Manu Brabo, bravo.

  • Vuelve Manu Brabo de Trípoli con la emoción puesta y el agradecimiento por todo el apoyo del que se ha enterado de golpe, porque en 43 días detenido en Libia poco ha podido saber de lo que ocurría más allá de los calabozos en los que le encerraron los de Gadafi. Vuelve Manu, pero conserva las ganas de irse de nuevo, coger la bolsa de las cámaras y marcharse a dar testimonio de las cosas que pasan donde la violencia y la desesperación anidan.

Manu está hecho de una pasta especial. Cualquier fotógrafo de prensa sabe que lo que hace Manu…y otros compañeros, no es igual que cubrir una rueda de prensa o una manifestación. Los fotoperiodistas se juegan el cuello en las guerras y los conflictos internacionales, en países en los que no hay Estado o la ley no existe, donde tu vida vale infinitamente menos que el objetivo que lleva puesto tu cámara. Los periodistas no somos gente respetable, y en los lugares donde trabaja Brabo somos además testigos incómodos e insidiosos. Manu hace fotos que reflejan el horror de una guerra, el dolor de la gente sin pan ni futuro, y a través de sus ojos, en la paz y el sosiego de nuestra casa, contemplamos hechos que hielan la sangre. Es posible que Manu y todos los bravos como él no consigan cambiar el mundo, pero si no existieran y no hicieran su trabajo, probablemente seguiríamos viviendo y pensando que todo el mundo tiene una cama donde reposar su cuerpo, un libro con el que cultivar su espíritu, un plato de comida sobre la mesa. Hacen falta muchos Manus y muchos bravos para ponernos frente a una realidad que incomoda. Manu ha vuelto, pero hay otros que no regresan nunca, como Anton Hammerl, asesinado por las tropas leales a Gadafi. Manu ha tenido más suerte, y ojalá la suerte no le abandone nunca.

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La directora del programa 'De costa a costa' en Punto Radio nos trae una visión de la actualidad con ánimo de no pasar ni una. No se puede ser políticamente correcta en los tiempos que corren. Síguela también en www.puntoradio.com