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Helena Rubinstein y Elizabeth Arden: odiosas y enemigas

Este enfrentamiento tiene todas las características para convertirse en un hit: ellas eran malas, ricas, famosas y se detestaban terriblemente

Helena Rubinstein y Elizabeth Arden, enemigas en el mundo beauty
Helena Rubinstein y Elizabeth Arden, enemigas en el mundo beauty Cordon PRess

Aunque las historias de amistad eterna los enternecen, son las crónicas de la enemistad y el odio feroz las que más nos entretienen. Hollywood lo sabe, de ahí el triunfo total de series monográficas como “Feud”, que nos presenta en cada temporada un enfrentamiento épico (Bette Davis vs. Joan Crawford, Carlos vs. Lady Di). El enfrentamiento que nos ocupa tiene todas las características para convertirse en un hit: ellas eran malas, ricas, famosas y se detestaban terriblemente. Tanto es así, que Broadway acaba de estrenar un musical que cuenta su historia. Se trata de Helena Rubinstein y Elizabeth Arden, genias de la cosmética con un genio temible.

Rubinstein y Arden apenas se conocieron en persona. Solo se vieron una vez, en un restaurante y de lejos. Su odio era estrictamente comercial: ambas quisieron ser las únicas que vendían barras de la bios y rímel a las mujeres de la posguerra. En realidad, Helena y Elizabeth se parecían muchísimo: sus orígenes eran humildes, no tenía formación para los negocios y se imponían a base de aterrorizar a sus plantillas, hacer espionaje industrial y copiar a su rival. Su historia de enemistad tiene que ver con su competencia comercial pero, también, por reconocerse la una en la otra. Cuando se insultaban también coincidían: se llamaban ordinarias.

En “War Paint”, la biografía escrita por Lindy Woodhead en la que se basa el musical, se cuenta una anécdota que retrata muy bien la relación entre estas dos mujeres ricas pero amargadas. Cuando, en 1959, Madame Rubinstein (así se hacía llamar) se enteró de que Elizabeth Arden casi se queda sin un dedo mientras daba de comer a uno de sus caballos, comentó, malvada: “¿Y qué le pasó al caballo?”. Su guerra cosmética llegó a tal extremo, que Madame contrató al ex marido de Arden para saber de cómo llevaba el negocio. Antes, Arden había fichado a una docena de empleados de primera línea de su rival. Y cuando Madame se casó por segunda vez con un príncipe, Arden se buscó otro. A las dos les salió igual de mal.

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