Caroline Wozniacki, la reina de la pista

  • Desbancó a la norteamericana Serena Williams como número 1 de la WTA en octubre y desde entonces mantiene a público, patrocinadores y comentaristas a sus pies. Y no solo por su juego. También es la reina de la belleza del circuito femenino, algo que le hace gracia, porque piensa que el deporte no es incompatible con la estética.

Hace unos días llegó a Madrid para el Mutua Madrid Open. Y en la entrevista que mantuvimos con ella dejó claro que ha exprimido sus 20 primaveras al máximo, aunque le queda tela por cortar. “Ser la número 1 es algo con lo que llevo soñando muchos años, conseguirlo es maravilloso. Espero mantenerme, pero aún me quedan muchos objetivos por cumplir”, dice.

Entre ellos, ganar un torneo grand slam, una de las asignaturas pendientes de esta danesa que no se amilana ante nada. Ya apuntaba maneras de pequeña, cuando no hacía ascos a ningún deporte. “Me encantaba el fútbol, la gimnasia, la natación... ¡Lo que fuera con tal de moverme!

En casa, el deporte formaba parte de nuestra vida, porque mi padre fue profesional del fútbol, y mi madre, del voleibol. Imagino que eso influyó en que mi hermano y yo escogiéramos el deporte como profesión”. Se refiere a Patrik, futbolista, a quien dice estar muy unida.

Tanto como a sus padres, quienes la acompañan a los torneos. De hecho, su padre es su entrenador. “Trabajar con la familia es lo mejor. Él me entiende y eso hace las cosas fáciles”, asegura. Que su casa esté dividida entre raquetas y balones no es ningún problema. Entre otras cosas, porque es aficionada al fútbol, y no se pierde los partidos de su equipo, el Liverpool, ni el Mundial. “El año pasado celebré mi cumpleaños viendo la final con mis amigos. Seguí el Mundial desde el principio y tengo que reconocer que cuando empezó iba con tres equipos: Dinamarca, Inglaterra y España. Pero luego aposté por España, ¡y acerté!”.

Nadie le niega su buen ojo: cuando jugaba al fútbol siendo una niña, decidió que no era lo mejor. “El tenis ofrece más oportunidades a una chica”, dice de forma categórica. Polémica pero respetada. Ese sentido práctico no está reñido con carácter rebelde, que muestra si la situación lo requiere. Como ocurrió en el último Open de Australia, cuando dio un buen repaso a la prensa.

Como los medios americanos decían que su intervención había sido aburrida porque siempre daba las mismas respuestas, quiso dejar claro que quienes no parecían muy creativos eran los periodistas, que hacían siempre las mismas preguntas. Así que explicó que ese día harían las cosas a su manera. Como podía hacerse una idea de qué preguntas le harían, inició un monólogo enlazando las respuestas: cómo había estado en la pista, que para ella no es ninguna presión ser la número 1, que si no se mereciera serlo no estaría ahí... Cuando terminó, pasó el testigo a los medios, pidiéndoles que preguntaran lo que quisieran. Y la cosa acabó con disertaciones acerca de asuntos tan dispares como el calentamiento global, el novio que aún no tiene o que quizá algún día retome las clases de piano.

Para algunos resultó arrogante, pero la mayoría aplaudió su reacción.
Tiene claro que relacionarse con los medios es parte de su profesión, pero ha descubierto otra forma de que el público la conozca: “En una rueda de prensa no puedo mostrar más que sobre lo que me preguntan. Por eso empecé a twittear, para que quien quiera seguirme pueda hacerlo, conociéndome de verdad. Así me puedo mostrar como soy. Y de paso, me mantengo en contacto con mis amigos”, dice riendo.

Ingresos millonarios.

 En 2009, el año en que su nombre empezó a sonar al llegar a la final del Open de EE.UU., facturó tres millones de euros en publicidad. Hoy, tras alcanzar el número 1 de la WTA, tiene contratos con Adidas, Sony Ericsson, Rolex, Turkish Airlines, Compeed, Oriflame... Igual que otras tenistas, como Maria Sharapova o las hermanas Williams, se dedica al deporte y a ser imagen de distintas marcas. Una actitud que algunas compañeras creen que les perjudica, ya que su juego puede verse afectado por los compromisos publicitarios.

Cuando se le pregunta su opinión acerca de que deportistas como ella obtengan más ingresos de la publicidad que de los torneos, contesta que así es el negocio. “Además, me divierte. Me gusta hacer de todo y me lo paso muy bien con lo que hay fuera de la pista: publicidad, eventos… El tenis me da la oportunidad de hacer todo eso”, señala. También disfruta con la moda: “Me gusta estar guapa, antes y después de entrar en la pista, pero también en ella. Mostrar mi estilo en la cancha a través de una de mis diseñadoras favoritas es una suerte, es lo que hago desde que Stella McCartney diseña mi ropa para Adidas”.

El vestuario que estrena al inicio de cada temporada causa tanta expectación como su juego. Y lo ha lucido en Madrid, donde ha coincidido con uno de sus amigos: Rafa Nadal. “Es el jefe, un jugador alucinante, un campeón. ¡Todo lo que se me ocurre son buenas palabras!”, contesta riendo. Pero el mallorquín no es lo único que conoce de nuestro país: “¡Las tapas! He estado en Madrid y Barcelona y me encantan. Fernando Verdasco, que es buen amigo, me llevó a comer al restaurante de su familia en Madrid la última vez”. Habla con desparpajo y de forma desenfadada. La combinación perfecta para una estrella que tiene mucho que decir en la cancha y fuera de ella.