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Trump vs. Hollywood

Melania huyó del protagonismo en el primer evento oficial organizado por su oficina.

En el guion no escrito de los Oscar era obvio que Donald Trump iba a ser el gran derrotado de la noche. Y aunque la ceremonia estuvo menos politizada de lo que se esperaba, muchas estrellas lucieron lazos azules en señal de rechazo a las controvertidas políticas migratorias del presidente, Jimmy Kimmel le dio estopa durante su monólogo de apertura y el auditorio en pleno se puso en pie para ovacionar a Meryl Streep, que celebraba su vigésima nominación al Oscar, pero que, sobre todo, hace unas semanas fue víctima de la furia tuitera del presidente. Quizá por eso (y por su pasado como estrella de la tele) Trump decidió ‘contraprogramar’ los Oscar y celebrar esa misma noche su primera recepción de gala en la Casa Blanca: el baile anual de los Gobernadores.

En realidad, era la noche de Melania, el primer evento formal organizado por la oficina de la primera dama. Un comunicado oficial se encargó de explicar que el tema escogido para la cena era "renovación de primavera", una alegoría a una Casa Blanca que ha vuelto a la vida reluciendo con la deslumbrante experiencia sensorial de la eterna primavera, decía la nota. Aunque casi era peor la frase que el comunicado le atribuía a la primera dama: "El aroma a rosas y jazmín inunda el aire mientras damos gracias por esta gran nación y por la gloria de la renovación". Pero a pesar del lenguaje barroco, la anfitriona volvió a huir del protagonismo: lució un sencillo vestido negro y solo posó en una foto oficial.

El 'Oscargate eclipsó el baile del presidente

Mientras tanto, en Los Ángeles, Warren Beatty y Faye Dunaway abrían el sobre que no era… Trump no vio la ceremonia, pero opinó al día siguiente: "Creo que estaban tan concentrados en hablar de política que no supieron resolver bien el final", dijo en referencia al estrepitoso error por el que La La Land fue proclamada Mejor Película, cuando la estatuilla pertenecía a Moonlight. "Fue un poco triste. No me pareció una noche demasiado glamurosa", comentó. Y sin embargo, el ‘Oscargate’ consiguió eclipsar el baile del presidente.

Autopromoción 'by' Ivanka

La obsesiva discreción de la first lady contrastó con el afán de protagonismo de Ivanka, que escogió un vestido de J. Mendel, valorado en 4.000 dólares. Aunque se desvinculó de su marca de ropa para evitar conflictos de intereses, la hija del presidente lució unos zapatos de su propia colección. Mientras varios grandes almacenes han dejado de distribuir su marca, ella ha contraatacado poniendo en práctica el arte de la autopromoción.

Muy hecho y con kétchup

Así le gusta la carne al presidente y así la pidió en su primera cena en Washington desde que es presidente. En la era Trump hasta el punto de cocción de sus filetes es motivo de controversia. Los medios han escrito decenas de artículos condenando su paladar, pero también sacando conclusiones de diván. "Una persona que camufla todo con kétchup es alguien que arregla sus problemas haciéndolos peores. Una persona que se niega a probar algo mejor es alguien que nunca mejorará las cosas", sentenciaba Eater, la popular web gastronómica.

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