Guapos, ricos y compenetrados. No hay mito más arraigado que el de la unión ideal, capaz incluso, de generar beneficios. El amor perfecto es un valor en alza pero, ¿viven sus protagonistas felices para siempre?

Lo tienen todo, nos decimos, contemplando las innumerables fotos de Brad y Angelina: amor, pasión, complicidad, juventud, belleza... Nuestra época ha sacralizado hasta tal punto el amor romántico que las estrellas ocupan el centro de la escena no por su talento, su poder o su elevada cotización en el mundo del espectáculo: acabamos creyendo que están ahí porque son amantes, los héroes de una fantasía moderna que colma todas las expectativas sobre nuestra idea del amor. Y que, como en los mitos, ha triunfado sobre el abandono, el poder y un pasado oscuro. "La gente observa a las 'celebrities' de una forma muy personal. Los modelos y los ídolos no terminan con la adolescencia. La gente famosa es considerada y tratada en nuestra sociedad como iconos religiosos”, asegura Cooper Lawrence, psicóloga y autora de 'El culto a la celebridad' (sin publicar en España).

Y a estos dioses de nuestro Olimpo les encanta últimamente acarrear pequeñas tribus de bebés: los valores familiares son más 'chic' que nunca. Familias multirraciales, reconstituidas, adoptadas o biológicas. La exhibición de amor paternofilial completa los atributos de la estrella, es una prolongación del espectáculo. Y extasiados, nos repetimos: qué suerte, pueden con todo... Hasta que un día, la nube de azúcar se desploma, sin más. "Hemos decidido seguir caminos diferentes tras siete años de felicidad y amor completos", rezaba el comunicado de la modelo Heidi Klum el pasado 23 de enero anunciando su divorcio del cantante Seal. Pero, ¿y todos esos disfraces de Halloween y esas ceremonias matrimoniales para celebrar su aniversario? ¿Y todos esos niños, todavía tan pequeños? Siete años: el doble de lo que suele tardar en llegar la primera crisis a las parejas actuales, y casi el triple de lo que duran los matrimonios en Hollywood. "Olvidan que un matrimonio no es una película y que un compromiso a largo plazo requiere dedicación y atención", afirma la experta matrimonial Andrea Syrtash, en el Huffington Post. "Tienen dinero, pueden hacer realidad sus caprichos sin sufrir las consecuencias, pero, sobre todo, están al alcance de otros famosos", explica Cooper Lawrence. Dos egos en lucha por atraer la atención no es la mejor base para una relación duradera. Las declaraciones públicas de amor, la exhibición romántica, son una parte más de la fantasía narcisista.

¿AMOR VERDADERO?

¿Fue la infidelidad lo que llevó a Heidi Klum tan repentinamente al divorcio? ¿Las largas separaciones de Seal? Algunos hablan del desmedido egoísmo del cantante y de una supuesta crisis de los 40: se desentendió de Heidi y de los niños. Pero, según relata la psicóloga Jane Greer en su blog del Huffington Post parece que fue algo más sórdido lo que distanció a la modelo del cantante: sus ataques de ira. Seal tiene graves dificultades para controlar "un temperamento volcánico". "Heidi ha vivido un infierno", declaran en su entorno, según Greer. La modelo llegó al límite cuando vio que ese volcán afectaba a los niños. Ninguno de los dos se ha quitado todavía el anillo de casados. Después de todo, puede que su amor fuera sincero. Pero, como en la realidad, hay cosas que no son posibles.

Por eso, los rumores de desavenencias entre Brad Pitt y Angelina Jolie no cesan. Si hay un entretenimiento mayor que el de admirar sus arrumacos es el de esperar a que se separen. Cuesta creer que semejante familia pueda funcionar entre tanto aeropuerto, campo de refugiados y festival de cine. ¿De verdad no hay cabos sueltos bajo esa exhibición de amor, complicidad y paciencia? "Sigo siendo una chica mala, he hecho las peores cosas que la gente pueda imaginar", declaraba la actriz hace unas semanas en una entrevista en la televisión norteamericana. "He pasado periodos muy negros, pero he sobrevivido. No he muerto joven. He tenido mucha suerte. Ahora todo está bajo control, la chica mala solo pertenece a Brad”. El público contiene la respiración: una infancia de abandono, una adolescencia de drogas, incesto y bisexualidad, automutilación y visitas al psiquiátrico convierten a esta mujer en una bomba de relojería. El amor puede curar el afán de autodestrucción y la falta de autoestima pero, ¿ha cicatrizado de verdad sus heridas la chica mala?

El afán de la actriz por reunir niños (procreándolos o localizándolos aquí y allá como una especie de madre todopoderosa) parece una búsqueda de la familia que nunca tuvo: no sabemos quién los cuida, ni cómo (nada fácil por más que uno los adore), pero esas fotos en hoteles o tiendas de moda, cuando van todos en fila, agarrados de su mano, convierten probablemente ese vacío familiar que 'la chica mala' lleva dentro en algo vivo y real. Necesita los ojos del mundo para confirmarlo. Una vez más, en la exhibición está la clave.

"Las razones por las que una pareja se ama son en gran parte un enigma", escribe la psicóloga Isabel Menéndez en su libro 'La construcción del amor' (Ed. Espasa Calpe). "La idea de encontrar en el otro un ideal que nos complete y al que podamos satisfacer totalmente es una fantasía irrealizable", concluye. Podemos idealizar al otro para reparar nuestros conflictos y así creer que solventaremos nuestros fallos. Pero el amor requiere una elaboración cotidiana. "Es un trabajo que no acaba nunca, porque sus formas cambian, como nosotros a lo largo de la vida", añade Menéndez.

Quizá es la actriz Demi Moore, tras su separación de Ashton Kutcher, la que expresó de forma más franca esa quiebra entre la realidad de los sentimientos y la exhibición de la alfombra roja: "No es posible crecer si no encuentras la manera de quererte", le cuenta a la actriz Amanda de Cadenet en la revista Harper’s Bazaar. "Lo que me asusta es descubrir, al final de mi vida, que no soy digna de ser amada, que hay algo malo en mí". Demi Moore cumplirá 50 años en noviembre. Con 45 se convirtió en la imagen de Helena Rubinstein y alcanzó la categoría de prodigio por su espectacular desafío al paso del tiempo, su delgadez, su frescura, su idílica relación con su ex, Bruce Willis, y su matrimonio con un astro ascendente de Hollywood, guapo e irreverente, 16 años más joven, Ashton Kutcher. En las entrevistas, Demi decía cosas como: "Uno se mantiene joven si quiere" o "la belleza y la juventud son una cuestión de voluntad". El pasado noviembre anunció su separación de Kutcher tras descubrir que le era infiel. Y hace 15 días, esquelética y exhausta, ingresó en un elitista centro de rehabilitación de Utah, tras perder el conocimiento en su casa de Los Ángeles. Demi había dejado de comer, se había vuelto adicta a las bebidas energéticas y vivía obsesionada con recuperar a su exmarido, al que le había permitido, según algunos cronistas de Hollywood, que metiera a sus amantes en su cama.

EL VÉRTIGO DEL ABANDONO

Y donde acaba la perfección empieza el miedo: el de una mujer al borde de la madurez que, a pesar de las apariencias, nunca aceptó su edad. "Siempre he tenido una relación de amor-odio con mi cuerpo –confiesa en Harper’s Bazaar–. Me indignaba cuando no podía adelgazar. Ahora me valoro más como mujer. He aprendido que lo importante es no dejar que tus heridas te conviertan en alguien que no eres".

El padre de Demi abandonó a su madre dos meses después de la boda, cuando estaba embarazada. En su infancia, la actriz se mudó 40 veces de casa. Tanto su padrastro como su madre eran alcohólicos y se pegaban cuando estaban borrachos. A los 16 años Demi abandonó la escuela para convertirse en actriz y se convirtió en la primera mujer que ganó 10 millones de dólares por película. Tenía el poder, el dinero, la belleza, pero la realidad es que uno no envejece si quiere, envejece sin más. Es lo que todos sabemos desde el principio. O deberíamos saber.

¿Eran sus constantes mensajes de amor en Twitter, las fotos de su cuerpo en la intimidad de su cuarto de baño, la constante conversación digital con Kutcher, la manera de convencerse de que aquella relación era real y que aquella mujer, de verdad, era ella?

Mostrarse, hacer las cosas para que otros las vean, las compren, las consuman: esa es la sustancia del espectáculo, del negocio, de la máquina que mueve el mundo. Exactamente lo opuesto a la intimidad de un verdadero intercambio afectivo.

EPIDEMIA DE RUPTURAS  

Primero fueron Jennifer López y Mark Anthony. Más tarde, Katy Perry y Russell Brand, Demi Moore y Ashton Kutcher y Heidi Klum y Seal. Ahora parece que también se ciernen las sombras de la ruptura sobre Gwen Stefani y su marido, el cantante Gavin Rossdale, y Johnny Depp y Vanessa Paradis. Según los cronistas de Hollywood, 2012 es el año de las 'super-rupturas' de 'super-parejas'. Todas ellas tienen en común haberse sobrepuesto a un pasado oscuro de drogas, abandono emocional y fracasos sentimentales en serie; haber creado familias modélicas; llevar más de cinco años juntos y utilizar Twitter y Facebook para contar sus andanzas o declararse su amor. En realidad, este año es como cualquier otro año, solo que en un clima de omnipresente crisis, estos conflictos públicos nos ayudan a pensar que los sinsabores de la vida y de la pareja son cosa de todos y nos sentimos un poco más como ellos... ¡Pobres de nosotros!

¿LA FAMILIA IDEAL?

Ashton Kutcher se convirtió en el hombre ideal al formar con Demi una familia en la que el exmarido era bienvenido y los hijos ajenos, amados como propios. Depp nos convenció de lo perfecto de criar a sus hijos lejos del ajetreo hollywoodiense; y Heidi y Seal le dieron alas a las familias de muchos hijos. Su felicidad escondía tormentosos pasados, inseguridades y conflictos.

AMOR Y CELEBRIDAD EN LA ERA 2.0

Internet ha agudizado el culto a la fama. Según la psicóloga Cooper Lawrence, "los fans se vinculan de forma muy profunda a famosos a los que no conocen por la misma razón por la que alguien piensa que ha encontrado el amor de su vida en una página de citas virtuales". Seguir las andanzas de personas a las que nunca se ha visto promueven la ilusión de que se puede, de verdad, desarrollar una relación con una celebridad. La gente confunde el tener un montón de información sobre ellas con una intimidad genuina y real.

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