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La vida discreta de don Juan Carlos

Almudena Martínez-Fornés

Desde que abdicara ha sabido retirarse a un segundo plano para que su hijo, el Rey Felipe VI, sea el que tenga el protagonismo y para no restarle mando.

No es fácil dejar de ser el Rey; menos aun cuando uno lo ha sido durante 38 años y medio. Sin embargo, don Juan Carlos tenía muy claro que, en cuanto abdicara, se pondría a disposición de su hijo y su vida cambiaría radicalmente. Desde entonces, han pasado dos años y cuatro meses en los que don Felipe le ha encargado que le representara en 43 actos y viajes.

En este tiempo, a petición del Gobierno español, don Juan Carlos ha cruzado diez veces el océano Atlántico, la mayoría para asistir a las tomas de posesión de presidentes iberoamericanos, pero también para representar a España en actos como la inauguración del Canal de Panamá o la firma de los fallidos acuerdos de paz en Colombia. Unos encargos que, a sus 78 años, el Rey padre ha cumplido disciplinadamente, fueran de su agrado o no.

Don Juan Carlos siempre ha cumplido escrupulosamente sus funciones institucionales. Era en el terreno privado donde le gustaba saltarse de vez en cuando las normas, y eso le pasó factura. Pero ahora está viviendo una nueva etapa en la que trata de llevar una vida discreta. Sabe que la Corona es un barco en el que viajan todos, y lo que uno haga afecta a los demás, para bien o para mal.

Una de las características de esta nueva etapa es que ha bajado considerablemente el número de noticias incómodas para la Familia Real, entre otras razones porque don Felipe y doña Letizia procuran no alimentarlas, aunque aun queda la traca final del caso Nóos, heredado de tiempos pasados.

Don Juan Carlos sigue siendo el objetivo de determinada prensa hostil

Mientras tanto, don Juan Carlos sigue siendo el objetivo de determinada prensa hostil, que le atribuye sin prueba algunas nuevas amistades femeninas o, lo que es peor, comportamientos censurables. Sabedores de que el Palacio de la Zarzuela no desmiente las noticias falsas, un medio publicó y otros se apresuraron a difundir que don Juan Carlos había ofrecido dos millones de euros a Manos Limpias para que retirara la acusación contra la Infanta Cristina.

Ningún periodista de los que lo publicaron cayó en la cuenta de que el supuesto intermediario de la propuesta, el marqués de Mondéjar, Nicolás Cotoner y Cotoner, había fallecido 20 años antes. Ni les llamó la atención que la misma organización que pidió tres millones al abogado de la Infanta, Miquel Roca, a cambio de retirar la acusación, rechazara ahora, supuestamente, dos millones por hacer lo mismo. Ninguno de esos periodistas se percató de que la información procedía de una grabación en la que solo una persona salía bien parada: la abogada Virginia López Negrete, que precisamente ese día tenía que declarar ante el juez por presuntas extorsiones.

Esa prensa hostil tampoco quiere ver el acercamiento de don Juan Carlos hacia doña Sofía, y no solo en la vida oficial, sino también en los momentos privados, como se pudo ver este verano durante su estancia en Mallorca o, más recientemente, cuando visitaron juntos a su hija doña Elena en la clínica donde le operaron la muñeca tras haberse caído del caballo. Y es que eso, aunque sea cierto, no es escandaloso.