Naharro: al final se perderá la alfarería tradicional en Navarrete

Antonio Naharro, alfarero de Navarrete (La Rioja) que une un profundo conocimiento de la antigua artesanía del barro a una honda vocación por la renovación creativa de su oficio, sostiene que "al final se perderá la alfarería tradicional" en su pueblo, cuna de alfareros desde siempre. En la actualidad, Navarrete cuenta con tres talleres alfareros que se dedican a la fabricación artesanal de todo tipo de cacharrería y piezas de decoración de barro, torneadas con la paciencia y la antigua sabiduría que requieren los viejos oficios. Uno de estos talleres es propiedad de Antonio Naharro, quien con cierta melancolía explicó a Efe que "no hay muchos jóvenes que aprendan el oficio y al final se acabará perdiendo". Navarrete, sobre la que existen referencias que la relacionan con los alfares desde la Edad de Bronce y ha sido cuna de maestros de este oficio, debería tener, en opinión de Naharro, una escuela de alfarería para que no se pierda la tradición porque "quedan pocos alfareros autóctonos que continúen el trabajo de sus antepasados". En relación a la industrialización de la alfarería, Antonio Naharro no considera alfarería propiamente dicha a esta fabricación porque "simplemente, en vez de utilizar otros materiales como siliconas o fibras se dedican a hacer piezas de barro con moldes". Antonio Naharro pertenece a la quinta generación de alfareros, "sólo interrumpida en la tercera ya que mi abuelo fue arriero". Su padre, también llamado Antonio, vino a La Rioja desde Extremadura contratado por la Alfarería Fajardo, de Navarrete, como oficial de torno a los diecisiete años y en ella terminó de formarse. Después se asoció con Armando Torrado, también alfarero y cuando Naharro hijo decidió seguir sus pasos, ambos constituyeron la alfarería familiar en 1982. A diferencia de otros talleres, Naharro, trabaja exclusivamente con las manos moldeando las piezas en el torno, sin introducir ningún tipo de mecanización, trabajando el barro como lo hacían sus antepasados. Naharro se define como "un alfarero a quien le gusta reproducir piezas antiguas", una de las labores que realizan en el taller junto con "otras enfocadas al mundo de la decoración", creando nuevas formas, pero "sin perder ese sabor de nuestro noble oficio". La especialidad más característica dentro de la alfarería tradicional de los Naharro, es la recuperación de piezas que han desaparecido en La Rioja, Navarra y el País Vasco. Destaca también la elaboración de piezas populares como el cántaro, muy característico, más ancho que alto, con un asa y una pequeña orla decorada, que portaban las navarretanas cuando iban a por agua a la fuente. El cincuenta por ciento del barro, la materia prima, lo adquieren en la única fábrica que lo elabora en Barcelona, y el otro cincuenta lo obtienen de las arcillas de Navarrete, "unas de las mejores de España", explicó Naharro. La creación de una pieza exige preparar el barro, el torneado o modelado en el torno, el secado y la decoración de la vasija . La pieza que no se decora se esmalta y se mete al horno, donde normalmente se trabaja en bicocción, es decir, "se hace primero una cocción en barro y luego otra con esmalte a mil grados". Naharro explicó que a lo largo del año salen de su taller miles de piezas de las que se exportan "alrededor de un sesenta por ciento". Francia y América del Norte son sus mejores clientes en el extranjero y dentro de España, las comunidades que más demandan su alfarería son el País Vasco y Cataluña, y en menor medida, Madrid. Dentro de la Comunidad riojana "vendemos poquito", señaló, aunque "trabajamos para el Museo Dinastía Vivanco, para el que reproducimos piezas antiguas, como una medida de vino que tiene más de cien años".