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Resurgir

Anne Igartiburu

Pasión y recogimiento en esta Semana Santa como siempre, que ha pasado mas rápido de lo que parece ser necesario en estas fechas. Demasiados acontecimientos, sucesos, noticias, cambios y llamadas de atención.

Dejando a un lado las connotaciones religiosas que tengan que ver con la fe verdadera y el compromiso de cada uno con esta conmemoración, me ha gustado sacar una conclusión más allá de un Viernes de Dolores o un Domingo de Ramos. Y es que, si uno quiere, puede encontrar maneras de aplicar tradiciones y costumbres cotidianas a prácticas que nos permitan avanzar en la senda del crecimiento personal.

Muerte y Resurrección como base para entender algo que, muchas veces, olvidamos. Es necesario que algo muera para que resurja con fuerza lo mejor de nosotros. Aquello que nos duele al desaparecer en nosotros tendrá un renacer que nos dará el impuso necesario para elevarnos hasta donde verdaderamente queramos. Incluso, deberemos hacer que muera lo que nos impide ver más allá, para buscar una mejor versión de nosotros mismos. No hay renacer sin muerte ni toma de conciencia.

No olvidemos que una cruz significa también encrucijada, una toma de decisiones

Y ello pasa por un análisis y reflexión honestos de quiénes somos, lo que deseamos y lo que estamos permitiendo por no ponernos a ello. Enfrentarse a esto es algo que requiere valentía y preguntas que le dejan a uno descolocado: ¿qué beneficio estoy obteniendo por seguir en ‘modo victima? Un modo que me permite quejarme sin hacer frente honestamente al obstáculo que, seguramente, yo mismo he colocado en el camino. Insisto: ¿qué estoy consiguiendo a cambio de la queja y la resignación? Utilizando el ejemplo de la Cruz, y con todos los respetos al símbolo que representa, voy a tomarlo para hacerte una propuesta. Porque no olvidemos que una cruz significa también encrucijada, toma de decisiones y optar hacia dónde queremos encaminar nuestros pasos.

El movimiento es importante en todo esto. La inmovilidad, el quedarse esperando a que las cosas sucedan no permite, ni tan siquiera, equivocarse. Tan triste como eso. Así que, pongámonos a ello. Volviendo a la cruz, marca en un papel una línea de arriba abajo con tus prioridades en la vida, aquellas que están pendientes, pequeños logros dejados atrás, pero que harían que esa vida tuviera sentido. Tómate tu tiempo para ello. Cuando lo tengas claro, conciso y, lo más concretamente escrito, cual lista de la compra en vertical, delimita otra línea de lado a lado con la fecha en la que te gustaría que se cumplieran.

Mira esa cruz y colócala delante de ti para preguntarte si verdaderamente es lo que deseas. Determina después qué o quién impide que sea una realidad. Qué te falta y cuál sería la mejor solución para arrancar a resurgir. Con la ayuda de qué o quién podrías hacerlo y, sobre todo, quién serás cuando lo hayas conseguido.

Cuando lo hagas, te darás cuenta de que un ejercicio tan sencillo e íntimo, puede acercarte un poco más a lo que deseas. Feliz Domingo de Resurrección y feliz nueva vida.


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