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¿Qué me cuentas?

Anne Igartiburu

La reflexión semanal de nuestra colaboradora.

No sé. No es siempre fácil hablar en público y aquel que se encuentra con la dificultad de tener que hacerlo tiene un problema que puede determinar, en la mayoría de las veces, gran parte de su futuro. Cuando tenemos que exponernos ante una audiencia para lanzar un mensaje, nuestro cuerpo y mente sufren unas alteraciones que necesitan ser identificadas, comprendidas y modificadas. No es lo mismo hablar ante amigos que homenajean a otro en su despedida, que en una sala de reuniones donde hay que defender un proyecto profesional o delante de miles de personas en un escenario para interpretar una obra teatral. Hay infinidad de ocasiones en las que nuestra cabeza puede quedarse en blanco, el corazón salir saltando a latidos por nuestra boca, que nuestras manos frías y húmedas nos delaten o nuestras piernas se bloqueen y no sepan a dónde llevarnos.

Todas estas reacciones son consecuencia y señal de que algo no está yendo bien y que lo que sentimos es una verdadera amenaza a la hora de exponernos en cuerpo y alma al gran reto de contar algo a quien tenemos delante. ¿Te sientes identificado con todo esto que cuento? Cuanto mayor sea la exposición, es decir, cuanto más importante sea aquello que te juegas en tu charla, mayor es la presión. Así que comienza por preguntarte si lo que te propones es de verdad importante y ponte en marcha para que, sí o sí, el objetivo de la misma sea en mayor o menor medida estimulante para ti. Si te plantas ante la audiencia con una actitud negativa, sabes bien que, como todo en la vida, aquello va a ser bastante desastroso.

Por tanto, busca a conciencia el motivo poderoso por el que estás ahí en ese preciso momento. Estoy convencida de que hay más de una razón verdaderamente emocionante que puede hacer que la visión de esa hazaña sea un aliciente. Y te propongo que pongas emoción en ello, porque, cuando descubras el poder que tienen las palabras desde tu propio convencimiento, utilizarás esa actitud de ahora en adelante siempre que necesites estar sereno y lanzarte al vacío con la oratoria sin sentirte juzgado.

Vive ese miedo con la certeza de que puedes hacerlo

Y tengo otra buena noticia: lo que tú estás a punto de contar en tu discurso solo lo domina alguien a la perfección, y esa persona eres tú. Y si no lo dominas a la perfección, ahí tiene la clave para que sea un éxito: prepararla. Todas –o la mayoría– las personas a las que vemos ejercer de ponentes en cualquier foro han pasado, en mayor o menor medida, por un proceso de elaboración de su presentación en público, porque saben que es fundamental para convencer a su audiencia.

Tú también puedes y debes hacerlo. ¿Cómo? Ten claro el mensaje y la estructura de tu discurso. Elige las palabras y prepárate un pequeño guion o líneas a seguir. No olvides las frases clave y los titulares que te permitirán llegar a tu público mirándoles a los ojos con seguridad. No te metas en ‘jardines’ de los que no vas a saber salir ni merecen la pena. Ensaya tu actuación previamente en casa ante amigos o personas de confianza si hace falta. Y selecciona el vestuario que va con el momento, optando por la comodidad ante la duda. Conoce la sala o el auditorio en el que vas a hablar con tiempo para evitar ese pánico escénico que puede ser demoledor.

Coloca tu material sin que haya nada que pueda entorpecer tus movimientos. Ten en la sala, si puedes, a alguien que te sirva de apoyo con la mirada. Si no lo tienes, búscalo para, sin abusar, poder tenerlo de referencia. Recuerda que hay una audiencia deseando saber de ti y que tienes una ocasión inmejorable para sacarle partido a ello. No importa que sea en un entorno competitivo y profesional o un ambiente informal y familiar: preséntate con actitud generosa, pero con liderazgo al mismo tiempo.

Y saca 15 minutos para hacer algún ejercicio de respiración previo a ese encuentro. Permítete disfrutar de algo que, en un principio, pinta muy atemorizante y vive ese miedo con la certeza de que tú puedes hacerlo. Porque quizá no lo sepas, pero te lo recuerdo: los humanos somos expertos en comunicarnos, aunque de pequeños nos asustara salir a la pizarra o leer en voz alta en el cole. Bienvenido al mundo de contar historias y compartir nuestra experiencia con los demás. ¿Empezamos?


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