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Anita Delgado, una vida de cuento

Pasó de la nada a convertirse en princesa y esposa de un marajá. Su vida concita aun la curiosidad de muchos que ven en ella a un personaje más cercano a la novela que a la realidad.

Anita Delgado en una imagen de archivo.
Anita Delgado en una imagen de archivo. getty images.

Hay vidas que parecen ficción. La de Anita Delgado fue una de ellas. La historia de esta cupletista convertida en princesa india reúne lo mejor de los cuentos: el lujo, el exotismo, las pasiones… Pero, también, una parte oscura de traiciones, mentiras y escándalos.

Ambas caras conforman el relato fascinante de una vida irrepetible que, años después de apagarse, ha vuelto a la luz de la mano del escritor Javier Moro, que se inspiró en ella para 'La pasión india', y de su nieta, la periodista Maha Akhtar, autora de 'La nieta de la Maharaní'. Ambos coincidieron en un encuentro organizado por el Círculo de Orellana, en el Instituto Cervantes, dentro de un ciclo dedicado a las Mujeres por descubrir. A pesar de los libros dedicados a su fascinante aventura, Anita sigue siendo una figura rodeada de misterios…

Su destino

Malagueña con sangre de artista, actuaba en el Kursaal de Madrid y era musa de los círculos intelectuales frecuentados por Romero de Torres o Valle Inclán. Durante los fastos de la boda de Alfonso XIII, se cruzó en la vida del Marajá de Kapurthala, que quedó prendado de sus encantos y, sobre todo, de su negativa a caer rendida a sus pies. Se inició así un romance de ensueño que la llevó al altar a lomos de un elefante cubierto de joyas.

"Pero Anita no eligió su destino, le fue impuesto", reconoce Javier Moro, "porque ella no estaba enamorada, pero quiso salvar a su familia de la ruina. Con el tiempo aprendió a querer al marajá y, sobre todo, a conquistar su libertad. No hay que olvidar que estaba en una jaula dorada, con todos en contra: las cuatro esposas del harén, por su acuerdo matrimonial de convivencia; los ingleses, por clasistas al ver en ella a una plebeya, y a los indios, por castistas, que no perdonaban su origen humilde. Aquella mujer era una piedra en el zapato del imperio británico y en una India que ansiaba la independencia".

Ese lado oscuro del cuento le costó mucho sufrimiento, pero no se rindió: "Realizaba largos viajes, tuvo un hijo, buscó la libertad en un mundo que la marginaba", insiste el autor. "Además, fue muy valiente aprendiendo a desenvolverse, siendo muy joven –18 años–, en un país de costumbres tan distintas a las suyas y, encima, en la corte del marajá".

La verdad de la abuela

Javier y Maha se conocieron después de escribir La pasión india, pero la historia de la nieta se centra más en su padre que en Anita. "Yo no supe de ella hasta la muerte de mi madre, que me confesó en su lecho de muerte la verdad de mi abuela", ha reconocido siempre Maha, que tiene el título de princesa, "aunque sea una princesa que se levanta a las siete de la mañana para pasear al perro por Nueva York".

Bailaora, periodista, mujer de mundo vio cómo su madre fue maltratada por el hombre al que su padre ‘contrató’ para que ejerciera un papel que nunca cumplió. Ella creyó durante años que su madre la había abandonado al dejarla en un internado, luego entendió que lo hizo para protegerla: "Escribí 'La princesa perdida' para pedirle perdón por todo lo que pensé de ella y para reivindicar la fuerza de las madres, de las mujeres", confesó a 'ABC'.

Como buena periodista, puso en marcha toda su curiosidad para investigar. "La mía también fue exhaustiva", añade Javier, que tras conocer la versión de Maha, "no cambia en absoluto la mía en 'La pasión india'". En cierto modo, las vidas de Anita y Zahra, la mujer que tuvo una hija con su hijo Ajit, son la cara y la cruz de una Cenicienta que vivió una experiencia única, pero pagó un alto precio por ello.

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