Han dejado de ser los secundarios de la asistencia sanitaria para afrontar mayor protagonismo gracias a su nueva titulación. Más preparados, pero tan cercanos como siempre.

"¿Por qué no estudias Medicina en lugar de Enfermería?”
, le preguntaban a Maddi sus familiares y amigos cuando estaba a punto de iniciar sus pasos en esta profesión. El padre de Virginia experimentó la misma frustración pasajera, y es que la Enfermería ha arrastrado el sambenito de ser considerada como “la hermana pequeña de la Medicina”.

Algo así como una carrera de segunda división para aquellos que no se sentían capaces de jugar en primera. Hoy, ellas son dos de los más de 255.000 enfermeros (con “o”, porque aunque no muchos, también hay chicos) que le ponen nombre a ese rostro amable, esa sonrisa reconfortante o esa palabra de ánimo cuando el paciente lo necesita.

La capacidad de ponerse en el lugar del paciente es imprescindible para ser un buen enfermero y eso no cambiará nunca, aunque hay otras muchas cosas que sí.
Las exigencias del nuevo Espacio Europeo de Educación Superior (lo que comúnmente se conoce como Plan Bolonia) ha jubilado los conceptos de diplomatura y licenciatura –excepto en Medicina y Arquitectura–; ahora los universitarios salen con el título de Grado bajo el brazo: una acreditación única y válida en todos los países europeos.

Esta consideración ha supuesto para la Enfermería una auténtica revolución, un reconocimiento a una disciplina con méritos propios.
Prometedor futuro Los tiempos avanzan y es hora de empezar a cambiar el chip. La enfermera ya no es aquella persona dependiente y siempre en segundo plano que se limitaba a asistir al médico. “La esencia de la profesión, que es el cuidado de las personas, no ha cambiado”, explica Mercedes Pérez Díez del Corral, decana de la Facultad de Enfermería de la Universidad de Navarra.

Sin embargo, sí ha experimentado una modificación de todo lo que ello conlleva.
“Hoy en día se entiende como parte de un equipo interdisciplinar, en el que la enfermera desarrolla su trabajo con autonomía, con competencia profesional, con capacidad para la toma de decisiones, la resolución de problemas, la gestión y el liderazgo”, añade. El Grado no solo sitúa a la Enfermería en el lugar que le corresponde, sino que abre un abanico de infinitas posibilidades: doctorados, especialidades, programas de investigación...

Las nuevas generaciones de enfermeros saldrán mejor preparados que nunca: cursarán cuatro años en lugar de tres para obtener su titulación y además podrán elegir entre siete especialidades: Enfermería Obstetro-Ginecológica, de la Salud Mental, Geriátrica, del Trabajo, de Cuidados Médico-Quirúrgicos, Familiar y Comunitaria y Pediátrica. Virginia La Rosa Salas, profesora de la Facultad de Enfermería de la U. de Navarra, tuvo que viajar a Londres para realizar su máster de Investigación y su doctorado.

A partir de ahora ya no será necesario cruzar fronteras para continuar los estudios hasta el máximo nivel académico. “Esto abrirá las puertas a la posibilidad de investigar y profundizar en los cuidados de enfermería, para que podamos proporcionar la mejor atención, basada en la evidencia científica y no simplemente en la tradición o rutina”, explica Virginia La Rosa. Con el nuevo Grado, las enfermeras tienen más competencias, como la prescripción de medicamentos, diagnósticos más complejos, ordenar pruebas y valorar resultados...

Pero la formación no lo es todo. Los conocimientos teóricos y prácticos son imprescindibles, pero no suficientes. Además, “es importante desarrollar aptitudes para el cuidado, la comunicación y el trabajo en equipo. Deben ser maduros, responsables, con iniciativa, con capacidad crítica y afán de superación”, señala la decana.

Material sensible


Y es que la suya es una tarea compleja que han de desempeñar con el material más sensible y delicado: las personas. Y no solo las enfermas. Se ocupan de cuidar al paciente, pero también a su familia y a su entorno social, tanto desde el punto de vista físico como emocional. Además, del aspecto asistencial, su labor implica otros ámbitos. “Hoy, la Enfermería juega un papel relevante en la promoción y educación de la salud”, explica Mercedes Pérez.

Aunque la crisis no ha pasado de largo por este sector y los recortes de presupuesto ha empujado a 20.000 profesionales a ejercer fuera de España, esta sigue siendo una profesión demandada. De hecho, según el último Informe sobre Recursos Humanos Sanitarios en España y la UE, elaborado por el Consejo General de Enfermería, España está a la cola de Europa en cuanto al número de enfermeros: 521 por 100.000 habitantes. Esto supone un 36% menos que la media europea. De tal forma que para ponernos al nivel de nuestros vecinos necesitaríamos 135.000 enfermeras más de las que tenemos. Aún queda mucho trecho por recorrer para alcanzar la excelencia, pero el primer paso por el buen camino ya está dado. Y futuro a esta profesión le sobra.