Unos tacones que desafían la gravedad son parte del uniforme oficial de cualquier actriz. Y cuando la “celebrity” en cuestión está embarazada, no queda más remedio que asumir que las estrellas de Hollywood están hechas de otra pasta.

Kate Hudson entra en una habitación de hotel de Los Ángeles
caminando grácilmente sobre sus altísimos zapatos mientras un vestido blanco y vaporoso deja en evidencia su estado. Puede que suene a tópico, pero irradia la belleza luminosa de las mamás en ciernes.

Será porque en su rostro apenas se aprecia maquillaje y, sin embargo, luce radiante, será por esa melena rubia digna de anuncio de champú o porque sus labios son incapaces de contener una sonrisa de pura felicidad. El bebé llegará durante el mes de junio, pero hasta entonces la actriz está de servicio promocionando su última “oposición” al puesto de reina de la comedia romántica. En “Algo prestado”, una película basada en la novela del mismo nombre de Emily Giffin que se estrena el 17 de junio, Hudson forma parte de un triángulo amoroso.

Después de una década haciendo méritos en Hollywood, ya no teme ni comparaciones ni reproches. Al revés. Cuando alguien menciona a su madre, Goldie Hawn, para mentar la pertinente comparación odiosa, ella sonríe y da las gracias. Lo considera un piropo. Están tan unidas que hablan hasta cinco veces al día. “Mi madre es la persona que mejor me conoce”, confiesa. Algo distraída –no separa la vista de su teléfono móvil– y entregada a su último antojo –masticar hielo–, la actriz nos habló de su carrera, de cómo fue crecer en una familia de actores y de la maternidad y sus incógnitas…

Mujer hoy. Vuelve a protagonizar una comedia romántica. ¿No le da miedo encasillarse en ese tipo de papeles?

Kate Hudson.
Si tienes éxito en cualquier género, te encasillan sin que tú puedas hacer nada por evitarlo. Adoro la fórmula de la comedia romántica porque suele ser divertida, pero en realidad, no he hecho tantas como la gente cree. Ni si quiera pienso que esta película pertenezca a ese género. Pero triunfar es difícil y por eso no hay que quejarse. No me preocupan las etiquetas. Soy actriz y lo único que quiero es hacer buenas películas, algunas serán un éxito y otras, un absoluto fracaso.

¿No cree que el género de la comedia romántica es un género plagado de clichés sobre las relaciones?

Es difícil evitar ciertos clichés, porque si haces una película sin esos lugares comunes, seguramente no llenará los cines. Y en eso consiste el negocio, ¿no? Por eso, también hago cintas como “El demonio bajo la piel” o “Nine”.

¿Es una romántica incurable?

¿Quién, yo? Sí, puede que tenga ese defecto…

Tiene un don para hacer reír a los demás. ¿De dónde viene esa vena cómica?


Crecí rodeada de gente que no se tomaba demasiado en serio a sí misma. Además, cuando tienes muchos hermanos, tienes que aprender a reírte de ti misma antes de que ellos se rían de ti. Quizá viene de ahí. Mis hermanos eran los del humor inteligente y yo, la de las imitaciones divertidas. Pero nunca fui la cómica de la familia.

Darcy, su personaje en la película, es divertida, superficial y egoísta. ¿Se parece en algo a ella?

Necesita que todo el mundo esté siempre pendiente de ella y ser el centro de atención. Y yo no puedo soportar eso. En el siguiente libro, el personaje tiene una gran revelación al quedarse embarazada. Toda su vida da un vuelco y trata de reinventarse. Me encantaría protagonizar esa secuela. Y si hubiera esperado un poco, podría haberla rodado embarazada de verdad (risas).

Su personaje no puede sobrevivir sin su mejor amiga. ¿Quién cumple ese rol en su vida?

Tengo un gran grupo de amigas. Muchas de ellas son actrices que trabajan en Hollywood, pero mi grupo de amistades más sólido es el de los tiempos del instituto. Las chicas nos necesitamos las unas a las otras. Siempre estamos hablando sobre las relaciones, el amor, los chicos, lo tontos que son a veces…

¿A quién acude en los momentos más críticos?

A mi madre, siempre. Hablo con ella cinco veces al día, siempre estamos mandándonos mensajes o fotos graciosas por el móvil. Tenemos una relación muy estrecha y especial.

¿Es ella la persona que mejor le conoce?

En mi casa siempre hemos estado en minoría y rodeadas de un montón de hombres: mis tres hermanos, mi padre, mis dos sobrinos, mi hijo… Por eso, mi madre es la persona que mejor me conoce.

¿Venir de una familia de actores le ha ayudado o ha sido un obstáculo en su carrera?

Después de llevar unos cuantos años en este negocio, me doy cuenta de la rareza que supone ser capaz de forjarte una carrera propia cuando eres el hijo de un icono. No pasa todos los días. Mis padres me han enseñado que lo importante es trabajar y mantenerte. Somos una familia muy comunicativa y me han apoyado mucho en todos los aspectos de la vida.

Supongo que también le ha ayudado a lidiar con la presión mediática que rodea a las “celebrities”

Sí, me ha ayudado a enfrentarme a la prensa, a las críticas y a todo lo que viene unido a este trabajo. Para algunas personas puede ser demasiado abrumador. Si no hubiera amado la interpretación de verdad, jamás hubiera elegido esta profesión porque he visto los altibajos que puede provocar este mundo en mi propia familia. Es una elección profesional muy tumultuosa porque ahora estás en la cima y al minuto siguiente, te encuentras abajo. Creo que la gran ventaja de venir de una familia de actores es que entendí desde el principio que el trabajo está antes que cualquier otra cosa.

Acaba de cumplir 32 años. ¿Qué tal le sienta hacerse mayor?

Mis 20 fueron muy intensos, pero cumplir 30 fue genial. Me encontré a mí misma y, por eso, no echo de menos la veintena. Tuve un hijo, me casé y supe lo que era tener una familia muy pronto. Por eso, al cumplir 30 no estaba deseando casarme ni me preocupaba no haber sido madre todavía o no haber encontrado a nadie con quien quisiera tener un hijo. Y creo que eso es lo que les pasa a muchas mujeres cuando llegan a esa edad. Para mí fue al revés, ya estaba lista y pensaba: “¡Va a ser genial!”. Estoy convencida de que los 40 serán igual de buenos. Para entonces, ya habré tenido a todos mis hijos y tendrán una edad que me permitirá hacer más cosas.

Está comprometida con el músico inglés Matthew Bellamy. ¿Dónde vivirán a partir de ahora?

Viajaremos de aquí para allá. Tenemos casas en Londres y Los Ángeles, que es donde yo vivo. Entre mi trabajo y el suyo, no tenemos otro remedio que ser una familia itinerante. Para mí era así incluso antes de conocerle. Cuando vivía con mi ex y con mi hijo era exactamente igual.

Está en la recta final de su embarazo. ¿Cómo se encuentra?

No estoy nerviosa, pero sí muy emocionada y feliz. ¡No puedo esperar más! Estoy llegando al final y me hago muchas preguntas: ¿Quién será esa persona que va a nacer? ¿Vendrá llorando o será tranquilo? ¿Tendrá los ojos abiertos o cerrados? ¿Tendrá pelo o estará calvo? [Risas].

Es su segundo hijo. ¿Afronta la maternidad de otra manera?

Ryder ya tiene siete años y te olvidas de lo que es tener un bebé recién nacido en casa. Estoy recordando esa etapa ahora que tengo que comprar la cuna, la ropita, los pañales... Pero esta vez es diferente porque ahora tengo un compañero. Además de mi maravilloso novio, tengo a mi hijo. Él también es parte de esta experiencia, está emocionado y dispuesto a ayudar. Esta vez hay más personas implicadas en el nuevo bebé y eso lo hace aún más especial. Siempre quise tener una gran familia aunque quizá había visualizo mi vida de otra manera. Pero todo está funcionando mejor de lo que nunca hubiera imaginado. No puedo esperar a saber si es niño o niña…

¿No lo sabe aún?

No, no lo sé. Me gusta que sea una sorpresa. Ryder también lo fue. Descubrirlo el mismo día que nace es increíble.

La dictadura de la estética en Hollywood es implacable. ¿Cree que sentirá la presión de recuperar su figura en cuestión de minutos?

No es para tanto. Con Ryder engordé 26 kilos, pero esta vez no he ganado tanto peso. Y no me preocupa. ¡Lo superaré!