Esa jequesa

  • Viene a vernos el emir de Qatar y le recibimos con toda pompa y circunstancia. Los Reyes acuden al aeropuerto a darle la bienvenida a pie de escalerilla, cosa que ocurre en contadas ocasiones. Le ofrecen una cena de gala… Eso pasa siempre.

Viene Hamad bin Khalifa al Thani y nos ratifica la alegría que nos dio hace unas semanas. Sí, quiere continuar con sus proyectos de inversión en España, dinerito fresco que a las cajas de ahorros les va a venir muy bien. El emir quiere poner aquí tres mil millones de euros, el diez por ciento en estas entidades en proceso de transformación.

Y además, con las autoridades españolas ha hablado del gas y del turismo. Del gas que nos vende y de los turistas que quiere enviarnos. Bienvenidos sean a dejarse aquí sus petrodólares. Viene el emir…y miren, nueve de cada diez medios de comunicación reparan más en la jequesa que le acompaña, su segunda esposa y madre de siete de sus hijos que en la oportunidad de negocio que supone la visita.

La jequesa. Ora se loa su belleza pérsica, ora se subraya su prudencia en el vestir, ese turbante a juego con el resto del atavío, esos hombros y brazos siempre cubiertos…ora se subraya que tiene una edad indefinida pero que parece que no ha pasado de los treinta. Y los más incisivos añaden: habrá que felicitar a su cirujano plástico. No les importa que esta señora sea licenciada en Sociología, ni que represente a su país en foros internacionales, ni que sea enviada especial de la Unesco para la Educación Básica y Superior o miembro del Grupo de Alto Nivel de la ya algo maltrecha Alianza de Civilizaciones. Prefieren quedarse en la superficie de las cosas.

Qué guapa es la jequesa y qué estilo tiene. Sí, también tiene cerebro. Y un marido con poder y dinero que ella emplea no solo en adquirir fondo de armario. Seamos serios. Lo importante no es el turbante de la jequesa. Lo importante es la cartera del emir. Y cómo la va a abrir para nosotros.

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La directora del programa 'De costa a costa' en Punto Radio nos trae una visión de la actualidad con ánimo de no pasar ni una. No se puede ser políticamente correcta en los tiempos que corren. Síguela también en www.puntoradio.com