Mick Jagger y Marsha Hunt: un poco de amor y una larga vida de resentimiento

  • Durante unos meses Marsha Hunt fue su musa negra. Luego, la madre de su primera hija, Karis. El líder de los 'Rolling', Mick Jagger, las abandonó. Su historia se escribió con sexo, drogas, juicios y un intento de suicidio.

Julio de 1969. Más de 200.000 personas se reúnen en Hyde Park, Londres, convocados por los Rolling Stones. Rinden un homenaje multitudinario a su guitarrista, Brian Jones, encontrado muerto en su casa días antes. Cerca del escenario, separadas por unos metros, las dos amantes de Mick Jagger: Marianne Faithfull y Marsha Hunt, su capricho de verano.

Los que le rodeaban conocen el doble juego del monarca británico del rock. También Marianne, que tiene que soportar la humillación pública que supone la canción con la que los 'Rolling' abren el concierto: 'I’m yours and I’m hers' ('Soy tuyo y de ella').

Quizá Jagger imaginaba a Hunt como otro de sus divertimentos clásicos: entusiasmo romántico inicial, con largas sesiones de sexo y drogas, y una fecha de caducidad próxima, determinada por su tendencia al aburrimiento y el cambio. Sin embargo, la actriz y cantante negra, que viajó de EE. UU. a Londres en 1966 y que logró la notoriedad gracias a su papel protagonista en la obra teatral Hair, llegó a ser mucho más para él: una pesadilla que se prolongaría durante décadas y que tendría a Karis, la hija de ambos, en el centro de una larga batalla legal y económica.

En estos últimos años, el rencor parecía olvidado. Hubo aproximaciones, incluso se estableció una relación de cierta cordialidad, pero el pasado diciembre Marsha sacó a subasta diez cartas que Jagger le envió durante aquel verano del 69, una espoleta que ha vuelto a detonar la vieja enemistad.

¿Venganza o necesidad?

"Mick está furioso", han asegurado en los medios británicos los que conocen bien al líder de los Rolling, porque no tolera que su intimidad se airee y venda al mejor postor. Marsha ha alegado una razón de peso: "Estoy en la ruina. Con el dinero podré pagar mis deudas y no ser una carga para mi hija".

Sotheby’s logró para ella 230.000 euros en la puja -de un comprador anónimo, -¿quizá el propio autor?-, de modo que se ha asegurado una jubilación plácida a cambio de unas cartas de amor que tampoco ofrecen excesivas sorpresas: gotas de romántica pasión -"Te besaría suavemente y te mordería la boca"-; referencias poéticas a Emily Dickinson; comentarios sobre la biografía de Nijinsky, que leía en esos días; un poco de veneno -"John y Yoko aburren a todo el mundo..."- y la confirmación de su ruptura con Marianne Faithfull.

Todas fueron escritas desde Australia, a donde Jagger se trasladó tras el concierto de Hyde Park para rodar la película Ned Kelly. Le acompañó Marianne, quizá en un último intento por revivir lo que para él ya había muerto. Fue un peso abrumador para una heroinómana con problemas de autoestima: en la habitación del hotel que compartían tomó un frasco entero de barbitúricos. Estuvo en coma seis días, al borde de la muerte, mientras Jagger seguía rodando y redactando cartas edulcoradas para la nueva reina consorte. Meses después Marsha fue despedida con la misma frialdad e indiferencia.

Mick, que entonces tenía 25 años, se fijó por primera vez en aquella pasión oscura de 22 cuando vio que los medios agrandaban el escándalo de su desnudo completo en 'Hair'. Fue portada de 'Vogue América'; se la consideraba imagen del movimiento racial que reivindicaba la belleza de lo negro. Por eso le propusieron posar para la carátula del disco de los Rolling Honky Tonk Woman. Ella se negó.

Una noche, Jagger se presentó por sorpresa en su casa para convencerla: "Abrí y estaba en la puerta, con sus muecas y su abrigo oscuro... Sacó la mano del bolsillo, me apuntó como si fuera una pistola... Bang". Cuando Jagger regresó de Australia, la instaló en su residencia cerca del Támesis, donde escribió para ella la canción 'Brown Sugar' -originalmente, Black Pussy; demasiada provocación para la discográfica-.

Durante una cena en un restaurante chino, el músico le dijo que deseaba ser padre. Pocas semanas después estaba embarazada. Marsha veía el entusiasmo de Jagger por la noticia en los planes que hacía para el bebé: le llamaría Midnight Dream -Sueño de Medianoche- y le matricularía en Eton.

El entusiasmo desapareció al tiempo que avanzaba la gestación. El juego de la paternidad se hacía una pesada realidad y su Brown Sugar se volvía a sus ojos una mujer vulgar, vacía la pasión. Los últimos meses del embarazo, Marsha los pasó sola. Mientras, el Rolling volcaba sus deseos en una nueva amiga: Janice Kenner. Marsha era consciente de que ya solo sería una más, junto a Marianne, en una larga lista de conquistas de usar y tirar.

Y al fin, asumió la paternidad

Karis nació en noviembre de 1970. Su padre fue a conocerla días después. Cuando la madre le acusó de no ocuparse de su propia hija, Jagger le espetó que nunca la había querido. En los siguientes tres años, Marsha mantuvo en secreto la paternidad. Durante ese tiempo intentó que la ayudara económicamente con la niña. En una ocasión, Karis sufrió un accidente en el que se quemó con agua hirviendo, él no fue a verla y nunca llegaron las 75 libras -unos 90 euros- que se comprometió a enviar. En un último intento por asegurar un buen futuro a Karis, Hunt exigió a Jagger 25.000 libras -30.000 euros-, que guardaría para su educación. No aceptó.

Chris O’Dell, asistente de la estrella en los 70, aseguró a Paul Scott, conocido periodista del 'Daily Mai'l: "No recuerdo haberle oído hablar nunca sobre su hija. Era como si no existiera". Hasta que Marsha presentó una demanda de paternidad en 1973. Mick intentó llegar a un acuerdo extrajudicial: dinero a cambio de que su examante firmara una declaración desmintiendo la paternidad. No hubo acuerdo y la demanda se desestimó. Pero la batalla en los juzgados continuó, luego trasladada a EE.UU. Al fin, en 1979, un juez de Los Ángeles determinó que la paternidad había sido probada y estipuló una manutención para Karis de 1.500 dólares mensuales.

Eso supuso un cambio en Jagger, que fue involucrándose en la vida de su primogénita. Comenzó a visitarla con cierta frecuencia; asistió a su graduación -hoy es productora cinematográfica- y luego a su boda; la invitó a la ceremonia en la que fue nombrado Sir y hoy es una más de la familia. Con Marsha se mantuvieron las distancias, aunque algunos gestos parecieron zanjar el pasado: la visitó cuando enfermó de cáncer y ella asistió al entierro del padre de Mick. Pero esas cartas de aquel verano del 69... 43 años en un cajón para terminar aireando el recuerdo de lo que fue un poco de amor y mucho de resentimiento.

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