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El regreso de don Juan Carlos

Desde que abdicó no se le había visto en público con tanta frecuencia como en el último mes.

Hacía mucho tiempo que don Juan Carlos no asistía a ocho actos públicos en un mes, como ha ocurrido en las últimas semanas. En realidad, desde que abdicó, no se le había visto con tanta frecuencia como ahora. Si entonces dio voluntariamente un paso atrás para dejar todo el protagonismo a su hijo, ahora ha sido don Felipe quien ha querido que su padre tuviera una mayor proyección pública. No olvidemos que los miembros de la Familia Real solo pueden desempeñar las actividades institucionales que les encarga el Rey o, en determinados casos, el Gobierno.

Ambas decisiones tenían sentido. Por un lado, al principio del reinado era necesario que don Juan Carlos se retirara de la escena pública y dejara el terreno libre al nuevo Rey, algo que ocurre en todas las monarquías cuando se produce un relevo por abdicación, y no por el fallecimiento del monarca. Además, en este caso había una serie de dificultades añadidas.

Para empezar, los españoles tenían que acostumbrarse a un nuevo Rey después de un reinado muy largo, casi 39 años, con el anterior. A ello había que sumar las circunstancias históricas que dieron brillo al reinado de don Juan Carlos, en las que se restauraron la monarquía y la democracia en España y el Rey frenó un golpe de estado. Y un tercer elemento a tener en cuenta era la extraordinaria personalidad de don Juan Carlos, con su faceta campechana y bromista, pero también su genio.

Un ejemplo de cómo era –y sigue siendo– fue la broma que ideó cuando estaba ingresado en el hospital la víspera de ser sometido a la última operación de cadera. Don Juan Carlos consideraba que el jefe del servicio médico de La Zarzuela era "muy serio" y cuando éste pasó a la habitación a ver al paciente se lo encontró con la frente llena de Betadine y tiritas y el brazo en cabestrillo. "Me he caído", le dijo el Rey. El médico se llevó un susto enorme que afortunadamente duró poco, en cuanto se descubrió que todo había sido una broma. Pero, además de sentido del humor, don Juan Carlos ha tenido siempre genio, como demostró cuando espetó el famoso "¿Por qué no te callas?" al entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez.

Don Felipe también tiene sentido del humor, pero es más analítico

Don Felipe también tiene sentido del humor, pero este es más analítico y reservado. Suele emplearlo para romper el hielo, relajar el ambiente, apostillar una conversación o esquivar un asunto incómodo. Pero lo que no tiene es genio o, al menos, hasta ahora no lo ha mostrado ni en público ni entre sus colaboradores más cercanos, según aseguran. Cuando algo no sale como le gustaría, le basta con dirigir una mirada fría como el hielo que todo el mundo entiende. Un gesto mucho más sutil que los enfados pasajeros de su padre.

El aumento de la visibilidad pública de don Juan Carlos empezó de forma progresiva. Lo habitual era que el padre del Rey asistiera a un acto cada mes, como ocurrió hasta el pasado mes de febrero. En marzo ya fueron dos actos, en abril tres y en mayo cinco, aparte de la Primera Comunión de su nieta la Infanta Sofía, que al tratarse de una ceremonia familiar queda excluida de la agenda oficial.

Pero el acto más importante llegó a primeros de junio, cuando los dos Reyes, padre e hijo, anunciaron que asistirían juntos en Marín al 300 aniversario de la Real Compañía de Guardiamarinas, en la que ambos se formaron durante su juventud. Ese acto se celebró el pasado viernes 2, el mismo día que se cumplían tres años de que don Juan Carlos anunciara su deseo de abdicar, que se hizo efectivo dos semanas después. Además, esa misma semana, don Felipe y don Juan Carlos presidieron juntos otro acto de la Fundación de innovación tecnológica, Cotec.

Uno de los efectos colaterales de esa mayor presencia pública de don Juan Carlos es que ha permitido confirmar su buena sintonía con su esposa, doña Sofía. Pero la reaparición del Rey padre, que el próximo mes de enero cumplirá 80 años, también le está ayudando a él a su vez a reconstruir la buena imagen que se forjó en los primeros 30 años de reinado, cuando se ganó el respeto y el cariño de los españoles.


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