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Síndrome postvacacional

No está considerado como una enfermedad en sí misma, pero lleva asociados una serie de síntomas para los que damos unos consejos que le ayudarán a prevenirlos.

La vuelta al trabajo, más que un simple 'dolor de cabeza'.
La vuelta al trabajo, más que un simple 'dolor de cabeza'. agencias.

¿"uién no ha deseado que se le tragara la tierra el primer día de trabajo después de las vacaciones? El famoso, en los últimos años, síndrome postvacacional nos acecha desde la silla del jefe en el trabajo o en el atasco matutino. ¿Antiguamente no existiría? Pues parece ser que no. Claro está que, dependiendo del periodo de tiempo del que hablemos, a lo mejor tampoco había vacaciones o bien no se valoraba adecuadamente. En cualquier caso, parece tener bastante relación con la vida moderna.

Cuando se fracasa en la adaptación a la vida activa después del periodo vacacional es cuando se produce este síndrome y, aunque no se considera una enfermedad, puede afectar al bienestar y la calidad de vida de una persona.

Este trastorno nos puede producir síntomas muy molestos, como cansancio, debilidad, falta de sueño, falta de concentración y somnolencia a lo largo del día... Incluso, podemos sufrir somatizaciones, sobre todo niños en edad escolar con miedo a volver a las clases, en los que pueden darse náuseas, vómitos, sudoración, dolores difusos, pérdida de apetito...

Es frecuente que provoque síntomas psicológicos como la depresión o la ansiedad

También son frecuentes los síntomas de tipo psicológicos, como la depresión o la ansiedad, que nos pueden afectar en nuestro trabajo, haciéndolo difícil de realizar e, incluso, pudiendo llegar a bloquearnos o a tener dificultad en la toma de decisiones. Según diferentes estudios, afecta a más de un tercio de la población de nuestro país, pero podría afectar a más gente. En líneas generales, su duración es de unas dos semanas –tiempo que tardamos en adaptarnos a la nueva rutina–.

Predisposición

Hay colectivos predispuestos a tener este síndrome. Por ejemplo, aquellos con un entorno laboral hostil, con un jefe difícil o bien con un trabajo monótono y poco motivante. También están más expuestos aquellos con horarios intempestivos. En otros casos, como dice un buen amigo mío: "Los autónomos no tenemos tiempo de tener síndrome postvacacional".

Además, una vez incorporados al trabajo, la ansiedad o la depresión pueden acentuar un círculo vicioso, bajando nuestro rendimiento y haciendo que cada vez se nos acumulen más tareas encima de la mesa.

¿Cómo prevenir?

Lo primero que tenemos que hacer es procurar planificar bien las vacaciones. Se ha comprobado que es mejor dividirlas en dos o tres periodos a lo largo del año que coger todas seguidas. También es recomendable realizar un descanso activo, caminando, haciendo deporte o planificando actividades para evitar el sedentarismo. Es bueno realizar una alimentación sana y procurar engordar lo mínimo respecto a nuestro peso normal durante ese periodo de descanso.

Además, la relajación del periodo vacacional es un momento idóneo para reflexionar y planificar para el futuro. Unos planes que se pueden poner en práctica a la vuelta de esas vacaciones. Así mismo es recomendable no volver el día antes. Es mejor regresar con un periodo razonable de tiempo para poder adaptarnos mejor a la nueva etapa de trabajo y, si es posible, no volver un lunes, ya que así la semana se nos hará más corta.

Soluciones

Una vez que padecemos los síntomas, debemos buscar un remedio. Es fundamental procurar dormir lo suficiente y regularizar los horarios de las comidas. Esto nos permitirá tener unas ideas más claras, normalizar los ritmos de nuestro reloj interno y adaptarnos a madrugar y trabajar con más facilidad. Tenemos que intentar organizar y priorizar el trabajo y las tareas que se nos han acumulado durante las vacaciones, realizando primero los que más prisa corre o los que sea más importante.

Es fundamental buscar alguna motivación dentro del trabajo. Si no la encontramos, al menos pensar que trabajar nos permitirá tener los recursos económicos para volver a irnos. También tendremos la oportunidad de rencontrarnos con compañeros de trabajo con los que tengamos buena relación o, incluso, seamos amigos.

En definitiva, debemos tratar de reincorporarnos al trabajo con una mente positiva. Realizar una alimentación sana y una actividad física regular –por ejemplo caminar– nos puede ayudar a regularizar y normalizar nuestros ritmos internos progresivamente. La práctica de la meditación o las técnicas de relajación pueden ser también de ayuda. En caso necesario, podemos contactar con un profesional que nos aconseje e, incluso, paute una medicación para que superarlo sea más sencillo.

Aproveche al máximo sus vacaciones, que son como un oasis donde podrá beber, descansar y retomar fuerzas para el resto del año. Si lo hace con inteligencia y planificación, su salud y la de los suyos se lo agradecerá.

Tres consejos

  1. Procure repartir las vacaciones en varios bloques a lo largo del año. Así alterará en menor medida sus rutinas y su trabajo.
  2. Realice un descanso activo durante las vacaciones: no descuide el ejercicio ni la alimentación sana.
  3. Vuelva al trabajo con una mente positiva. Busque una motivación y vuelva a relacionarse con sus compañeros.

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