'Cincuenta sombras de Grey': ¿Un cuento de hadas para adultas?

Mujer leyendo playa

  • La psicoanalista Mariela Michelena nos descubre las claves de la novela que está excitando a lectoras de medio mundo. ¿Por qué las fantasías de algunas mujeres son tan poco feministas (y esconden tantas sombras)?

Buscaba una lectura ligera para el verano, cuando una amiga y otra amiga y otra me recomendaron 'Cincuenta sombras de Grey', de Erika Leonard James (Ed. Grijalblo). Había escuchado la polémica y, con la prevención que a veces despiertan los 'best-sellers', me interné en la Red y encontré comentarios del tipo: “Porno para mamás”; “adictiva y denigrante”, “echa por tierra los logros del feminismo”, “terapéutica y liberadora...”.

A medida que me adentraba en la historia, entendí que el contenido erótico no es suficiente para explicar que tantas estén aferradas a sus páginas y comprendí que 'Cincuenta sombras...' funciona como un mito y un cuento de hadas para adultas. El relato coloca fuera, en personajes de ficción, una fantasía femenina que con demasiada frecuencia se convierte en realidad: la entrega incondicional que hace decir “tus órdenes son mis deseos”, en nombre de una ilusión de redención que caracterizan esas relaciones infelices que describí en el libro 'Mujeres malqueridas' (Ed. La Esfera). Es decir, esa misteriosa contradicción entre el aspecto más denigrado de una pareja y el más idealizado.

La historia de la novela es simple: chicanormalita- conoce-chico-perfecto... o casi. El “casi” que ensombrece la perfección del príncipe es una infancia desgraciada con consecuencias, ya que (¡el pobre!) solo puede entablar relaciones sadomasoquistas de dominio y sumisión. Sus 'Cincuenta sombras...' darán lugar a una sucesión desenfrenada de encuentro sexuales perversos, bien descritos e indiscutiblemente estimulantes. “¡Una exageración!”, dirán algunos. Pero ¡por supuesto!, ya que los mitos tienen que ser exagerados para que cumplan su cometido. ¡Ningún hombre sensato se atrevería a matar a su padre para poder casarse con mamá! (como en Edipo). Y ninguna mujer del siglo XXI estaría dispuesta a firmar un acuerdo de rendición incondicional como el que Christian Grey le exige a Anastasia. El microscopio literario tiene ese efecto inquietante de exagerar los detalles hasta convertirlos en monstruosos, y en eso consiste su cualidad universal. Son historias tan desmesuradas que nos parecen muy alejadas de nuestra vida cotidiana pero, gracias a eso, podemos identificarnos en secreto con sus personajes sin tener que reconocernos en ellos. Eso explica la supervivencia de los mitos.

El relato se construye a través de la voz de Anastasia en un monólogo interior. Lo que piensa él no lo sabremos nunca, pero, ¿quién lo sabe? La autora se toma su tiempo para acercar al lector a su historia, como hace Christian con Anastasia ante el aterrador cuarto de juegos.

Perversidad. A medida que la protagonista se adentra en las sombras, empieza a dudar: “Quizás lo mejor sea retirarme ahora, pero la idea de no volver a verlo me resulta insoportable”. Y es que, de entrada, ninguna mujer en su sano juicio aceptaría una relación de maltrato abiertamente sado-masoquista, sin embargo, en dosis homeopáticas, el horror empieza a parecerle posible... “Total –se dice– tampoco duele tanto...”.

En una entrevista, la autora define a su protagonista como “ridículamente guapo y absurdamente rico”. Un príncipe azul; seguro de sí mismo, rico, atractivo y todopoderoso. Pero, ¿qué hombre no lo es a los ojos de una mujer enamorada que lo idealiza? Además, Christian es un perverso en toda regla y funciona en dos registros opuestos que conviven en paralelo sin entrar en conflicto: puede ser un hombre “amable y cuidadoso” y “un monstruo”. Además, es a la vez “un héroe romántico y un caballero oscuro”, o un hombre “extrovertido y al minuto siguiente distante”.

El entusiasmo con el que maltrata a su Anastasia solo puede compararse con la ternura con la que cura sus heridas. Pero, en realidad, no ha llegado a ser quien es por casualidad, le precede una infancia terrible, que recuerda a la de Edgar Allan Poe; pero, mientras Poe convirtió su tragedia en extraordinarios cuentos de terror, Grey se convirtió en un siniestro personaje de esos cuentos.

Sin duda, a lo largo de la historia busca a Anastasia, la cuida, la controla, la necesita, la protege, la mima... pero ¿la quiere bien? Según Christian, ella es una mujer “joven, fuerte, independiente, con muy mala opinión de sí misma”. Entre un encuentro sexual y el siguiente, nuestra heroína se dedica a deshojar la margarita: “¿Me quiere?, ¿no me quiere?”, dudando de a quién complacer, si a su aspecto más instintivo o a una especie de conciencia moral que le recrimina y la acaba salvando del peligro. Las Marías o Anas que recibo en mi consulta también dudan, se preguntan, saben a ciencia cierta que seguir junto a su Juan las hará sufrir, pero no pueden resistirse a la fuerza de sus propios deseos o al impulso de satisfacer los deseos de su pareja. Mujeres autónomas y exitosas, personifican el ideal de los logros feministas del siglo XX. Sin embargo, a veces, cuando se enamoran, igual que Anastasia, empiezan a claudicar en nimiedades: el largo del pelo, la estrechez de la falda, los vaqueros, los zapatos con o sin tacón, las relaciones con la familia o las amigas, los kilos de menos o de más, la economía, la frecuencia de los encuentros, los límites del compromiso, los hijos, las aficiones… No necesitan poner por escrito la rendición porque la firman a sangre con los hechos.

Darlo todo. La infancia desgraciada de Christian despierta el aspecto más maternal de Anastasia, su capacidad para “entregarlo todo por amor”. El problema surge cuando nos empeñamos en hacer de madres de un señor de 35 o de un millonario perverso de ojos grises. Este es el meollo de la historia, cuando parece que se cambian los papeles y la esclava empieza a sentirse todopoderosa y única responsable de la felicidad de su amo. ¡Quién puede resistirse a ser la dueña del destino de su dios! Algunas mujeres que recibo en mi consulta también sufren por amor, se entregan incondicionalmente, perdonan maltrato tras maltrato. Ellas también terminan aferradas al placer y al dolor que les produce el mal amor, olvidándose de sí mismas. Anastasia lleva hacia el extremo los rasgos de esas “malqueridas”: la idealización, la sumisión, la intermitencia, la dialéctica entre amo-esclavo, la obsesión por “la otra” y esa perniciosa omnipotencia maternal que nos anima a emprender campañas titánicas para salvar al otro de su propia vida, a costa de la nuestra. Es un espejo de aumento que asusta y en el que, sin saberlo, de alguna u otra manera se pueden reconocer los más de 30 millones de mujeres que devoran sus páginas.

CIFRAS CALIENTES
● Es el libro británico más vendido de todos los tiempos. Primero en las listas de más de 40 países, ha superado a “Harry Potter”, con más de 30 millones de copias vendidas.
● Sus libros han sido retirados de algunas bibliotecas públicas americanas por indecentes.
● Según Linda Murray, directora de BabyCenter.com, estaría provocando en una explosión demográfica, “ya que está actuando como afrodisiaco para muchas lectoras”.
● La nadadora olímpica Alicia Coutts publicó en Facebook que las integrantes del equipo de natación femenino de Australia estaban leyendo la novela para relajarse en Londres.

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