Hasnat Khan, ex novio de lady Di, dice que muerte de princesa aún le angustia

El cardiólogo Hasnat Khan, a quien la prensa ha relacionado con Diana de Gales, ha admitido por primera vez que la muerte de la princesa aún le obsesiona pero no quiere declarar en la investigación sobre el accidente. En sendas entrevistas con los dominicales "The Mail on Sunday" y "The Sunday Telegraph", Khan reveló que a veces quiere gritar cuando piensa en la muerte de Diana, ocurrida el 31 de agosto de 1997. "A veces siento que quiero gritar. Pasé momentos malos, tenía que seguir con mi vida, pero (la angustia) sigue volviendo", afirmó el médico, que conoció a la princesa en 1995. Admitió que ha sido advertido de que puede ser llamado a prestar declaración en la investigación judicial que se sigue en el Tribunal Superior de Londres para establecer definitivamente si la muerte de Diana y su novio Dodi Al Fayed fue un accidente. Khan añadió que ha decidido hablar con la prensa debido a las conjeturas sobre su posible declaración en la pesquisa. "Ellos dicen (por el tribunal) que preferirían que yo declarase ante el jurado. Mis abogados me dicen que no tengo que asistir. Si esa es la recomendación, no iré. Pero si veo que debo ir por ley, iré", subrayó el cardiólogo, de 48 años. Además, Khan criticó la construcción de una fuente en Hyde Park para recordar a la princesa. "Construir una fuente no es la forma de recordar a una gran persona. Pones a gente magnífica lo más alto posible. Mira Nelson (marino británico cuya estatua está en la plaza de Trafalgar, en Londres)", dijo el médico, que vive en Pakistán. Testigos que han prestado declaración en la investigación judicial han descrito a Khan como el "amor de la vida" de Diana. Lady Di perdió la vida cuando el automóvil en el que viajaba chocó contra una columna del túnel bajo el puente del Alma, en París. Dos investigaciones -una francesa y otra de la policía británica- concluyeron que Diana y Dodi murieron en un accidente trágico. Sin embargo, Mohamed Al Fayed, padre de Dodi, cree que su hijo y la princesa fueron víctimas de un complot de los servicios secretos británicos para impedir que la pareja pudiera casarse.