La distancia ha sido un problema insalvable en la relación de Genoveva Casanova con Gonzalo Vargas Llosa, pero no ha sido el olvido. Ambos se siguen queriendo. Quizá por ello, la mexicana se encuentra en un periodo de reflexión, intentando poner orden en sus sentimientos.

Hoy Corazón: No todo son penas. Acaba de fichar como imagen de la joyería Chocrón y eso, hoy en día, es todo un éxito.
Genoveva Casanova: El pasado invierno presenté la colección privada de Chocrón y desde entonces, hemos tenido muy buena sintonía. Para mí, es una gozada trabajar con gente tan cariñosa y con tantas ganas de hacer cosas nuevas. La primera vez que nos vimos ya pensamos en lanzar una pulsera solidaria. Fue Moisés Chocrón quien decidió que sería a beneficio de la Fundación Laureaus y yo estuve de acuerdo. Mis viajes humanitarios me enseñaron la importancia del deporte para sobrevivir. En las zonas de asentamiento de refugiados en Colombia y Ecuador, el deporte era lo que unía a la comunidad, además de ayudar a que se integrara con el resto. El deporte transmite valores y las instalaciones sirven para reunirse, hablar...
H.C.: También creó su propia línea de joyería, a la que bautizó como Satie. ¿Qué fue de ese proyecto?
G.C.: Todo ayuda en la vida. Me sirvió de aprendizaje, ya que en Satie yo controlaba personalmente cada paso y entendí lo difícil que es este trabajo. A mí me gusta diseñar, pero el resto del proceso, que es muy interesante, conlleva mucha responsabilidad. Al irme a México, dejé ese proyecto aparcado. Hoy creo que en Chocrón voy a aprender muchísimo.
H.C.: Esta firma de joyas le prestó algunas de sus piezas para su viaje a Estocolmo para la gala de los Premios Nobel.
G.C.: Sí, estábamos condenados a entendernos (risas).
H.C.: Gonzalo Vargas Llosa ha explicado los motivos del final de su relación. Su argumento es que la distancia ha sido insoportable y su trabajo en ACNUR no le ha permitido dedicarle el tiempo que necesitaba. ¿Piensa igual?
G.C.: No hay mucho más que yo pueda añadir. Esas son las razones. La distancia ha sido complicada. Además, ha sido un año muy difícil para los dos. La soledad a la que te lleva la distancia es lo que ha producido esta situación.
H.C.: Lo básico, el amor, no ha fallado. Sí el resto.
G.C.: Gonzalo lo ha explicado maravillosamente bien. Yo le adoro, le quiero mucho y sé que es mutuo.
H.C.: ¿Y sabe lo que quiere usted en este momento de su vida?
G.C.: Hay veces que tengo muy claro lo que quiero en la vida, pero luego compruebo que las cosas no son como las planeaba. Hay un dicho mexicano que reza así: «Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes». A mí todo me sale al revés, por eso prefiero no hacer planes. Hoy me esfuerzo en ser mejor persona, en que mis hijos sean gente de bien. El problema es cómo conseguirlo. Muchas veces te equivocas con tu familia, crees que les das amor y a lo mejor, no lo demuestras. De ahí que ahora intente entenderme mejor.
H.C.: Lo cierto es que durante el último año tuvo que tomar muchas decisiones importantes. Su madre enferma lejos, un novio viajando con ACNUR, los hijos con raíces españolas...
G.C.: Por eso estoy ahora así. Fue mucho y todo de golpe. Cambió todo de repente: mi familia, mi trabajo, mi vida sentimental, mi ubicación... Creo que por esto Gonzalo piensa que tenía que haber estado más cerca de mí en esos momentos tan complejos, pero no hay culpables.
H.C.: Imagino que quedan los buenos recuerdos...
G.C.: Por supuesto. Nos queremos mucho.
H.C.: ¿Cree que la situación es irreversible?
G.C.: ¡Uff!
H.C.: ¿Y le queda tiempo para usted?
G.C.: ¡Uy! Muy poco. Justo ahora mis hijos se fueron con su padre y me quedé en Madrid sin salir de casa, tranquila, leyendo.
H.C.: ¿Cuál es su estado actual?
G.C.: Diría que estoy en un momento de reestructurarme. Yo creía que los cambios eran externos, pero he entendido que son internos.
H.C.: Tal vez la apariencia engañe, pero no se la ve una mujer dolida tras una ruptura.
G.C.: Es que no puedo estar a mal con Gonzalo, porque es un ser maravilloso. Los últimos dos meses han sido muy duros. Ahí pasé mi momento más difícil. Entonces, yo también cometí errores y entendí que había que parar y reflexionar. Gonzalo se mantuvo siempre en su sitio y me transmitió que es alguien que siempre va a estar en mi vida. Eso es lo que más miedo da cuando rompes con alguien: pensar que lo pierdes para siempre. Sin embargo, con Gonzalo no será así. Él también entiende que en este momento tengo que ocuparme de mí misma