Cate Blanchett, estrella por accidente

  • Es una de las actrices más reverenciadas de Hollywood, pero no tiene tiempo para ejercer de estrella. Madre de tres hijos y directora de un teatro en Sidney, la australiana, que vuelve a la gran pantalla con 'El Hobbit', es todo lo contrario a una diva.

Bajo el chaparrón de flashes de las alfombras rojas, Cate Blanchett parece inspirar elegancia y espirar glamour sin aparente esfuerzo. Es tan guapa, tan refinada, tan sobrada de talento y tan exasperantemente perfecta (desde su piel de porcelana hasta su inalterable silueta después de tres embarazos) que, si Hollywood tuviese una factoría de estrellas, ella podría servir de molde para las generaciones venideras. Pero solo hace falta rascar un poco sobre el glamuroso hábito de este monje para comprobar que no es, precisamente, el paradigma de estrella prefabricada, envasada al vacío y lista para el consumo de masas.

Al contrario. La australiana, de 43 años, es, dentro de la variopinta fauna que habita en la jaula de grillos de Hollywood, una “rara avis” de pedigrí. Y es cuestión de hechos, no de opiniones. A saber: es dueña de un Oscar, pero nunca ha consentido en vivir en Los Ángeles para complacer a los poderes tácitos de la industria o participar en el festín de las vanidades. Es una de las actrices más solicitadas de la gran pantalla, pero es mucho más feliz sobre el escenario de un teatro. Está casada y tiene tres hijos, pero ha sabido matar de aburrimiento y de hambre a los “paparazzi”, sin concederles ni un desliz ni un pequeño escándalo. La explicación detrás de tal gesta es sencilla: Blanchett concibe su estatus de estrella como un accidente. Uno feliz, pero accidente al fin y al cabo. Ella nunca aspiró a ser carne de esa alfombra roja que ahora parece su hábitat natural. Su pasión siempre había sido otra.

Actriz por instinto

Solo tenía siete años cuando escribió su primera obra de teatro, 'El señor fresa se va de compras'. Entonces ya disfrutaba actuando en las funciones del colegio, pero siempre pensó que su sitio estaba entre las bambalinas de algún teatro destartalado, dando órdenes a los actores en vez de recibiéndolas. “Actuar era divertido, pero jamás se me cruzó por la cabeza que yo pudiera hacerlo. Después de ver a mi madre sacar adelante a tres hijos ella sola, lo más importante para mí era tener cierta seguridad”, cuenta la actriz. Su padre, un oficial de la marina norteamericana, murió de un ataque al corazón cuando ella tenía 10 años.

De aquel momento, Blanchett apenas recuerda que estuvo despierta hasta altas horas de la madrugada y que nadie se acordó de darle de comer aquel día. Quizá en busca de esa seguridad con la que estaba obsesionada, cuando cumplió 18 años se matriculó en la Universidad de Melbourne para estudiar Economía y Bellas Artes. El intento fue inútil. Sus verdaderos instintos no tardaron en aflorar y pronto dejó los estudios para viajar durante una temporada, mientras pensaba qué hacer con su futuro.

Estando en Egipto, un cliente del hostal en el que se hospedaba le sugirió que podía trabajar de extra en una película que estaba rodándose en la ciudad. Al día siguiente, Blanchett hacía su primera aparición en la gran pantalla, entre el alborotado público de un combate de boxeo. A su regreso a Australia, se trasladó a Sidney para estudiar Arte Dramático y empezó a hacer teatro con grandes de la escena como Geoffrey Rush. Por aquel entonces, el cine no entraba en sus cálculos. “Yo no era esa chica. Ni si quiera concebía la idea. Fui a la Escuela de Arte Dramático para hacer teatro. No hice una película hasta los 25 años y no esperaba que aquello me llevara a ningún sitio”, ha explicado.

Reina, elfa, madre

Obviamente, se equivocaba. En 1998, luciendo un pomposo vestuario del siglo XVI, Blanchett se metía en la piel de Isabel I de Inglaterra en la cinta de época 'Elizabeth'. Y Hollywood le daba la bienvenida que una auténtica reina se merece, nominándola a un Oscar que terminó llevándose Gwyneth Paltrow. De la noche a la mañana, se convirtió en la actriz que todo el mundo quería tener en su película. Su mérito fue no caer en el pecado original del actor: encasillarse.

Desde entonces, ha sido soberana por partida doble ('Elizabeth: la edad de oro' le valió otra nominación); elfa con ademanes de mujer fatal (en la trilogía del 'Señor de los Anillos', que ahora retoma en 'El hobbit'); musa de cineastas de culto como David Fincher ('El curioso caso de Benjamin Button') o Alejandro González Iñárritu ('Babel') y la única mujer capaz de abotonarse hasta el cuello la camisa de Bob Dylan en 'I’m not there' y salvar el entuerto con otra nominación al Oscar. Aunque, en realidad, la estatuilla ya se la había llevado a casa por interpretar a Katharine Hepburn en 'El Aviador', de Martin Scorsese.

“Cariño, ya sé que piensas que es una cursilada, pero este premio te lo debo a ti”, le decía Blanchett, con el Oscar en la mano, a su marido, Andrew Upton, que la miraba desde el patio de butacas con una mezcla de orgullo y timidez. Se conocieron en 1996 durante la producción de una obra de teatro y su relación no empezó con buen pie: él pensó de ella que era fría y distante; a ella, él le pareció demasiado arrogante. “Nos conocíamos, pero no nos caíamos bien. Luego, una noche, jugando al póquer, no sé muy bien cómo, terminamos besándonos y él me pidió matrimonio tres semanas después”, ha explicado la actriz sobre el comienzo de su relación con el director de teatro.

Desde 2009, son además, compañeros de trabajo al frente de la dirección artística de la Sydney Theatre Company. Quienes les conocen, dicen que comparten un solo cerebro simbiótico: toman todas las decisiones a dúo, nunca pasan más de unos pocos días separados y no solo comparten escritorio, sino también dirección de correo electrónico. Y tres niños, claro: Dashiell, de 11 años, Roman, de ocho, e Ignatius, de cuatro.

“Para mí, el mayor elogio es que alguien me diga que mis hijos se parecen a mí, son los niños más guapos del mundo... Lo mejor es que a ellos no les importa si has tenido un día espantoso o estupendo o si has ganado un premio o si no te lo han dado. Con ellos tienes que dejar todas las preocupaciones en la puerta de casa y volver a conectarte con la realidad”.

Efectivamente, Blanchett tiene ahora otras prioridades. Sobre todo, cuando se trata de escoger el siguiente proyecto. “Antes de tener niños, mis preguntas a la hora de elegir un papel solían ser: cuál es el personaje, quién dirige, quién actúa, de qué va la historia... Ahora todo lo que le pregunto a mi agente es durante cuánto tiempo me necesitan y si el rodaje me va a tener apartada de los niños todo el día. No debería ser así, pero es la realidad”, dice Blanchett, que en 2004 decidió volver a Australia, después de una década viviendo en Inglaterra, para darles a sus hijos un hogar estable y definitivo.

Ni botox, ni crisis de edad

Aunque ya ha cumplido 43 años, asegura que la edad no le asusta. Es, por un lado, lo que contestaría cualquier actriz de su quinta con dos dedos de frente para no parecer una diva insoportable. Pero, para variar, sus motivos son razonados y razonables. “Elegí una formación teatral porque siempre he querido tener una trayectoria larga. Además, hay personajes maravillosos que no puedes interpretar con 30 años. Yo no quiero tener 25, me encantó tenerlos, pero ya no. Ni 31. Estoy feliz de ser quién soy ahora”, explica.

Por la misma razón, le ha declarado la guerra al botox y a la cirugía plástica. Quiere conservar el rostro expresivo que le sigue dando de comer. Además, le traería demasiados problemas en casa: su marido ha amenazado con divorciarse si cae en la tentación del bisturí. Probablemente, tampoco tiene tiempo para mirarse tanto en el espejo y caer por el agujero negro de la vanidad. Blanchett tiene la agenda repleta: será la musa de Terrence Malick en sus dos próximas cintas; la de Woody Allen en su siguiente película, y Barbra Streisand y George Clooney también cuentan con ella para sus nuevos proyectos detrás de la cámara. Por si todo esto fuera poco, protagonizará junto a Mia Wasikowska 'Carol', la adaptación de la obra del mismo nombre de Patricia Highsmith sobre una historia de amor entre dos mujeres que originalmente publicó con seudónimo.

Si a su escaso tiempo le restamos el que le dedica al teatro, a sus tres hijos y las horas de sueño para conservar una piel como la suya (es embajadora de la marca japonesa de cosméticos SKII), el día no es lo suficientemente largo como para que Blanchett lo malgaste siendo una estrella. De hecho, arrastra una de las reputaciones más saneadas de su gremio: no se le conocen pataletas o ademanes de diva y no es la actriz histriónica y narcisista que necesita que todo el mundo la admire. Tampoco se mueve en los círculos tóxicos de la celebridad. De hecho, sus mejores amigos son un artista visual y una trabajadora social. Y ha contado que, en privado, le encanta hacer el tonto y que tiene que obligarse a comportarse como un adulto cuando la ocasión lo exige. Como en esas alfombras rojas donde destila glamour... 

'El hobbit', guía rápida

El 14 de diciembre se estrena la primera parte de la trilogía 'El hobbit', todo un pilar de la literatura fantástica.

1. El principio. En 1928, a J.R.R. Tolkien, profesor en la Universidad de Oxford, se le ocurrió una frase: “En un agujero en el suelo vivía un hobbit”.
2. En resumen. Un pacífico hobbit, Bilbo, se ve empujado por 13 enanos y un mago a una aventura: robar el tesoro del malvado dragón Smaug.
3. ¡Hombres! En 'El hobbit' solo se menciona a una mujer: la madre de Bilbo. Tolkien se sentía incómodo con los personajes femeninos. La película recupera a Galadriel (Cate Blanchett) y se saca de la manga a otra elfa, encarnada por Evangeline Lily.
4. Visionario. El manuscrito llegó a la editorial Allen&Unwin en 1937. El hijo de 10 años de Unwin, Rayner, recomendó su publicación.
5. Mi tesoro. Se imprimieron 1.500 ejemplares. En 2008, uno de ellos se vendió por 75.000 €.
6. Racial. Para publicar 'El hobbit' en la Alemania nazi, se pidió a Tolkien que certificara su “raza aria”. Él respondió señalando el uso incorrecto que hacían los nazis de “ario” y lamentando no tener ancestros judíos.
7. ¿Hay más? Unwin le pidió una secuela y él la entregó... 12 años después. Se titulaba “El señor de los anillos”.

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