María Dueñas: "Nunca he sido de lágrima fácil ni muy sentimental"

  • Antes de convertirme en escritora estuve dedicada en cuerpo y alma a la docencia. Soy profesora titular de la Universidad de Murcia en excedencia. Echo de menos mis clases y a mis alumnos, pero sé que algún día volveré. De momento, me he tomado dos años para poder escribir mi nueva novela, que os adelanto será muy distinta a la primera. No se parecerá en la estructura –ya que no mezclará ficción e historia–, ni será de espías o aventuras… pero será muy humana, con unos personajes que os atraparán desde el principio.

NO SOPORTO EL FRÍO.

Tengo dos hijos. Junto a ellos y mi marido vivo en Cartagena. Llegamos aquí porque Manolo, que es catedrático de Latín, aprobó la oposición en Madrid y le tocó Cartagena. Nos instalamos en un apartamento pequeñito, con idea de estar un tiempo y marcharnos, pero yo seguí con el doctorado que había iniciado en Estados Unidos y conseguí una plaza en la universidad. Además, ya no soporto el clima de ningún otro sitio, en todas partes tengo mucho frío en invierno. En casa me levanto temprano y en cuando me quedo sola me pongo manos a la obra.

Soy muy curranta y el hecho de haberme dedicado a la docencia y a la investigación ha hecho de mí una corredora de fondo a la hora de trabajar. Me puedo pasar las horas muertas frente al ordenador. De hecho, creo que las musas deben pillarte trabajando, pero en cuando la casa se vuelve a llenar, me dedico a mis “peques” de 16 y 13 años, mi principal fuente de “distracción”. Ellos son mi prioridad, aunque como tantas miles de mujeres, a veces tengo la sensación de que les robo mucho tiempo y sobrevuela sobre mí un cierto sentimiento de culpa.

En realidad, mi ritmo de vida me obliga a ir a salto de mata. Cuando nadie me ve
y me queda algo de tiempo libre –pocas veces, la verdad–, me encanta tumbarme en el sofá, bajo la manta, con un buen libro… Pero la verdad es que escribir es, más que un trabajo, un hobby. Una auténtica suerte.

Tengo siete hermanos. Seis de ellos viven en Madrid y uno en Luxemburgo. Mis padres viven en Ciudad Real, y, aunque estamos lejos, somos capaces de buscar huecos para vernos, casi siempre en Madrid. Somos bastante “clan”. A pesar de todo este lío de vida, aún me queda tiempo para viajar. Hace unos meses puse tierra de por medio y me fui a California. Una vez allí, la desconexión fue total y absoluta. Me encanta evadirme de la cotidianidad y la rutina para volver con las pilas cargadas. Ahora, de momento, los viajes tendrán que esperar, porque el único que me apetece ahora mismo es al universo de mi nueva novela.