La edición 56 de la Mercedes Benz Fashion Week Madrid, a la que irremediablemente seguimos llamando Cibeles, ha tenido sus luces, pero también sus sombras. Tras cinco jornadas maratonianas en las que hemos presenciado las colecciones de la próxima primavera-verano de 29 creadores nos despedimos con un sabor agridulce. Las propuestas de los jóvenes han sido más innovadoras y atrevidas que las de los consagrados, quienes caen en el inmovilismo.
No debemos perder de vista que el telón de fondo de Semana de la Moda de Madrid es un mercado nacional inerte. Los 29 diseñadores que se han dado cita dentro y fuera de Ifema han buscado la inspiración para sus colecciones en un entorno poco favorecedor y con el viento en contra. Los impagos, embargos y cierres de tiendas han obligado a muchos a rendirse ante los encantos del mercado extranjero y ofrecer propuestas que gusten a las clientas rusas, chinas, árabes o latinas. Otros ni siquiera han llegado a ese nivel y se han conformado con ofrecer más de lo mismo, sin arriesgar. Sin embargo, hay que reconocer que ha habido propuestas bellas, originales y, sobre todo, con un trabajo de costura reseñable, como es el caso de Duyos y Teresa Helbig. Así pues, entre el inmovilismo de unos y las ganas de triunfar de otros, destacamos los mejores y los peores detalles de esta edición 56 de la Mercedes-Benz Fashion Week:
España como bandera. Roberto Verino, Juana Martín y Francis Montesinos reconocen abiertamente que su mercado está fuera de nuestras fronteras. Y para captarlo han materializado la imagen más folclórica de España en sus prendas, "huyendo de los tópicos" como matiza Roberto Verino. De ahí su "Spanish pride attitude" a la salida de su camerino para transmitir fuerza y sentimiento español a las modelos. Así pues, hemos visto capotes y monteras reinterpretadas en cuellos, capas y hombreras de la mano de Juana Martín; mucho rojo, flores, talle alto en los pantalones y volante en Verino y estampados de la Sagrada Familia o la Puerta de Alcalá, en Montesinos.
Los accesorios son moda. El desfile de Davildefín, ganador del Premio L'Oréal París a la mejor colección, tuvo un gran protagonista en la sombra (a parte de todas las celebrities que llevó para su show): su pareja Pelayo Diaz. Los bolsos escolares en colores vivos que creó para la colección Nowadays fueron todo un acierto.
Por su parte, Patricia Nicolás fue una de las responsables del éxito de la propuesta de Maya Hansen. La diseñadora de joyas colaboró estrechamente con la corsetera para crear magníficas piezas distintos materiales.
Los hermanos Ailanto también acertaron con sus collares XXL en cobre y latón, materiales empelados en su recién inuagurda tienda de Madrid. Así mismo, las pamelas a juego con los vestidos creados por Ion Fiz y Gastón y Daniela, fueron un golpe de efecto.
Estampados como marca. Iñaki y Aitor Muñoz, Ailanto, volvieron a sorprender con sus estampados, en esta ocasión inspirados en una Villa venezolana. Para primavera-verano, los gemelos proponen tucanes y cacatúas, así como los elementos vegetales de la Villa Planchart, tanto los de la naturaleza como los que había en cerámicas de porcelana de la casa.
Mientras, Maya Hansen también sorprendió con unos estampados muy orginales inspirados en los rituales fúnebres méxicanos. Color, diversión y originalidad fueron su sello.
La búsqueda de la mujer sensual. Duyos y Teresa Helbig fueron junto a Del Pozo, las colecciones más sensuales y "bonitas". Las tres han sabido transmitir, a través de un trabajo de costura impecable, el mensaje de una mujer delicada, romántica y chic. Sita Murt, con un ojo fuera de nuestras fronteras, respira el mismo aire.
De la Pasarela a la calle. La reconversión de Carlos Díez Díez ha sorprendido a propios y extraños. Su colección más "ponible", 100% blanca y con gaviotas como único estampado, ha dejado claro que es el momento de hacer prendas comerciales. Davidelfín, María Escoté y Maya Hansen han optado por la misma solución.
Más de lo mismo. En esta edición, las propuestas más originales las han aportado los diseñadores menos consagrados. Los denominados grandes no han querido arriesgar y han ofrecido más de lo mismo, con un inmovilismo dramático. La idea de que l crisis es sinónimo de creatividad, en Ifema no se ha cumplido.