'Cohousing', los abuelos se van de casa

  • Muchos fueron hippies. Quizá por eso han cambiado las comunas de los 60 por nuevos proyectos de casas compartidas con servicios comunes. Desde California al País Vasco, descubrimos su forma de vida.

Adulto, hombre o mujer, de edad imprecisa (presumiblemente pasados los 55), de buen ver, con ganas de vivir y muchos planes en la cabeza. Todos los planes, excepto uno, ir a parar a una residencia de ancianos, “una residencia aparcacoches”, según la definición de una de estas personas.

No quieren ser “mantenidos” ni “aguantados”, no quieren hijos que los soporten por la herencia o por los 1.500 € de la pensión
. Ya que hay que envejecer, quieren hacerlo de otra manera. A la suya. “Nos gustaría terminar de otra manera”, me confiesa Marisa Sarriá, metida hasta las cejas en el proyecto Housekide, en Donosti. Alguno de ellos perteneció en su día a la generación que inventó las comunas, el “flower power” y el “compartir es vivir”. Y algo de eso buscan. Son muchos en todo el mundo, reunidos en proyectos de 'cohousing', como Silver Sage (Colorado) o Glaciar Circle y Wolf Creek Lodge (California). Pero también en Francia (La Maison des Babayagás, que acaba de inaugurarse, y es exclusiva para mujeres), o en las afueras de Madrid (Trabelsol).

Casi en familia

Todos tienen la ilusión de envejecer entre amigos, en un sitio agradable donde no estén aislados, aburridos y arrinconados. La fórmula que han encontrado es el 'cohousing', un sistema que combina la privacidad de las casas particulares con la vida social de los espacios comunes, como la lavandería, el gimnasio, la biblioteca o los jardines. En algunas de estas iniciativas se organizan equipos rotativos de cocineros que hacen la comida un par de veces por semana o en las grandes ocasiones. “Se establecen relaciones muy fuertes entre la gente y al final tienes un grupo de amigos listo para ayudar en todo. Si alguien enferma y tiene que hacer una rehabilitación, prefiere hacerla en casa y no quedarse en el hospital”, dijo recientemente a The New York Times Dene Peterson (81 años), uno de los fundadores del 'cohousing' ElderSpirit, abierto desde 2006, donde los residentes tienen entre 60 y 86 años, y pagan 165.000 dólares por una casa de dos dormitorios. Si prefieren alquilar, los precios oscilan entre 315 y 500 dólares al mes por un apartamento.

Lo que han conseguido es un espacio de libertad que resulta mucho más atractivo que el régimen casi clínico de una residencia de ancianos. “La mayoría vimos varias residencias antes de decidirnos por esta posibilidad y no hemos encontrado nada atractivo en esos sitios”, aseguró un residente de Silver Sage, otro proyecto norteamericano. Los fundadores se implican en cuerpo y alma en todas las partes del proceso, desde escoger los terrenos y decidir los planos a negociar con los arquitectos y los ayuntamientos de las ciudades. Están construyendo una casa a su medida y toman todas decisiones de principio a fin porque quieren, mantener el control sobre sus vidas.

Cuando hablo con Ángel Abalde está en pleno proceso de organizar Housekide, un proyecto que se quiere levantar en el País Vasco. Llevan dos años de trabajo y ya han reclutado gente para llenar 27 unidades, así le llaman a los apartamentos “autosuficientes” donde se puede vivir solo o en pareja. Además de las casas que estarán equipadas para personas mayores, habrá espacios comunes (sala de estar, videoteca, comedor o lavandería) donde transcurrirá la convivencia y la vida social.

“No nos parecía bien hipotecarle la vida a nuestros hijos. Muchos hemos atendido a nuestros mayores y sabemos que supone una pérdida de vida propia y una elevado nivel de sufrimiento. No queremos repetir la historia”, explica Ángel. Así que han puesto manos a la obra y han contactado con entidades financieras de la llamada banca ética para financiar su innovador proyecto vendiendo parte de su patrimonio o sus pisos actuales. “Se trata de una cooperativa de vivienda de cesión de uso para personas mayores”, resume Marisa Sarriá, otra de las implicadas. Esto supone, según explica Ángel, que la propiedad sería de la cooperativa y, si alguien decidiese mudarse o falleciera, ellos o sus herederos podrían recuperar el dinero invertido.

La idea es llenar entre 30 y 40 apartamentos y buscar un espacio urbano para construir su nueva casa. Porque, según explica Marisa, prefieren que la gente siga donde ha vivido toda la vida para mantener sus hábitos de siempre. “Que sigan cogiendo el metro y el bus”, resume Ángel. Ante tanto entusiasmo pregunto tímidamente por la crisis. Pero, sorprendentemente, no dicen aquello de “¿Crisis? ¿Qué crisis?”, sino algo casi peor: “A nosotros la crisis nos viene bien. Además de disminuir el precio del suelo y la construcción, ha puesto el problema sobre el tapete: parece más claro que nunca que el Estado no podrá hacerse cargo de nosotros y lo que hacemos es salirnos del camino trillado para afrontar el envejecimiento”, dice Ángel.

La nueva vía

Los que ya hacen su vida en una de estas casas suelen estar muy satisfechos, aunque, como en cualquier familia o comunidad de vecinos, haya desacuerdos. No es fácil conseguir un consenso para el menú de las comilonas colectivas en ElderSpirit, a la que cada quien debe llevar un plato, o para determinar las responsabilidades en algunas tareas colectivas. Por eso, este tipo de vida no es para todo el mundo.

Ha ocurrido incluso con algunos miembros fundadores de Silver Sage, que tras probar un tiempo, descubrieron que aquello no era lo que pensaban. Por eso, en el proyecto del País Vasco, concebido como un “cohousing” en cesión de la propiedad, cada quien recupera el dinero cuando decida marcharse. En cualquier caso, y para irse conociendo mejor, aunque muchos eran amigos, los futuros vecinos ya salen juntos al campo, preparan meriendas y se van a ver los fuegos artificiales.

¿Y qué pasa cuando algún miembro necesite algo más que compañía? Es decir, cuando sean más débiles o dependientes. Estas ideas no están diseñadas para convertirse en centros gerontológicos. “Ninguno hemos firmado para tener esa clase de cuidados. En algún momento, aún con viviendas accesibles a las sillas de ruedas y una red de amigos incondicionales, tendremos que contratar a alguien que nos cuide o mudarnos a otro sitio”, reconoce un vecino de SilverSage.

Ángel Abalde tiene una opinión similar: “La idea no es generar una solidaridad obligada ni crear un servicio gerontológico, me da la impresión de que tendremos que acabar en una residencia”, reconoce. Sin embargo, todos los que han decidido embarcarse en esta aventura –“con toda la ilusión del mundo, ya la realidad se encargará de ponernos en nuestro sitio”, dice Marisa Sarriá–, coinciden en que el mayor obstáculo es el esfuerzo para poner en marcha el proyecto. De hecho, ninguno necesita de inmediato la compañía y los cuidados que busca en este tipo de casas, pero están en la edad de pensar en ello y cuentan con fuerzas para afrontar las gestiones. Según Ángel, la media de edad de los que se han reunido en Donosti es de 63 años, pero el criterio es ser mayor de 55.

La Biblia de este movimiento, el libro “The Senior Cohousing Handbook” (“Manual del cohousing para mayores”), escrito por el arquitecto Charles Durret, insiste en que quienes estén interesados deben intentarlo entre los 50 y 60 años y, aunque reconoce que los primeros pasos son difíciles, dice que una vez establecidas las bases, en dos o tres años es posible tener la nueva casa.

Entre todos los que construyen Housekide, los que eran amigos y los que se han ido apuntando por el camino, sobra energía y actividad: “Estamos jubilados, seguimos activos, tenemos buena salud y nos quedan años por delante, ¡¿cómo para no decidir cómo queremos vivirlos?!”, razona Marisa.
- Y los hijos, ¿qué dicen?
- ¿Ellos? ¡Pero si son los grandes beneficiados de esta historia!

Cuando los divos se retiran


Dustin Hoffman se ha estrenado como director a los 75 años con “El cuarteto” (estreno el 25 de enero), la historia de un grupo de viejos amigos que viven en una residencia para cantantes de ópera retirados y organizan cada año, coincidiendo con el aniversario de Giuseppe Verdi, un concierto para recaudar fondos. Esta cinta, junto a “¿Y si nos vamos a vivir juntos?” y “El exótico hotel Marigold”, forman parte de una tendencia de comedias amables protagonizadas por mayores que quieren defender su independencia y disfrutar juntos del “tercer acto”.

Proyectos de los que aprender

Housekide
http://housekideak.wordpress.com es la dirección del foro donde los creadores del proyecto Housekide debaten y llegan a acuerdos sobre su futura casa común.

Profuturo Valladolid
En la web del único proyecto ya construido en España, en Valladolid (www.profuturovalladolid.com) se pueden encontrar detalles de las condiciones de vida del complejo residencial.

En Estados Unidos
En la web  www.eldercohousing.org se recogen proyectos de “cohousing” en Estados Unidos, con mucha información legal y actualizada sobre estos proyectos.

La seis reglas del 'cohousing'

1. Es proceso donde participan todos. Los habitantes se implican desde el principio en el diseño del conjunto y son responsables de las decisiones finales
2. El diseño de cada vivienda y del conjunto está pensado para facilitar unas estrechas relaciones de vecindad, donde sean posibles la comunicación y la ayuda mutua.
3. Existen unos servicios comunes (cocina, comedor, lavandería, tendedero, sala de estar, TV, biblioteca, taller, gimnasio…) que complementan los de la vivienda privada.
4. La gestión está en manos de los propios residentes.
5. La  estructura social no es jerárquica. Las decisiones se adoptan democráticamente tras discusión, y a poder ser por consenso.
6. Economías separadas. Cada cual mantiene su independencia económica, participando en los gastos comunes, según lo que se haya pactado.

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