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Lolita Flores

cantante

La mirada es mi arma de seducción

Lolita Flores triunfa en el teatro y en la televisión: buen momento laboral para la hija de La Faraona.
Lolita Flores triunfa en el teatro y en la televisión: buen momento laboral para la hija de La Faraona. d.r.

Es una todoterreno dispuesta a conquistar con su arte cada cosa que hace. Actriz, cantante y presentadora, vive feliz con su nuevo programa en tve y la obra que protagoniza.

Vive entre aviones, trenes y hoteles; entre escenarios y platós; entre Barcelona, Madrid y el cielo. Acaba de regresar de Chile y Argentina, donde ha llevado al teatro 'La plaza del Diamante' —la obra que la consagró como actriz dramática—, para conquistar a la crítica con el estreno de 'Lolita tiene un plan', los lunes en La 1. Ahora está de gira con Prefiero que seamos amigos. Lolita no para. Y además, no quiere parar.

No es muy normal hacer una entrevista pasada la medianoche, pero con ella nada es normal, todo es excepcional. Además, es mujer nocturna. Atrás quedaron las noches eternas de güisqui y boleros de Moncho, pero las noches siguen regalándole el tiempo que necesita para calmar la energía que acumula a lo largo del día. Sin embargo, cuantas más cosas hace, más energía tiene: "A mí, estar parada me sienta muy mal. Se me hinchan los ojos, duermo fatal…".

Viendo el trabajo que tiene, queda claro que está espléndida. Pero, sobre todo, está serena. Y lo transmite. Los años se marcan en el rostro, pero brillan en el alma. Y el alma de Lolita es pura luz. Tal vez ahí se encuentre la respuesta a la duda que señaló Edu Soto en el primer programa de su nuevo espacio.

Corazón ¿Qué tiene Lolita que hace que la gente se sienta feliz al verla?

Lolita (Ríe) No lo sé… De verdad. Pero me hizo mucha ilusión que lo dijera. Es algo precioso. Mis amigos dicen que engancho, que conmigo dan ganas de más… Yo no sabría decir qué es, porque no tengo ninguna estrategia para conseguirlo. Lo único que ofrezco a la gente son mis verdades, mis sentimientos, mis emociones...

C. Y con todo eso, que podríamos resumir en una palabra, sinceridad, recibe a sus invitados… Pero Lolita tiene un plan es más una conversación que una entrevista.

L. Porque no soy periodista ni pretendo ejercer como tal. Acepté el proyecto porque la idea era ser yo misma. Hablar con libertad con los invitados y hacerles sentir como en casa, para charlar mientras cenan, beben...

C. ¿Y cuál es la clave?

L. Para conseguir que ellos se abran, la que tiene que abrirse primero soy yo: por eso muchas veces arranco un tema con una anécdota personal, porque entiendo que para recibir hay que dar.

C. ¿Por eso estaba a gusto?

L. ¡Si yo al principio estaba muy nerviosa! No sabía cómo afrontarlo. No quería ni verlo. Me daba miedo que me compararan con Bertín Osborne, al que quiero y admiro, al que adoro. Pero esto es otra cosa y no sabía si lo lograría. Mi reto era compartir mis experiencias y abrir corazones, intercambiar impresiones, charlar con amigos que deciden confesarse conmigo porque les sale.

C. El programa nos divirtió con un juego y nos emocionó con una sorpresa en forma de canciones...

L. Bueno, solo puedo decir que los juegos continúan en las demás entregas, pero las sorpresas serán muy distintas, viniendo de la mano de personas muy diferentes.

C. ¿Cómo son los tres programas restantes? ¿Qué invitados tiene?

L. ngo un plan con Luis del Olmo, Juan Luis Cano y Julia Otero en el que hablamos mucho de la radio y del periodismo. Tengo otro plan lleno de arte con Niña Pastori, José Mercé y Sara Baras. En ese cantamos y bailamos. José, incluso, se atreve a cantar en latín, recordando sus años de un coro. Hablamos de los grandes de este país, desde Lola Flores a Camarón, de Paco de Lucía a Alejandro Sanz. Solo puedo decir que acabamos descalzos… Por cierto, descalza empiezo con Iván Helguera, Juanma López Iturriaga y Julio Salinas y, por ir así, me hice daño en el pie al dar una patada a un balón… ¡Si es que lo mío no es el deporte! Pero con ellos hablamos de cosas muy interesantes, como la homosexualidad en un mundo tan machista como el fútbol.

Imagen de la primera entrega de 'Lolita tiene un plan', con Adriaga Ugarte, Cayetana Guillén Cuervo y Lola Herrera.
Imagen de la primera entrega de 'Lolita tiene un plan', con Adriaga Ugarte, Cayetana Guillén Cuervo y Lola Herrera.

C. Juguemos con el título del programa. ¿Tiene Lolita un plan en la vida?

L. No soy mujer de guiones. No me gustan. Me refiero a los esquemas que una se monta en la cabeza para construirse su futuro. A mí la vida me enseñó hace 22 años que los planes no sirven para nada, que basta un momento para cambiarlo todo de arriba abajo. La vida llega y te arrebata a tu madre y a tu hermano de golpe… He escarmentado y ya no me agobio. En todo caso, visualizo cómo me veo de mayor, cómo me gustaría estar, pero nada más.

C. La vi presentando N'o pierdas el compás' (Canal Sur y Aragón Televisión) metiéndole prisa a un concursante porque iba a perder el AVE… Le salió del alma. ¿No es un poco locura su vida

L. Lo es, pero no lo cambio por nada. Es la profesión que elegí hace 42 años. La que me ha dado todo, lo bueno y lo malo, la que te me ha ido moldeando. Cuando llevo mucho tiempo en casa tengo mono de hoteles, de viajar, de hacer cosas… Mi profesión es mi vida y no me gusta estar parada. Ya lo estuve un tiempo y lo pasé fatal. También estuve a punto de tirar la toalla cuando nadie llamaba, cuando estaba atrapada en un letargo. Pero todo pasa. Esa es la lección. La vida es una lucha en la que, al final, aprendes que puedes estar bien sola.

C. Decía Juan Oller, su director en 'La plaza del Diamante', que "Lolita no interpreta, encarna". Y usted le confesaba a Àngel Llàcer en TV3 que "vive los personajes desde las entrañas". En un drama debe resultar agotador.

L. Es mi método, no sé si es bueno o es malo, es lo que me sale. Busco en mi interior lo que me lleva a identificarme. No lo construyo, lo vivo. Es una búsqueda personal. Y sí, agota, porque se remueven muchas cosas dentro. Y, en este caso, porque quise vivirlo como un homenaje a mi padre, Antonio González, que vivía en el barrio barcelonés de Gràcia, que paseaba por la plaza del Diamante, que me llevaba de la mano por las mismas calles por las que Natalia, la Colometa, paseaba con el suyo. Yo acababa destrozada. Feliz, porque la experiencia de estar sola en el escenario es maravillosa, pero destrozada. Por eso quise cambiar, hacer una comedia, volver a reír. Prefiero que seamos amigos, porque me libero, me divierto… Quería darle un descanso a mis entrañas y esta obra ha sido un regalo.

Quiero apurar la vida al máximo, que no la voy a volver a vivir"

C. ¿Se parecen en algo el personaje y la actriz?

L. Claudia es una mujer de mi edad con la que tengo muchas cosas en común: es fuerte, clara, directa. Se ha enamorado de su mejor amigo, al que conoce desde hace cinco años. En eso no nos parecemos. Vamos, a mí si un hombre me gusta me lanzo, no tardo cinco años, eso lo tengo claro. Ella busca la seducción a la desesperada, por eso viste de rojo, enseñando pierna. Yo soy de seducir con la mirada. Es mi mejor arma.

C. Con Luis Mottola tiene mucha complicidad. Reflejan con humor una realidad, ese momento en el que, por edad, las mujeres parecen invisibles a los hombres.

L. Nos entendemos con una mirada. Me gusta decir que la obra es un canto a la esperanza. A partir de los 50, las mujeres pueden tener una segunda oportunidad o encontrar el amor. Hemos tenido una educación un poco carca, haciéndonos creer que una se casa, tiene hijos y que su vida gira en torno a eso. Y no. Una es mujer hasta el último día. Me lo enseñó mi madre con sus actos. Yo tengo 59 años y vivo como me siento, no dejo que sea la edad la que me imponga cómo vivir. Si estoy cansada, me acuesto; si estoy con fuerzas, salgo… No hay que echarle cuentas a la vida. La edad no te la dice el cuerpo, te la pones tú. ¡Si tienes 70 como si tienes 40! Solo conozco esta vida y la quiero apurar al máximo, que no la voy a volver a vivir. Y no se trata de tener más o menos, sino de saber aprovechar lo que se tiene, las pequeñas cosas. La felicidad a todas horas no existe, así que debemos apurarla cuando llega.

C. Ahora con los hijos ya criados...

L. No, no… Esa carga la tienes aunque sean mayores, que una no es madre para un ratito, sino para toda la vida. Te preocupas por ellos como de chicos. Incluso más, porque quieres ser su amiga, entender su mundo, y eso te obliga a estar atenta a lo que pasa...

C. Pero se sentirá más libre...

L. He tenido la misma libertad siempre. Nadie es libre del todo. No dejo que me impongan nada, pero tengo mis propios límites. Por ejemplo, ya no hago toples. No quiero que unas fotos le saquen los colores a mi hijo. Lo asumo.

Por mucho que uno se haga la promesa de no sacar en la conversación a Lola y a Antonio, Lolita los trae en cuanto tiene ocasión. Uno cree desde el otro lado que tal vez esté cansada de hablar de ellos, pero es solo una percepción. Y es errónea. Habla de ellos porque están con ella. No son para Lolita una ausencia, sino una presencia. Ella es quien es, entre otras cosas, por ellos. Como lo es por sus hijos. O por ella misma. Al fin y al cabo, como bien dice, es libre de elegir cómo ser y con quién. Estén o no estén ya aquí.

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