Estos tomates no saben a nada”. Es, posiblemente, una de las frases más repetidas desde que se puede comer de todo durante los 365 días del año. Han desaparecido las temporadas y muchos alimentos han perdido su gracia, su textura y sus aromas.

Algo así debió pensar la primera dama estadounidense, Michelle Obama, a la hora de montar un huerto orgánico en la Casa Blanca. ¿Sus razones? “Quiero asegurarme de que nuestra familia, así como los empleados y todos los que vienen a la Casa Blanca y comen nuestra comida, tengan acceso a verduras y frutas realmente frescas. He descubierto que a mis hijas, de 10 y siete años de edad, les gustan más las verduras si saben bien”. Los privilegiados que comen en el hogar de los Obama pueden degustar espinacas, guisantes, hinojo, calabazas, cebollas, zanahorias, tomates, frambuesas, moras, cinco variedades de lechuga, distintas frutas y chiles germinados en el mismísimo centro de poder del planeta. Aunque, en realidad, lo que ha hecho la primera dama (como Verónica Berlusconi o Marella Agnelli) es apuntarse al carro de una tendencia que está barriendo en todo el mundo.

“Cada vez hay más gente, desde luego –confiesa Inés Aguilar, diseñadora y fundadora de la firma La casita de Wendy–. Yo supe de esta tendencia a través de algunos blogs que conocía. Vi que había gente como nosotros, diseñadores, gente del mundo de la moda, que montaban un huerto, y me dio una envidia que me moría. Ahí surgió la idea. Y cada vez conocemos a más gente que están montado una pequeña huerta en casa, en la terraza… nos picamos, a ver a quién le da más tomates”.

Una cura antiestrés

Inés y su pareja se trasladaron hace un año y medio del centro de Madrid a un pequeño adosado en Pozuelo. En el jardín trasero, un fornido olivo repleto de aceitunas vigila un rectángulo de tierra en el que crecen berenjenas, calabacines, tomates, pimientos, fresas y pepinos, que a Inés le sirven de terapia: “Se lo recomendaría a todo el mundo, más que lo que te comes al final, lo bueno es cómo te lo pasas haciéndolo, cultivándolo, lo que te relaja. A los de mi profesión se lo recomiendo siempre, y me miran como si estuviera loca. Desde que tengo huerto, en vez de estar pensando todo el rato en el próximo desfile, pienso: “¿Engordarán los calabacines?”. Es una preocupación más sana”. Comida saludable, sin pesticidas, rebosante de sabor y, por qué no, más barata, Inés lleva unos cuantos meses sin comprar verdura (y a Michelle Obama sólo le costó 200 dólares montar el tinglado).

En fin, detrás de la moda de la agricultura urbana hay un poco de todo: “Sí que nos planteamos consumir menos, depender de lo que hacemos; de hecho nuestra firma de ropa, La casita de Wendy, tiene filosofía ecológica. Las cosas que haces tú las valoras el doble que las que compras. Eso mismo ocurre con el huerto: es mi tomate, qué bien sabe. Creo que tiene que ver con una vida menos agresiva, más sostenible”, remata Inés.

Algo parecido piensan Julia, Cristina y Paula, tres biólogas que en 2006 montaron la asociación Germinando, dedicada a la ejecución de huertos urbanos y a impartir un curso dos veces al año en el centro cultural madrileño La Casa Encendida en el que enseñan a la gente trucos y maneras para “con poco espacio, aprovechar para cultivar cosas comestibles en terrazas y balcones. Tiene muchísima demanda. Es un fenómeno que está en auge”, cuenta Julia. “Para nosotras –continúa–, la agricultura urbana tiene varias facetas: en los países de la periferia tiene que ver con intentar obtener vitaminas, verdura fresca y fruta de forma fácil; en el norte es un fenómeno más ligado al ocio y a la concienciación ambiental. Y luego está el tema de la educación, los huertos escolares son un fenómeno muy extendido”. Una terraza, un macetero y los tomates volverán a recuperar su sabor.

SI QUIERES TENER UNO

Josep M. Vallés Agrónomo, 40 años, es el autor de “El huerto urbano. Manual de cultivo ecológico en balcones y terrazas”, la biblia para todo futuro “huertista”. “Ahora mismo tengo en mi huerto maíz para hacer palomitas, acelgas, tomates, puerros, pimientos, berenjenas y albahaca”, explica... y nos da tres claves básicas:

“La luz del sol es fundamental, a veces los balcones están en sombra… Tener poca luz limita, porque la mayoría de plantas son de sol”.

“En nuestro clima, el verano es muy caluroso, hay que regar mucho, los recipientes se calientan y evaporan mucha agua. Cómo vamos a regar es fundamental, muchos fracasos vienen de no haber pensado bien cómo llevar a cabo el riego”.

“El tercero, el sustrato: no sirve cualquier saco de tierra vegetal de jardinería, hay que dar con uno que tenga suficiente calidad y nutrientes”.



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