseguraba: "Quiero seguir aquí un poco más. Quizá cuatro o cinco años estaría bien, aun tengo muchas cosas por hacer".