Perdonen que vuelva sobre el asunto, pero el debate está en la sociedad porque a muchos no les entra en la cabeza que “piratear” el trabajo ajeno debe ser delito y se han puesto de uñas ante la nueva legislación que cortará el acceso a internet a quienes se descarguen contenidos sin previo pago. Y no se me ocurre mejor manera que explicarles cómo se escribe una novela o cómo las escribo yo.

Primero, el tema te encuentra a ti: una palabra, un suceso, un recuerdo... siempre hay un detonante. La segunda es la búsqueda de documentación, tarea ardua que lleva tiempo y dedicación. Y por fin la tercera parte: meses, años escribiendo, perfilando personajes, imaginando situaciones... Un escritor no tiene vacaciones. Cuando te sientas a escribir lo haces de continuo, sin mirar el día o la hora, hasta poner el punto final. Y entre medias el vértigo que produce el folio en blanco, los momentos en que relees lo escrito y das marcha atrás, las noches en que no duermes porque estás embebida en la historia, ésa que otros días parece atascada en algún lugar recóndito del cerebro. Y así pasan los meses. Hasta que llega a los lectores.

Imagino que lo mismo les sucede a quienes escriben una canción, un guión o una serie de televisión. O a quienes ponen voz a esa canción o interpretan un libreto. Ese esfuerzo para crear no es mayor ni menor que ejercer la abogacía o limpiar la vía pública. Cada trabajo tiene detrás a un ser humano que merece recibir una retribución. Así que esa pretensión de que la cultura tiene que ser gratis total es la quintaesencia de la sinrazón, el egoísmo y la falta de respeto hacia el trabajo de los otros.

No me cansaré de repetir que “bajarse” de internet una película sin pagar es como ir a una tienda y robarla. Igual que una canción o un libro. Por eso las grandes editoriales están negociando acuerdos con los “mandamases” de los servidores de internet para evitar que el trabajo de los escritores termine siendo pasto de los piratas, como ha pasado con la música o el cine. En marzo llegará a las librerías mi nueva novela. Durante dos largos años y medio he trabajado sin descanso en ella. Pueden imaginar la indignación que me produciría que ese trabajo tuviera la valoración de gratis total. Y no sólo porque pago el recibo de la luz y tengo la mala costumbre de comer. Es que mi trabajo se merece, como el del resto, una retribución. Y es evidente que si una novela se puede “bajar” gratis en la red, el trabajo está siendo pisoteado.

P. D.: Sólo les pido a los piratas que piensen por un momento en qué sucedería si los demás consideráramos que su “trabajo”, el que hagan, debe de ser gratis total. Seguro que no les gustaría. ¿A qué no? Pues a quienes escriben, cantan, interpretan y crean tampoco nos gusta.

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