María León: "Ser pobre de alma me da más miedo que no tener dinero"

Maria León posa con blusa de Vidriera y short de Juan Vidal La actriz con Blusa Vidriera y short amarillo de Juan Vidal y sandalias de Ferragamo. (FOTOS: CHESCO LÓPEZ).

No se corta. Es intensa, natural, divertida y una de las actrices más dotadas de su generación. Tras triunfar en los últimos Goya, este domingo podría ganar el segundo gracias a “Carmina o revienta”, una película hecha en familia donde el drama es puro humor. Y viceversa

Sale del taxi con desparpajo, acalorada (camisa con transparencias, jeans ajustados, cara lavada, el pelo recogido en un moño tirante y chaqueta en la mano), despidiéndose del conductor como si fuese de la familia. Es castaña clara, con los ojos azules casi transparentes, y un cuerpo menudo y sexy. ¿Se puede ser rubia y racial? Ella lo es. Coincidimos en la puerta del estudio, igual de despistadas. Me cuenta que el taxista le ha pedido una foto y ha parado el tráfico para hacerla en medio de la carretera: “Casi me atropellan”.

Son las 11 de la mañana y, aunque ya ha desayunado, se lanza sobre los cruasanes. “Yo es que como mucho y no engordo. Es por los nervios”, dice. Y el resto la miramos con envidia. Con el café recordamos anécdotas de la fiesta de los premios de Mujer hoy, en diciembre, y le pregunto de qué estuvo hablando con la princesa Letizia. “No hablé, fue ella la que vino a hablar conmigo –dice con un punto de orgullo–. Se acercó a mí con una sonrisa, me dijo que estaba encantada de conocerme y que felicitara a mi hermano y a mi madre por el trabajo que habíamos hecho. Me sorprendió ver que estaba informadísima. Pero no fui capaz de articular palabra: me puse tan nerviosa que me quedé sin respiración”.

María, con su expresividad, su pasión y su hipérbole, es una moderna Lola Flores, una referencia, con la que se siente identificada. “Yo es que soy muy folclórica y muy fanática de Lola. De verdad, te podría decir monólogos enteros de “El coraje de vivir”. Y es que María es de las que exprime la retórica de la exageración. Cuando ve los modelitos de Dior en las perchas, lanza un grito. “Con estos colores tan toreros [rosa y fucsia] me pongo a llorar”. Aunque luego confesará que no es una mujer de lágrima fácil. ¿La última vez que se emocionó? “En el Festival de Valladolid, cuando me vi recogiendo el Goya. Pero no por mí, sino porque me di cuenta de lo nervioso que estaba Paco esa noche”.

A lo largo de la conversación se hace patente que Paco León es una figura crucial en su vida, no solo por lo mucho que le admira sino, sobre todo, porque valora su opinión de hermano mayor y “de artista”
. El actor, muy conocido por su personaje de Luisma en la serie “Aída”, sorprendió el pasado verano con su primer trabajo como director, “Carmina o revienta”, una comedia rara (¿un falso documental?) protagonizado por su propia madre y donde todo lo que ocurre en pantalla es auténtico e inventado a la vez. Un historia (entre lo irreal y lo hiperrealista) de fondas en mitad de la carretera, jamones, hijas sin graduado escolar y suburbios sucios, que adquiere la consistencia de la metáfora.

Pase lo que pase la noche de los Goya, la Academia ya ha reconocido el talento y la iconoclastia de la película nominando a la madre (mejor actriz revelación) y a los dos hermanos (como director novel y actriz secundaria).


Mujer hoy. ¿Cómo acabó la noche de los Goya del año pasado?
María León:
Lo celebramos en mi casa, cantando y bailando, con Inma Cuesta, sus padres y los míos. Pero me fui pronto a la cama porque a las siete de la mañana tenía que rodar “Con el culo al aire”. Los de producción no pudieron hacer una excepción, así que todavía me estoy acordando de ellos...

P: ¿Tienen ya la ropa para la gran noche? ¿Están nerviosos?
R: Estamos atacados... Todavía no tenemos nada. Solo miramos. Como ahora nos hemos traído a la madre para que nos acompañe, somos un espectáculo: vamos los tres juntos de la mano a las tiendas como si fuéramos la familia feliz. [Risas].

P: ¿Carmina está en su casa o en la de Paco?

R: En la suya propia. Muy cerquita de la mía y de la de mi hermano, así que estamos juntos pero no revueltos.

P: ¿Es verdad que hablan seis veces al día?
R: O más. Nos comentamos todos los movimientos. Telefónica tendría que ponernos un monumento.

P: ¿Y cuándo ha sido la última vez que la ha llamado?

R: Esta mañana, cuando nos hemos despertado las dos. Yo le he dicho: “Buenos días madre, ¿cómo estás? Nos vemos para desayunar”. Y hemos desayunado, como Dios manda, unas tostadas con jamón y un café con leche en el bar de la esquina.

P: Un crítico ha dicho que su madre es como una “Mae West caída de una galaxia no tan lejana”.

R: Su talento para la interpretación también ha sido una sorpresa para nosotros. Cuando actuaba al lado de ella, Paco me decía: “Lo estás haciendo fatal. Lo siento Mari, pero mamá te está ganando”. Ya sabíamos que era muy buena contadora de historias. De hecho, cuando éramos pequeños nos tenía completamente acojonados con las historias que nos contaba para dormir porque no dudábamos de que todo era verdad. Mi madre tiene muchísima fantasía. Ha demostrado que sabe interpretar con un guión y engañar a la cámara y a sus propios hijos.

P: ¿Es real la anécdota que cuenta en la película de que empezó a fumar con siete años porque recogía colillas para su abuelo?
R: Muchas de las cosas que cuenta en la película son anécdotas con una parte de verdad que ella exagera hasta el extremo. Yo con siete años no me la veo fumando, más que nada porque su padre era guardia civil y supongo que del guantazo la habría dejado seca.

P: ¿Cuándo se dio cuenta de que su madre era una mujer tan especial?

R: Eso lo hemos sabido en mi casa siempre, porque mi madre es una mujer con una personalidad muy peculiar, una Lola Flores, en el sentido de que es una mujer de una pieza, gente que pisa con una seguridad y una tranquilidad consigo misma que deja muda. Ella es como es. Mi padre siempre lo ha dicho: “Me enamoré de ella porque era diferente”.

P: Todo suena muy idílico. Alguna vez tendrán que pelearse...
R: No, la verdad es que no. Yo le cuento mi día a día, mis amigos, mis novios, mis salidas, mis entradas... ella se lo sabe todo. Somos muy colegas. A veces nos peleamos, como toda madre e hija, porque nos queremos reeducar la una a la otra... pero son más las risas. Nos reímos sin parar.

P: En la película hace de madre. ¿Se imagina con una hija a su edad?

R: ¡Qué va! Para nada. Y el caso es que a mí me encantan los niños. Pero en este momento tengo muy claro que necesito dedicarme a mí y a mi profesión. En el futuro, sí me gustaría ser una Carmina, tener muchos hijos a mi alrededor y que se sintieran tan orgullosos de su madre como nosotros nos sentimos de ella. Pero ahora la cosa de poder educar y cuidar a una personita me parece muy complicado.

P: Si se hubiese quedado en Sevilla y no se hubiera dedicado a la interpretación, ¿cree que se parecería en algo a su personaje, una especie de “nini”, madre soltera y completamente perdida?
R: Probablemente... O no, no lo sé. Ese personaje de María es alguien que por desgracia existe en España entera, sobre todo en esta última generación. Gente que se ha quedado estancada en no estudiar, en no saber lo que hacer; que se pone a parir los hijos para criarlos de cualquier manera. Me parece muy oportuno el mensaje social de que tenemos que ponernos las pilas. Hay mucha gente que ha perdido el tren de la educación, tanto en Sevilla, como Madrid o en Cataluña. En todas partes, especialmente en las ciudades pequeñas, hay esa inconsciencia de querer vivir antes de tiempo, sin rumbo ni proyecto. A mí me gustaría decir que habría sido imposible, pero nunca se sabe, porque en Sevilla das una patada y te salen más niñas de 15 años con hijos que con estudios.

P: ¿Tiene alguna amiga así?
R: No, pero si tuviera alguna ya me encargaría yo de darle un “cosqui” y espabilarla. El personaje de María no es una mala chica y tiene buena intención, pero lo que más la caracteriza es su inconsciencia. Solo piensa en juerga y flamenco, y no hace más que estorbar y parir los hijos como si fueran chicles. Es una niña que pare una hija, pero sigue siendo niña.

P: Ha perdido la noción de la realidad.

R: Totalmente, ella vive en el “chonismo”, y en el mundo de las argollas y de las tetas. Está en otras cosas.

P: ¿Alguna vez le ha dado miedo la pobreza o la carencia económica?
R: No, nunca. Y tampoco es que en mi casa hayamos tenido nada, pero a mí la pobreza de la persona, la pobreza del alma, me da mucho más miedo que no tener dinero. Al fin y al cabo, uno siempre aprende a sobrevivir. Si no es trabajando en un bar, es haciendo pan. Y no pasa nada. La gente vive así con dignididad. Con una papa y un huevo se come.

P: ¿Es cierto que, como su personaje, cuando era jovencita, trabajó en unos grandes almacenes?

R: Trabajé en Cortefiel, pero de prácticas, recién cumplidos los 18. También en una clínica de estética tres horas por la mañana. Mi madre no quería, decía que no me hacía falta, pero yo compatibilizaba los estudios con el trabajo y así podía tener mi dinerillo. Me buscaba trabajillos para tener mi independencia y poder pagarme mi ropa, porque yo siempre he sido muy presumida y quería zapatos muy caros y mi madre me decía que no podía ser...

P: ¿Recuerda qué se compró con el primer sueldo?
R: Perfectamente, unas Salomon, que eran unas botas de montaña que se llevaban en esa época y eran carísimas: costaban 16.000 pesetas. Mi madre me regaló 6.000 y yo tenía que poner las otras 10.000.

P: ¿Y con el primer sueldo bueno de la televisión?
R: Pagarme los estudios. Porque no es fácil estar en Madrid, estudiar interpretación y buscarse la vida. Por suerte, gracias a mi hermano, no me iba a faltar de nada, pero yo vine aquí a estudiar y siempre me lo he pagado todo.

P: ¿Ha sido un lastre o le ha abierto puertas ser “hermana de”?

R: Ni una cosa ni otra. Si me ha beneficiado es por tener cerca de mí a un artista de esa categoría; y si me ha perjudicado es porque algunos decían cosas... pero el año pasado creo que ya cerré bastantes bocas.

P: Supongo que su madre se hincharía a llorar con “La voz dormida”...

R: No creas, mi madre no llora mucho. En el estreno, Carmina estaba sufriendo por ver si la gente aplaudía. Mi padre sí se emocionó muchísimo con la película.

P: He leído que en la familia de su padre hay payasos y gente del circo. ¿Es cierto?

R: Sí, por parte de los Barrio somos guardia civiles, y por parte de los León, payasos. ¿No conoces al Trío León? Están dando la vuelta al mundo. Mis primos y tíos León son payasos, músicos, escritores... todos muy artistas. Es que en mi casa siempre lo hemos vivido así, es una leche que hemos mamado, el mundo del espectáculo...

P: ¿Es verdad que recogió la Concha de Plata de San Sebastián, por “La voz dormida”, sin bragas?

P: Es verdad, sí señor, pero lo hice por una cosa muy impulsiva. Por miedo, porque sentía que volaba y la única opción que tenía era quitarme las bragas para decirme a mí misma: “No te caigas, porque se te puede ver todo”. Porque cuando te dan una Concha de Plata es una cosa tan grande que tú también te puedes ir volando con ella. Yo necesitaba estar en la tierra consciente de lo que me estaba pasando.

Muy personal

  • ¿Se siente capaz de hacer un personaje con acento de Valladolid? Por supuesto. Los acentos son colores que tienen los personajes, como el vestuario. Yo no tengo más acento que alguien de Madrid, solo tengo otro.
  • ¿Quién cuenta los chistes en su casa? Mis tíos. Todo el mundo piensa que Paco, pero es el más soso de la familia.
  • ¿Su hermano militar también es un poco payaso o es serio? Serio para nada. Mi hermano Alejandro es un ser con una luz y una simpatía únicas... Y cuenta más chistes que Paco.
  • ¿En su familia se cantan villancicos en Nochebuena a la sobremesa? Muchísimos, pero sin orden ni concierto. Nosotros en la mesa de Navidad somos casi 100 personas.
  • ¿Y caben? Sí, en casa del abuelo, que tiene un patio precioso con un vivero y montamos una fiesta entre todos. Madres y tías cocinan, los primos montamos un tablao... Somos más de 60 de sobrinos y además siempre se acercan amigos.

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