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¿Quién necesita a Sigourney teniendo a Cristina Rodríguez?

La figurinista nos contó cómo afronta su cuarta nominación al Goya en el cóctel previo a la gran gala que tendrá lugar el próximo 4 de febrero.

Cristina Rodríguez posa en el Hotel Ritz de Madrid.
Cristina Rodríguez posa en el Hotel Ritz de Madrid. gtres.

No es "la de 'Cambiáme'". Al menos no solo. Cristina Rodríguez llegó al Hotel Ritz de Madrid sobre las 18.30 y atendió a todos los medios que le pidieron unos minutos. Ella es una de los cientos de nominados que pueden irse con el premio gordo del Goya el próximo 4 de febrero, cuando se celebre la gran gala. Suponemos que, aquel día sí, las Sigourney Weaver, Penélope Cruz, Carmen Machi, Candela Peña y compañía estarán presentes en la alfombra roja. Y los Pedro Almodóvar o Juan Antonio Bayona. Todos ellos causaron baja en una convocatoria en la que, con la figurinista, podríamos llenar páginas y dar unos 10 o 12 titulares buenos.

Así es ella: generosa en sus respuestas, en sus gestos, en la emoción que le pone a cada palabra que dice y en cada anécdota que cuenta. Cristina, que ya ha estado en la piel del "uy" optando en tres ocasiones al Goya (‘El cónsul de sodoma’, ‘Tres bodas de más’ y ‘Un puñado de besos’), parte con dos posibilidades (‘No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas’ y ‘Tarde para la ira’) de que, esta vez sí, la Academia premie una carrera de 25 años vistiendo a los más grandes del cine nacional, pero también a figuras de la talla internacional de Alec Baldwin: "Un señor americano con un culo de americano y un tórax de americano, que aquí no los tenemos. Y yo lo vi entrar y pensé: 'Nada de lo que tenga le va a ir bien'". Pero salió airosa, porque es una curranta. "Me levanto a las cinco, descargo camiones, lavo la ropa, huelo a ver si las camisas están sucias… Creéis que, porque vaya así vestida, no curro, pero yo curro mucho", confesaba casi nada más ponerse delante de la maraña de grabadoras.

Los que me llaman para trabajar lo hacen porque me conocen"

Para que lo entiendan de otra manera, cedemos de nuevo la palabra a nuestra protagonista: "Yo tengo una carrera en el cine muy dilatada, no me ha puesto el Ayuntamiento. A ver si os creéis que me ha puesto Carmena. Yo voy a los rodajes vestida de dorado y, a veces, me tengo que ir del set porque el director de foto empieza a ver destellos. Os juro que es verdad. Los que me llaman, lo hacen porque me conocen".

Ojo, que ella misma nos contó que tiene un ‘cabezón’ en una cómoda en el salón de su casa: "Tengo un Goya prestado, que lo tengo que devolver. Me lo dio Vicente Aranda, cuando no gané en la primera nominación. Cuando murió, llamé a su exmujer y le dije que es de sus hijas. Hemos intentado quedar varias veces y lo tengo pendiente. Quedar con ellas y hablar de su padre, porque Vicente era maravilloso. Lo tengo que devolver, porque eso no se puede regalar".

Un buen tipo

Casi un regalo es lo que es para ella su pareja. Lleva con él un año, es de Madrid y, según nos explicaba con una sonrisa que no deja la menor de las dudas de que está enamorada hasta lo más profundo del alma explicaba: "Es un buen tipo, el primer hombre que, aunque le va bien profesionalmente, piensa en mí. Por las mañanas me manda las audiencias".

No da su nombre, "porque me mata" y, asegura, si llega ese momento que lleva esperando media vida, es mas que probable que le deje fuera de su discurso: "Se lo merece, pero llevo con él un año. A ver si luego me deja y luego cada vez que lo vea lo recuerdo. Amo a mi novio y, por favor, pido que luego no sea un psicópata, que siempre me pasan estas cosas a mí, pero ha habido tantas personas con las que he compartido tantas horas a lo largo de 25 años de carrera…".

Tengo el discurso por si gano hecho desde que tengo 25 años"

Tantos años como lleva con esas palabras en su cabeza: "Tengo el discurso hecho desde que tengo 25 años, pero no os voy a decir a quién se lo voy a dedicar. Hay un colectivo del cine que es el gran olvidado y que a mí me ha hecho muy feliz durante todas las películas en las que he participado. Son unos que ganan muy poco y que son muy importantes. Hasta ahí puedo leer. No lo voy a decir a ver si me va a dar mala suerte".

Nada más allá de nuestra intención gafarla. Sobre todo, porque pocas veces se topa una en la profesión con alguien que quiera acercarse al otro lado, al de quien hace las preguntas. A una, que un poquito de Síndrome de Estocolmo con sus entrevistados sí que tiene, consiguió metérsela en el bolsillo de la manera más sincera y sencilla posible: "Me gustaría entrevistar, porque me gusta mucho saber las cosas de los demás. Yo empatizo con la gente y yo cuento. Y creo que, para entrevistar, también tienes que contar y como yo no tengo nada que ocultar".

Alguien tan de verdad, capaz de mantener una conversación sin miedo al qué dirán, se merece un Goya. Pero sobre todo, se lo merece alguien que piensa en los demás y que lleva un cuarto de siglo trabajando sin necesidad de que la pequeña pantalla, que hace todo mucho más brillante, pero no más relevante, le ayude a llevarse un trozo de pan a la boca.

Si el día 4 gana, lo hará por ella y por todos aquellos que trabajan en la sombra. Aunque hoy, para el gran público, sea «la de ‘Cámbiame’».

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