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Tres bodas y un cachondeo

Jesús Locampos

Esta semana nuestro compañero Jesús Locampos analiza los pormenores y pormayores de los tres enlaces matrimoniales que han marcado este otoño: el de Rocío Carrasco, Paz Padilla y Kiko Rivera.

Casarse siendo famoso se ha convertido en un deporte de riesgo. Vaya disgustos más tontos que se han llevado los últimos novios populares que han pasado por la ceremonia del matrimonio. Nos gusta la guasa más que comer con las manos y a veces eso hace pupita.

A Paz Padilla le han dado hasta en las pestañas por enfadarse con los reporteros que inmortalizaron a su novio con sombrero de copa a lomos de un caballo llegando al enlace. En Twitter la pusieron de soberbia por no invitar a sus compañeros. Qué manera de agriar una boda tan secreta con ocho reporteros de testigos.

A Rocío Carrasco –antes Rociíto– le han llovido galletas nada más darle el ‘sí, quiero’ a Fidel tras un noviazgo extralargo y que dicen que le ha costado más suspiros que los 5.000 cristales de nácar que llevaba incrustados en su traje de novia. Que si no acudieron sus hijos, que si no invitó a sus tíos, que si que poquito relumbrón tuvo la fiesta, que si hizo exclusiva porque está canina... Pobre Rocío, qué luna de miel le están dando.

A Francisco Rivera –antes Kiko– le intentaron reventar la boda o, para ser exactos, la exclusiva y aunque no lo consiguieron, le dieron un considerable dolor de cabeza con todos los agrios comentarios sobre la misma. Que si el novio llegó a la cena muy contento, que si de madrugada sirvieron caldo de cocido en copas de Martini, que si el posado de mamá Pantoja haciendo buñuelos fue un ‘postureo’, que si los que iban de parte del novio no se hablaban con los que iban de parte de la novia. Un no parar. En resumen: tres bodas, tres disgustos y un cachondeo general.

¿Les apetece para terminar una variedad de noticias relacionadas con la comida? Vamos a ello. Han saltado de nuevo las alarmas con Victoria Beckham cuando llegó al aeropuerto de Los Ángeles y los fotógrafos que esperaban su llegada no la reconocieron por su extrema delgadez. Julia Roberts no tiene problemas alimentarios y si vas a Los Ángeles, puedes verla devorar pizza a dos manos en Gjelina. Beyoncé comparte mesa en Crossroads Kitchen con Paul McCartney y Ellen DeGeneres. Y en el Four Seasons, Charlize Theron se pone las botas con los platos que sirve este restaurante y sigue estando de rechupete. Perdón por la expresión.

Una pregunta...

¿Qué tenista ha sido acosado sexualmente en su habitación por una camarera de hotel?

... Y una respuesta

Lo que une a Ariadne Artiles y Gisele Bündchen es su dependencia del agua de coco. Es el producto milagro entre las ‘celebrities’ porque evita la retención de líquidos, le da a la piel un aspecto terso y es un remedio natural contra el dolor de cabeza.