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¡Gracias!

Anne Igartiburu

La reflexión semanal de Anne Igartiburu.

Escucho el canturreo alegre de la palabra "gracias", alargando la 'a' hasta un "aaaaaaaas" al final de la calle. Un sonido que inunda las paredes y que hace sonreír, sí o sí. Aunque sea por dentro, pero le deja a uno muy, pero que muy bien. Es lo que tiene la celebración de las pequeñas cosas. Y ya, cuando son importantes, el peso del agradecimiento se multiplica.

Mirar a alguien a los ojos y darle las gracias es el gesto más importante que podemos hacer para empezar a crear un vínculo enriquecedor y que puede romper cualquier barrera emocional. Ese pequeño gesto es algo casi cotidiano que, en forma de sonido, voz, y cómo no, palabra toma una dimensión de poder incalculable. Los gestos muestran una actitud que, rara vez, lleva al equívoco y deja ver, claramente, la energía que uno emana. Pequeños gestos que tienen que ver con amar lo que hacemos, amar a quien tenemos cerca, sea quien sea y haga lo que haga y sobre todo, amar lo que es en sí, cualquier acontecimiento que nos llegue.

Doy muchas veces las gracias. Las doy hasta a quien me saca de mi zona de confort

Así dicho, suena evidente, pero hay gestos, pequeñas palabras pronunciadas en depende qué circunstancias, que pueden cambiar no solo nuestra relación con todo lo que nos rodea, sino también y, más importante, con uno mismo. Sacando en cada ocasión, como si de un mantra se tratara, la mejor versión de nosotros mismos. Es como un sortilegio lleno de magia que nos eleva a un nivel de conciencia superior. Con esto no quiero decir que sea necesario ponerse a meditar 40 minutos mirando hacia una puesta de sol sentado sobre una esterilla de algodón puro, en soledad y quietud, para recuperar la esencia de uno mismo, que estaría genial. Quien lo practica sabe que es el mejor camino hacia la serenidad y felicidad.

Se trata de algo más simple. Todo es empezar y cada uno puede encontrar la manera de dedicarse un tiempo al sosiego continuado para recuperar el ‘eje’ de su paz interna. Yo me refiero a pequeños gestos diarios y cotidianos, hechos desde una clara convicción e intención de hacerlos. Esto último es importante para que esa 'pócima mágica' funcione. Practicar el agradecimiento es el mejor inicio hacia la felicidad plena.

Doy muchas veces las gracias. Las doy mucho, porque me parece una manera de mostrar respeto y consideración con hacia quien tengo delante, al otro lado del teléfono o teclado. Doy gracias hasta a quien me saca de mi zona de confort por mostrarme que cada uno tiene su forma de concebir el tiempo y las maneras de comunicarse. Me gusta ser agradecida, porque considero que es una forma de ejercer el pensamiento de que las cosas no llegan a uno porque sí. Por recordar que no se pueden dar las cosas por sentado y que, cuando menos te lo esperas, la vida da un giro desafortunado en el que aun así, deberemos dar las gracias.

Un «gracias» es un regalo que nos hacemos a nosotros mismos y un gesto de acercamiento hacia quien lo recibe. Cuesta muy poco, pero a veces se resiste, porque el ego intenta llevarnos hacia ese lado en el que solo hay soledad. Y precisamente de lo que se trata es de ser uno con los demás. Comencemos hoy a dar más gracias de las que damos para descubrir el efecto de una palabra tremendamente poderosa.

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