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Isabel Terroso, la sombrerera prodifgiosa

Balel, el taller de sombreros de Isabel Terroso en madrid, es un templo de la artesanía. Porque la elegancia, sin duda, empieza siempre por la cabeza

Isabel Terroso, la sombrerera prodigiosa
Isabel Terroso, la sombrerera prodigiosa J. García

Poca gente es capaz de reconocer la calidad de la auténtica sombrerería. Esa en la que los materiales son cuidadosamente seleccionados, la elaboración es completamente manual y esmerada y el resultado no pasa de moda jamás. Isabel Terroso se dedica a ella con pasión en Balel, su "atelier" del barrio de Salamanca madrileño. Un espacio al que acuden todo tipo de clientas: algunas traen en la cabeza exactamente lo que quieren lucir y otras traen solo su curiosidad. "Normalmente se dejan aconsejar porque vienen bastante perdidas -asegura la creadora-. En España hay poca cosa, sombreritos de calle o, como yo los llamo, artefactos exagerados para ir de boda. Así que cuando llegan aquí se sorprenden y me dicen que esto no lo veían desde hace 40 o 50 años. Y precisamente eso es lo que quiero recuperar. Siempre me inclino hacia la sombrerería antigua, al encanto de lo sencillo, de lo bien hecho. No por recargar más los diseños eres más original o innovador. Para mí, es una falta de ideas: cuando ya no saben qué hacer y lo ponen todo. Un buen diseño es algo en lo que ni sobra ni falta nada. Es equilibrio y eso es difícil de conseguir. Pero se puede, solo hay que dedicarle muchas horas", nos cuenta.

El estudio de Isabel Terroso
El estudio de Isabel Terroso

Es lo que ella hace desde que hace cinco años dejó su trabajo como ingeniera y se dedicó a la sombrerería a tiempo completo. "Un día estaba en la calle con una boina que me había hecho yo misma y que tenía forma de hoja. Me paró una mujer y resultó ser una clienta de Chanel y de Dior que, al poco tiempo, estaba en mi taller. Desde entonces, no he dejado de hacer sombreros -confiesa-. Esta es una vida de dedicación absoluta. Para una sola pieza puedo tardar de dos a tres semanas". Se entiende: en cada una de ellas utiliza los mejores materiales, aunque no sean fáciles de encontrar. "No me conformo con fieltros malos, paja o papel".

Los sombreros de Isabel Terroso
J. García Los sombreros de Isabel Terroso
Los sombreros de Isabel Terroso
J. García Los sombreros de Isabel Terroso
Los sombreros de Isabel Terroso
J. García Los sombreros de Isabel Terroso

Isabel es una amante del trabajo bien hecho, incluso más allá de su oficio. "Las firmas de "low cost" se han encargado de que se nos olvide lo que es un buen patronaje, un buen corte. Una prenda que se adapte a ti y te acompañe toda tu vida, que tenga tu esencia, tus recuerdos y tus vivencias. Hay que tener menos cosas y que evolucionen a tu lado, comprar menos y quererlas más", asegura. Y esa es la filosofía que aplica a sus sombreros: "Hay que encontrar el que te siente, te guste y te quede bien. Y llevarlo mucho, hacerlo tuyo; porque cuanto más lo usas, más cómodo te parece. No te tienes que acordar de que lo llevas puesto, por eso hay que sujetarlo muy bien, ahí está la clave", aconseja.

La buena horma

Y no se trata de una tarea sencilla. "En nuestro país hemos perdido la costumbre de llevar sombreros. Es como quien lleva años sin usar tacones y un día se pone unos zapatos de 16 centímetros: cuesta. Pero cada mujer tiene el suyo. A mí me gusta saberlo todo de una clienta, sus gustos y su personalidad. Cuanto más sepa sobre ella, mejor lo llevará. Creo que todas deberíamos tener el nuestro, desde una niña de tres años hasta una señora de 80. Lo paradójico es que la gente joven se atreva a vestir cualquier cosa, pero se asuste con los sombreros. Estoy convencida de que para llevarlo bien hace falta un punto de madurez", asegura.

El estudio de Isabel Terroso
El estudio de Isabel Terroso

Y es que, según Isabel Terroso, el sombrero es un accesorio que cambia por completo un estilismo, "pero también la imagen que transmites, porque proyecta seguridad. Ahora se están poniendo otra vez de moda, pero a mí me gusta mantener los diseños de los años 40 y 50, siempre con un punto de tendencia en el color o el tejido". ¿Y si tuviera que elegir un modelo? "Probablemente, un canotier -responde de inmediato-. O una boina". El mismo modelo con el que empezó todo.


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