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Conciencia global

Anne Igartiburu

Una semana más, Anne Igartiburu nos ofrece su reflexión.

En plena era de toma de conciencia que nos mueve por dentro y empuja a promover actividades que hagan de este un mundo mejor, todavía estremece lo poco responsables que somos, muchas veces, con lo que sucede a nuestro alrededor. Se nos olvida que todo es uno y que está relacionado de manera global. No podemos pensar que «esa canción no va con nosotros» y dejar de bailar. Porque hacer oídos sordos y como que no vemos solo hará que esa verdad venga de vuelta, una y otra vez, hasta que se nos plante frente a frente para recordarnos lo que sucede y hacernos reaccionar.

No sé qué tiene que ocurrir para que nos demos cuenta, por ejemplo, de la responsabilidad que tenemos en la climatología y el calentamiento global, que causa, entre otras muchas cosas, la hambruna y la muerte de todo aquel que viva sobre esta tierra. No sé qué podemos hacer para que personas que son mandatarios de países importantes, como EE.UU., dejen de mirar para otro lado y nieguen la mayor en este y otros muchos asuntos. Un mundo que, sobre todo en su hemisferio sur, muere de hambre a causa de la sequía producida por esa subida de temperatura de nuestra Tierra, que dicho sea de paso, estamos elevando todos con un consumo energético descontrolado. Pero sí sé que hay algo que se llama consideración con quien tenemos alrededor o conciencia medioambiental.

Que ese es el único camino y que vamos ya algo tarde. Igual que mostramos y educamos a nuestros niños en la sensibilidad por los que viven en nuestro entorno más cercano o en lugares que ellos no saben aun ni que existen, así intentamos hacer lo mismo al respecto con nuestra Madre Tierra. Y lo hacemos en familia y colegios o en medios de comunicación, como en el programa de TVE Aquí la tierra, tan fantásticamente diseñado y presentado por Jacob Petrus y su equipo. Venimos de la tierra. De la tierra y su mar comemos y bebemos. Sobre ella dormimos y en ella reposan los restos de nuestros antepasados. Pero, ¿qué nos pasa? Tenemos nuestra casa recogida, nuestro despacho medianamente ordenado, nuestra cama impoluta, nuestro cuerpo mimado y ¿nos olvidamos de mirar un poco más allá? Como si no fuera nuestro... Como si ‘nuestro’ espacio fuera un territorio delimitado.

Y ya que hablamos de territorio y compromiso: el Día del refugiado nos indigna, lógicamente, no haber cumplido con nuestro compromiso de acogimiento a miles de personas que han sufrido frío hasta ahora, calor desde ya, y dolor en el alma desde que tuvieron que salir de su hogar sin otra alternativa. Salvando todas las distancias, por supuesto, debemos hacer lo mismo con una naturaleza que agoniza, que se quema, se seca, se queda huérfana de flora y fauna. Me pregunto qué tiene que pasar y cómo nos debemos organizar para que, de manera urgente, pongamos remedio a esta agonía. Qué otros tratados vamos a firmar sin cumplir y sin que a nadie parezca importarle y a quién le interesa que esto no sea relevante.

Es verdad que podemos hacer mucho los ciudadanos de a pie, reciclando, cuidando nuestro gasto energético y poniendo soluciones. Pero hay cosas que deben hacerse de manera más extensa e, incluso, mundial. Por encima de barreras, muros o fronteras. Esas que algunos intentan todavía imponer cuando la tierra arde o los niños agonizan en un exilio que no entienden y que nos impiden ver más allá de nuestros intereses individuales.


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