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Malas madres buenas

Anne Igartiburu

Como cada semana, Anne Igartiburu nos ofrece su reflexión.

a marea creada por Laura Baena y su Club de las Malas Madres, a base de agitar conciencias y, sobre todo, mucho sentido común, está más en boca de todos que nunca. Más a raíz del pasado 13 de febrero, Día de la conciliación. Hay argumentos que caen por su propio peso, como que una mujer que asegura no llegar a todo, y mayormente estar agotada en la primera fase de la maternidad, no significa que sea peor madre que la que tuvo ella hace unos 30 años o más. Y es que nuestras madres, casi todas, han antepuesto nuestra crianza a cualquier otra cosa, incluida la opción de elegir proyectos personales y profesionales.

Parecía que no había otra, y lo cierto es que puede que sea la mejor de las opciones, siempre y cuando sea algo elegido y una decisión que no va en detrimento de una vida plena en sueños y satisfacciones personales y profesionales, algo que, por desgracia, no suele ser así. Pero todo exige un sacrificio a veces.  

Es algo muy delicado y personal, así como subjetivo. Aun se siguen dando por supuesto demasiadas cosas y, de manera soterrada, se juzgan decisiones, sean las que sean. Lo importante de todo esto es la posibilidad de poder elegir y compatibilizar en lo posible, algo tan importante como el cuidado de lo más valioso que tenemos, que es nuestro entorno humano y el resto del sueños en la vida.

Ese conjunto de personas llamado sociedad y que empieza a serlo desde el momento en el que nos enrolamos a él para crear una tribu, como quien dice. En mi caso, tuve la suerte de incorporarme tan pronto como quise al trabajo, porque me acogí a un ritmo cómodo, compartiendo con mi compañero y familia –algo fundamental– que me permitió alejarme de mi hijo exactamente 4 horas al día.

Tomé muchos días libres en verano cuando pude viajar con él, más en familia y dejé el resto de compromisos extras que me habían engullido antes de quedarme embarazada: formación continuada en Coaching y Psicología o cursos que a mí me llenan tanto, viajes y deporte.

Seguí con mi trabajo, consciente de que era una priviliegiada, no sin llevarme críticas

Seguí con mi trabajo, consciente de que era una auténtica privilegiada, no sin llevarme críticas y juicios externos. Curiosamente nadie opinó cuando llegaron mis hijas mayores de tierras lejanas y me dediqué antes y después a un proceso y labor de adaptación para ambas partes. Ahí lo dejo. Siempre pasa. Contamos con ello, sobre todo cuando no das demasiadas explicaciones sobre tu vida.

Pero a lo que iba. A nosotras, mujeres 'nos sale' o nos ha salido ser así, porque lo hemos visto y porque poniendo en una balanza las satisfacciones y al tener poco donde elegir, nos quedamos con aquello que creemos y sentimos que es lo más acertado . Al fin y al  cabo, tenemos hijos para crear un vínculo afectivo familiar que nos da muchas alegrías y nos  hace sentirnos parte de este Planeta Tierra, que gira loco y sin dejarnos tiempo a detenerlo para poder recolocar las prioridades.

Cada una sabe por qué decide tener familia. ¿Y los hombres? Ellos también, y cada vez más, reivindican su espacio en este universo afectivo y de lógica aplastante a la hora de criar a sus hijos. Y también a muchos, sobre todo los que tienen cerca como compañeras, madres o amigas a mujeres de razonamientos  clarificadores a la vez que sencillos, eligen dar el paso hacia algo tan inevitable como tomar la iniciativa y disfrutar en esa aventura, cansada, difícil y llena de incertidumbres. Sigamos juntos en ello. Merece la pena. 


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