Julie Delpy: "El problema no es envejecer, sino morirse"

  • Neurótica, transgresora sin complejos y esquiva con las reglas del juego de Hollywood, Julie Delpy nunca ha querido encajar en el molde de las estrellas prefabricadas. Actriz, guionista y directora, la francesa retoma ahora, junto a Ethan Hawke, su papel más celebrado en “Antes del anochecer”, la última entrega de una trilogía de culto.

Su guardería fue la bohemia parisina. Con solo nueve años, Julie Delpy iba al cine para ver películas de Ingmar Bergman, visitaba exposiciones de Francis Bacon, pasaba más tiempo en las filmotecas que en los parques y, a la hora de la cena, en su casa solo se hablaba de teatro, política o lucha feminista. Sus padres, Albert Delpy y Marie Pillet, eran dos actores habituales de la escena teatral “avant-garde” parisina y aunque vivían con lo justo –no tuvieron baño en casa hasta que Julie cumplió ocho años–, se encargaron de enseñarle a su única hija a pensar, escribir y vivir haciendo de la libertad su forma de vida. Siendo adolescente, le mortificaba que su padre se transformara en el escenario o que se pusiera a bailar en mitad de la calle sin previo aviso. Pero, a pesar de ello, Delpy fue moldeando el mismo espíritu libre, apasionado e inconformista que siempre había visto en casa. Puede que esa fuera la razón de que no encajara en el colegio ni supiera lidiar con la autoridad de sus profesores. En Hollywood le pasó lo mismo. Siempre se ha sentido fuera de lugar y nunca ha querido seguir las reglas del juego. Quizá por eso, parece una broma que Delpy, una actriz poco comercial por convicción propia, acabe de estrenar la tercera parte de una trilogía cinematográfica.

Claro que no es un trilogía cualquiera. Nunca tuvo vocación de serlo, ni fue concebida para hacer multimillonarias a sus estrellas. En 1995, Delpy protagonizó, junto a Ethan Hawke, 'Antes del amanecer'. Aquella era una pequeña cinta “indie” dirigida por Richard Linklater sobre un joven escritor americano y una estudiante francesa que, después de encontrarse en un tren, decidían bajarse juntos en Viena, donde pasaban una noche mágica. Al amanecer, se despedían con palabras arrebatadas y la promesa de volver a encontrarse en la misma estación de tren seis meses más tarde. Pasó por la taquilla sin pena ni gloria, pero enamoró a la crítica y se convirtió en una película de culto.

Había que saciar la curiosidad de los fans. En 2004, 'Antes del atardecer' mostraba cómo Jesse y Celine se reencontraban en París nueve años después, pasaban la tarde coqueteando a orillas del Sena y un magistral fundido a negro en el clímax de su romance volvía a dejarnos con la miel en los labios. Eso sí, Delpy, Hawke y Linklater, que escribieron el guión en equipo, se llevaron una nominación al Oscar gracias a unos maratonianos diálogos sobre el amor y las relaciones, tan brillantes, incisivos y existencialistas que podrían haber salido de la máquina de escribir de Woody Allen.

Y ahora, nueve larguísimos años después de su tarde parisina, 'Antes del anochecer' (ya en cartelera) desvela por fin qué pasó después de aquel inoportuno fundido a negro. Esta vez, Jesse y Celine están en Grecia y... hasta aquí podemos leer para no estropearle a nadie la sorpresa. “La ventaja de haber trabajado juntos antes es que ya nos hemos perdido un poco el respeto... Cuando creo que han escrito algo horrible, se lo digo directamente. El ego está fuera de lugar. Ya hemos superado esa fase”, explica Delpy sobre su colaboración con Hawke y Linklater, con los que ha vuelto a firmar el guión de la película.

Lo curioso es que, después de escribir y protagonizar este sesudo ensayo de tres tomos sobre las relaciones, Delpy tiene una visión mucho más pragmática sobre el amor de lo que cabría esperar. “He leído muchos artículos científicos al respecto y está claro que enamorarse es cuestión de reacciones químicas. El objetivo es dar lugar a la mejor descendencia posible”, explica. El romanticismo vacuo también está fuera de lugar en la trilogía. Ahora más que nunca. Superados el flechazo y la tensión sexual de las dos primeras entregas, 'Antes del anochecer' explora la realidad agridulce de las relaciones duraderas, el desgaste de la convivencia, el fuego cruzado de reproches... “Si en esta película Celine y Jesse se hubieran dedicado a ligar de nuevo, habría sido una estafa, una tomadura de pelo hacia el público. Una estupidez”, asegura Julie con vehemencia. ¿Por qué? “Sería mentira. Yo veo comedias románticas estadounidenses en las que personas de 40 años tienen problemas propios de gente de 20. Y esa no es la realidad de los norteamericanos, es simplemente Hollywood. Nosotros, sin ser pretenciosos, hemos intentado ir un poco allá, hemos tratado de contar la verdad”.

Quizá por esa visión hiperrealista de la vida, del amor y del negocio del cine, Delpy nunca llegó a encontrar su lugar en Hollywood.
Y eso que podía presumir de un currículum brillante. Con 14 años, Jean-Luc Godard la descubrió y le dio su primera oportunidad en la cinta francesa “Detective”. “Guardo muy buenos recuerdos de aquella película. Godard puede ser una persona encantadora o muy cruel. Es un espejo de las personas con las que trabaja. Si tú eres una diva en potencia, te hará sentir como si estuvieras en el infierno. Pero yo tenía únicamente 14 años y me sentía feliz de estar en aquel rodaje. Y él fue muy amable y protector conmigo. Le admiraba mucho. ¡Era fan de su trabajo desde los nueve años!”, cuenta. Posteriormente, Bertrand Tavernier la convirtió en la protagonista de “La pasión de Beatrice” y Delpy utilizó el dinero que ganó en aquella película para trasladarse a Nueva York y estudiar cine allí.

Y después de protagonizar títulos como “Los tres mosqueteros” o “Tres colores: blanco”, su personaje en “Antes del amanecer” la puso en el punto de mira de Hollywood. Pero su primera cinta al otro lado del charco, “Un hombre lobo en París”, resultó ser un desastre en todos los sentidos. La película era mediocre y la experiencia le pareció decepcionante. Puede que tuviera mala suerte o que no supiera escoger, pero Delpy decidió que, si eso era Hollywood, ella no quería saber nada. “Allí no se trata de ser mejor o peor actriz, sino de llevar el vestido adecuado en cada ocasión. Así funciona esa ciudad”, ha llegado a decir.

Objetivo: escribir

Había cumplido 30 años y su carrera estaba en punto muerto. “No me ofrecían ningún proyecto que me interesara. No le importaba a nadie.
Mi agente me despidió porque estaba escribiendo “Antes del atardecer” y pensó que perdía el tiempo con “esa estúpida película”, como la llamaba”, explica. Pero fue precisamente aquel cruel (y avispadísimo) agente el que le abrió los ojos. “Aquello lo cambió todo. Me planteé qué quería hacer realmente con mi vida. “¿Quiero ser una actriz que espera junto al teléfono a que su agente la llame para ofrecerle un papel?”, me dije. Y me di cuenta de que esa vida no era para mí. Es genial si me llaman para ofrecerme un personaje, pero el resto del tiempo necesito escribir y hacer otras cosas. No quiero estar esperando sentada junto al teléfono”.

No era la primera vez que alguien trataba de echar por tierra sus aspiraciones literarias. Cuando, con 22 años, Delpy trabajó a las órdenes del dramaturgo y director Sam Shepard y aprovechó para leerle un par de líneas de uno de sus guiones, el cineasta le cortó abruptamente: “Eres una chica guapa. Continúa siendo eso”. Pero Delpy era mucho más que una cara bonita y el reconocimiento que acompañó al guión de “Antes del atardecer” le dio el empujón que necesitaba para escribir primero y dirigir después. Guardaba varias historias de ciencia ficción en un cajón, pero nadie parecía interesado en que una mujer dirigiera un thriller. Así que debutó con una comedia romántica, “Dos días en París”. Agridulce e incisiva, eso sí. Después hizo un inciso para dirigir la comedia coral “Le Skylab”, que ganó el Premio Especial del Jurado del Festival de San Sebastián. Y, en 2012, volvió al mismo personaje en la segunda parte de su cinta debut, “Dos días en Nueva York”. En esta ocasión lo hizo absolutamente todo: escribió, dirigió, actuó y hasta se encargó de la edición y de la música.

Y es que Julie no tiene miedo a meter mano en todos los oficios del cine. Pero nunca ha estado dispuesta a cumplir con los otros requisitos del gremio. Para empezar, siempre ha renunciado a la corrección política (por ejemplo, llamó a Nicolas Sarkozy su “enemigo número uno”). Tampoco ha consentido pasar las horas muertas en el gimnasio ni fustigarse si, después de su embarazo, no podía deshacerse de los consabidos kilos de más. Por no hablar de la fútil batalla contra las arrugas y la edad. “No pienso en eso. Sé que probablemente muchas actrices le dan vueltas, pero a mí me da lo mismo tener 40 años que 45. Mientras esté viva, todo está bien. El problema no es envejecer, sino morirse”, zanja.

Carácter propio

No son palabras vacías. Es pura militancia. Al contrario que otras actrices, que rehúyen la etiqueta feminista, Delpy la lleva muy gala. No en vano, su madre fue una de las firmantes de un manifiesto redactado por Simone de Beauvoir, que abrió el debate sobre la legalización del aborto en Francia.

Sin embargo, nunca ha ido de “superwoman” por la vida. De hecho, ha reconocido que es muy neurótica, que acude regularmente al terapeuta y que cuando nació su hijo Leo –fruto de su relación con el compositor de música alemán Marc Streitenfeld– sintió que su feminidad se desvanecía mientras ella se hundía en el pozo de las inseguridades. Cuatro años después, confiesa que lleva una vida monacal. Se dedica a su hijo y a escribir guiones. Ahora, tiene cinco historias diferentes sobre la mesa. Aun así, todo el mundo le hace la misma pregunta. ¿Volveremos a ver a Jesse y Celine? “Me da la impresión de que acabo de volver de Grecia y de que mañana mismo tengo que rodar una escena con Ethan... No podemos pensar en hacer otra ahora mismo. La intensidad de estas películas es tal que nos lleva nueve años recuperarnos”, bromea. La espera se antoja interminable... 

Muy personal

  • Sus padres la llamaron Julie como homenaje a la actriz Julie Christie.
  • Le encanta coser y confeccionar su propia ropa. Su armario está lleno de prendas vintage.
  • Es fan de Marilyn Monroe.
  • Le apasionan la ciencia ficción y las novelas fantásticas.
  • Tiene serios problemas de vista y no es capaz de ver en tres dimensiones.
  • Ha vivido en Los Ángeles, París y Nueva York. En 2001, adquirió la nacionalidad norteamericana, aunque conserva su pasaporte francés.

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