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Tiembla Almodóvar, llega Eduardo Casanova

El actor que daba vida a Fidel en la serie ‘Aida’ ha ido ganando adeptos como creador de videos virales, impactantes cortometrajes y, finalmente, como director de una prometedora película, ‘Pieles’, seleccionada en el Festival de Berlín. Tiembla Almodóvar: la modernidad del cine español se llama Eduardo Casanova.

Eduardo Casanova en la pasada edición de los Premios Goya.
Eduardo Casanova en la pasada edición de los Premios Goya. gtres

El rosa como «lubricante» de los horrores de la realidad. Eduardo Casanova se ciñe al consejo de Mary Poppins –Con poco de azúcar esa píldora que os dan…. pasará mejor– para construir una nada convencional película sobre la diferencia, sobre esos cuerpos extraños y distintos en una sociedad deseosa de cuerpos perfectos. Y así, vestido de rosa, lo hemos visto en los Goya y en la Berlinale, el tono pastel dominante en la fotografía de su esperado proyecto cinematográfico. Siguiendo la estela de su corto Eat muy shit –a ver cómo definimos a su protagonista sin que nadie se escandalice: digamos que es una chica con boca de culo. Literalmente–que impresionó tanto a Álex de la Iglesia que decidió apostar como productor por un proyecto más ambicioso y seguramente más polémico del ahora guionista y director novel: Pieles, ópera prima seleccionada para la prestigiosa sección Panorama de esta 67ª edición del Festival de Berlín.

Corazón

¿Contento con la acogida?

Eduardo Casanova Entusiasmado, la verdad, porque el público alemán no expresa sus emociones como el español y sin embargo, han venido ilusionados a contarme lo que han sentido en este viaje. Porque de eso va Pieles. Trata de la deformidad física pero, también, emocional. Es la parte más oscura de nosotros mismos que no nos atrevemos ni a contar ni a aceptar. Pero, solo cuando realizamos ese viaje hacia lo más oscuro, podemos encontrarnos a nosotros mismos de verdad. Raros somos todos, incluido yo, y gracias a la película he podido ser más consciente de mis rarezas. Me gustaría que el espectador viva esa experiencia no como una provocación sino como una excusa para empatizar con el otro, con el diferente, y de paso sentirse más libre de prejuicios para tener su propia opinión.

C. ¿Qué es lo más bonito que le han dicho?

E.C. Va a sonar raro, pero ha sido: «Nunca pensé que algo tan horrible pudiera gustarme tanto». Porque no es una película fácil de ver en el sentido de que es dura, pero gracias al color rosa que lo envuelve todo se hace llevadera, incluso hermosa. Mi idea era que la gente pensara: «no quiero ver esto» pero luego no pudiera dejar de verlo…

C. Ir de rosa le ha causado muchos disgustos, con esos insultos en las redes…

E.C. Estoy en un momento de máxima felicidad: tengo 25 años y ya he dirigido mi primera película, estoy en Berlín, me siento libre, totalmente libre, porque cuando me pongo tras la cámara siento que nada me detiene y no dejo que nada lo haga. Lo que no me interesa me aburre. Y lo que me aburre, no me afecta. En estos tiempos en que hay algunos que practican el insulto o la censura, como ha pasado con el cartel en Instagram, yo prefiero no molestarme en leer lo que dicen ni permitir que eso me afecte.

C.

Pero tanta agresividad…

E.C. Precisamente es lo que sufren los protagonistas de Pieles, pero en ellos se produce por sus deformidades físicas. Estamos en una sociedad marcada por fuertes presiones que nos obligan a seguir actitudes colectivas pero, también, cánones de belleza insostenibles para la mayoría. El colectivo más presionado, el más castigado sin duda, es el de las mujeres mayores de 40 años.

C. Pero el rosa es un color asociado al colectivo gay. ¿Tiene eso algo que ver con su elección?

E.C. No, porque Pieles no es una película gay, no ha en ella ningún conflicto gay. Además, detesto la vinculación de un color para etiquetar o identificar a un colectivo. La elección del rosa, como el lila, fue exclusivamente estética.

C. Casanova es un artista atrevido, original, pero fiel a sus ideales y a sus amigos. Para su debú ha contado con Secun de la Rosa y Carmen Machi, aunque de su etapa en Telecinco se queda con Ana Polvorosa como actriz fetiche, que encarna de nuevo a Samatha. ¿Por qué recuperó el personaje de su cortometraje para la película?

E.C. Porque fue muy bien recibido. Además, luchaba contra prejuicios sociales a los que aun se enfrentan las mujeres, así que me parecía perfectamente recuperable para un spin off pero con mayor protagonismo.

C. ¿Podemos definir a Ana Polvorosa como su musa?

E.C. Me da cierto pudor decir algo así. Me inspira, me fascina, la quiero porque es amiga pero, sobre todo, la admiro y respeto porque me encanta cómo trabaja.

C. ¿Le gusta rodearse de amigos en sus proyectos?

E.C. Es que no están por ser mis amigos, están porque son grandes actores. Aunque es cierto que trabajar con ellos me permite conocer mejor sus claves, sus límites, y facilita también mi comunicación con ellos…

C. Eso para una ópera prima da más confianza, ¿no?

E.C. Bueno, soy de ponerme retos y de superarlos en cada proyecto, haciendo algo que hasta entonces me hubiera dado miedo. No le temo a lo desconocido, no me da inseguridad enfrentarme a lo que desconozco: quiero aprender, quiero equivocarme, quiero ser mejor… Me pongo detrás de la cámara y soy el hombre más libre del mundo.

C. El mayor éxito de un cineasta de cara a la crítica o a los espectadores es ‘tener un universo propio’. ¿Cuál sería el suyo?

E.C. Pues lo definió muy bien Álex de la Iglesia: «Es una tarta de fresa con un cuchillo dentro, es una Hello Kitty con una metralleta»


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