Viajes

"El contraste entre el caos y la espiritualidad me ha impactado"

"El contraste entre el caos y la espiritualidad me ha impactado"

Lara Alonso estuvo en Calcuta el pasado verano, como cooperante con las Misioneras de la Caridad, pero todavía no ha asimilado lo que vivió allí. Calcuta es, con Bombay y Delhi, la mayor aglomeración urbana de India. Quince millones de habitantes, millón más o menos, porque muchos no están censados. Y, aunque ya no es la capital de la miseria que conoció la Madre Teresa, sigue siendo todo un símbolo del lado oscuro de un país con 700 millones de pobres. “El impacto del primer día, nada más pisar tierra, fue tremendo. Se me empañaron las gafas de una humedad del 90%. Había miles y miles de personas en el aeropuerto, deambulando y viviendo por allí. Era un caos... No podía imaginar un sitio tan loco. Cometimos el error de salir a dar una vuelta por Calcuta con un mapa, como en cualquier otra ciudad. Fue imposible. No encontramos la casa de las monjas y casi tampoco el hotel para volver. Nada correspondía con el mapa y, aunque no sientes inseguridad, te encuentras perdida”. Lara, de 22 años y estudiante de Antropología, ha sido cooperante en Ecuador y en Senegal. Ha viajado por Estados Unidos y Marruecos, ha vivido en Francia... Y, de esos países, India es el que más le ha impresionado. “En la calle se mezclan cientos de personas, carnes colgadas en los puestos, niños desnudos, vertederos al aire libre, vacas sagradas, cuervos picoteando en los detritus. El olor, la gente viviendo en la calle... No era lo que había imaginado. Al principio es desagradable. Y no te explicas cómo pueden ser tan amables y pacíficos”. Pero allí la primera impresión casi nunca corresponde a la realidad. Lara estuvo trabajando en un horfanato y dando clases a niños de la calle. “Mi trabajo era muy bonito. Los más pequeños te echaban los brazos al cuello y era imposible no achucharlos, como nos decían las monjas, para no pegarles resfriados ni nada. Estaban bien cuidados pero eran muchos y necesitaban el cariño de alguien cercano.” Lara también quiso ver la India de las ciudades sagradas como Venarés, la del Taj Mahal. “El contraste entre el caos absoluto y la espiritualidad es lo que más me ha impactado. La mayoría de los habitantes de la India no son nadie, no existen. Pero a pesar de su miseria, defienden una especie de paz interior que les permite vivir tranquilos. Es otro mundo”.