Alaska y Mario, ¡qué complicidad!

Por circunstancias diversas, he estado casi dos años sin apenas ver la televisión española. Y ahora que me acabo de comprar una, corro a ver el reality de Alaska y Mario. ¡Me moría de ganas! Los veo casarse y recasarse en Las Vegas, en el juzgado de la calle Pradillo, en la terraza del Hotel Emperador... ¡Qué derroche de celebraciones, besos, cariño, promesas, amigos, familiares!

Alaska siempre me pareció una mujer interesante y muy sensata bajo sus looks extravagantes y rompedores. Las de mi quinta recordaréis sus apariciones en 'La bola de cristal', aquel programa ochentero para niños inteligentes…

Pero, aunque no es fácil, parece que su marido la ha eclipsado. ¡Qué personaje! Políticamente incorrecto (“Pesas 56 kilos, ¡qué suerte!” le dice a su amig@, la Nancy Travesti), Mario se niega a dar dinero para las ONG y los animales, pero se lo da todo a sus amigos. Con su horroroso inglés, su falta de complejos, su espontaneidad, él es la parte femenina de la relación. Alaska, toda sensatez y reflexión, es “el hombre”.

La vida de esta pareja tan bien avenida podría resumirse, como dice mi amiga A. (otra fan), en coger taxis para ir a eventos. ¿Qué está todo preparado, que siguen un guión, que actúan para la galería? Pues seguramente. Pero en lo esencial no creo que finjan. Ellos son así. Impostados, artificiales, frívolos y, sin embargo, auténticos. Por eso me fascina seguir sus andanzas.

Por eso y por la complicidad que derrochan. Cuando pasan la tarde comprando fotos de sus ídolos 'trash' en eBay, los dos con sus Mac blancos a juego en su barroco piso de la Gran Vía, y de repente se acuerdan de que tienen 30 paquetes sin abrir en el piso de arriba y corren a verlos como niños. El modo en que se miran, se besan, se aguantan, en que a Mario se le quiebra por un segundo el personaje al recordar a su hermano muerto durante su discurso en la cena de la boda y ahí está ella (su “Olvi”), mirándolo con todo el amor del mundo.

Tensión sexual se ve poca, la verdad, y esa es otra de las razones por la que esta pareja nos fascina. ¿Lo hacen o no lo hacen?, nos preguntamos todos (¿o no?) ¿Pero él no es gay...? Qué más da. Son dos divas de las de antes. De las que se hacen a sí mismas. Y se aman. Desde mi sofá y frente a mi tele nueva solo puedo decir, al modo políticamente incorrecto de Mario... “Cuánto amor. ¡Qué envidia!”

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Autora Paloma Corredor

Periodista y escritora.

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Paloma Corredor
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¡Hola! Bienvenidos a El juego del amor, un blog sobre las relaciones, el amor y la pareja. Famosos y anónimos, ricos y pobres, todos somos iguales en la búsqueda de la felicidad. Eso sí, las cosas han cambiado mucho. En pleno siglo XXI, Cupido lanza flechas de todos los tipos, tamaños y colores. Y como nos encanta hablar sobre estos asuntos, os invito a leer y comentar mis posts.