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¿Quién dijo que no se trabaja los fines de semana?

Después de tantos actos y viajes encajados como un puzle, el Rey volverá de América al mediodía de este domingo 30, a tiempo para firmar el importante real decreto que le espera en la mesa de su despacho y también para asistir a los aniversarios de su hija mayor, la Princesa de Asturias, que cumple 11 años este 31 de octubre, y de su madre, la Reina Sofía, que cumplirá 78 el 2 de noviembre. Como don Felipe regresa de Cartagena de Indias (Colombia), donde la diferencia horaria es de siete horas en verano, el cambio al horario del invierno español le reducirá en una el inevitable jet lag.

Octubre terminará con un balance de actividad que debería borrar la falsa creencia de que los Reyes, especialmente la Reina, no trabajan los fines de semana. De hecho, don Felipe finalizará el mes con un festivo y tres fines de semana de trabajo consecutivos, y doña Letizia con una fiesta y dos sábados. Es verdad que la Reina es una defensora de la conciliación de la vida personal y laboral, y que incluso ha adelantado ligeramente el horario de las cenas oficiales para hacerlo más racional, pero hay muchos actos institucionales que inevitablemente tienen que celebrarse de noche o en festivo.

La Reina Letizia está marcando un perfil diferente

Así ha ocurrido este mes. A la Fiesta Nacional del 12 de octubre le siguió la entrega de los galardones de la editorial Planeta la noche del sábado 15 en Barcelona y el pasado fin de semana, fueron los premios Princesa de Asturias, primero en Oviedo y al día siguiente, en la comarca de Los Oscos. Finalmente, al Rey también le esperaba la Cumbre Iberoamericana en Cartagena de Indias, una reunión de jefes de Estado a la que doña Letizia no suele acudir. Antes, en tiempos de doña Sofía, el país anfitrión solía organizar un programa social y cultural paralelo para las primeras damas, al que también se apuntaba algún consorte masculino, pero eso ya forma parte del pasado.

La Reina está marcando un perfil diferente. En el mes que ahora termina, Doña Letizia ha roto el guion establecido en dos ocasiones. La primera vez, en el Día de la Banderita, cuando abandonó la mesa de Cruz Roja que presidía para pedir hucha en mano un donativo a los periodistas. "Venga, aflojad", les dijo sonriente. Y la segunda vez, la pasada semana en el madrileño barrio de Entrevías, uno de los más golpeados por la crisis, cuando se bajó del coche antes de llegar a su destino, la Confederación de Salud Mental, para recorrer a pie el último tramo y saludar a los vecinos que aguardaban su llegada en las calles del barrio.

Aunque doña Letizia aun está definiendo su perfil propio como consorte, lo que transmite es que cada vez se mueve con mayor seguridad y confianza. Y por eso se permite cierta espontaneidad, algo muy de agradecer en unos actos institucionales que suelen resultar demasiado protocolarios y encorsetados.