La faja y la seducción

Beyoncé, Paris Hilton, Jennifer López, Kim Kardashian... El especial de la revista Cuore que devoro junto con el desayuno me lo deja clarito: todas llevan faja y/o corsé y/o push up.

Recuerdo cuando era pequeña y me horrorizaban las fajotas color carne de mi madre, de esas casi hasta la rodilla y de las que ella no se separaba ni en verano. Yo siempre juré que jamás me pondría una cosa así, aunque mi madre decía que eran estupendas para ocultar la tripa. Y como tenía razón, pues la verdad es que dejé que me comprara una y hasta alguna vez me la puse.

Lo que nunca pensé es que se pondrían de moda. Pero claro, las fajas de ahora son mucho más monas. Y son negras. Yo he sucumbido como las celebrities. Tengo una braga-faja ideal para los vestidos ajustados, dos camisetas de tirantes que aprietan los michelines, unos pantis-faja ¡y hasta unos leggins-faja! No quiero ni pensar lo que puede ser si me lo pongo todo a la vez. Seguro que aparento una talla 0, pero mejor que no me inviten a cenar.

En Yo Dona conozco a Sandra Macaya, la empresaria que importa en España la lencería de la marca Spanx, que es la que llevan las famosas (mi set de refajos es del Primark). Y Sandra dice que el mercado de la lencería en nuestro país está muy verde porque gastamos poco en ropa interior, con el argumento de que no se ve. “Pero si llevas lencería maravillosa, te sientes más poderosa y segura de ti misma”, dice.

Pues sí, creo que en eso estamos todas de acuerdo. Pero a ver, porque yo soy de esas que gastan poco en lencería puesto que no se ve, y por lo que parece no estoy sola... sí, me encantan los conjuntos bonitos, pero me pasa lo mismo que con los tacones: no son para todos los días ni para todos los atuendos. Y además, no está la economía para dejarse el dinero en un conjunto de lencería diario.

Es más, yo en el día a día ni siquiera combino la parte de arriba con la de abajo. No tengo tiempo ni ganas. ¡Si no se ve! ¿Y si se tiene que ver...? Hace tiempo pregunté a mis amigos varones de Facebook por este tema, y todos respondieron lo mismo: les da igual si la ropa interior es mona y si está conjuntada o no. No se dan ni cuenta. Más que nada porque cuando la ven, en lo único que piensan es en que desaparezca de tu cuerpo lo antes posible.

“Intentamos dar la oportunidad a todas las mujeres españolas de que se vean como estrellas de Hollywood”, dice la estupenda Sandra Macaya. Pero, insisto, eso está muy bien para la alfombra roja. Si tú te vas a cenar con tu nueva cita y te colocas una armadura de lencería, pues sí, tus curvas lo dejarán hipnotizado. ¿Pero qué pasa luego cuando entras en la fase de intimidad y hay que desabrochar el push up, bajarse la faja, soltar el corsé…? Con las carnes liberadas, ¿le parecerás igual de escultural? Hummm...

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Autora Paloma Corredor

Periodista y escritora.

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Paloma Corredor
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¡Hola! Bienvenidos a El juego del amor, un blog sobre las relaciones, el amor y la pareja. Famosos y anónimos, ricos y pobres, todos somos iguales en la búsqueda de la felicidad. Eso sí, las cosas han cambiado mucho. En pleno siglo XXI, Cupido lanza flechas de todos los tipos, tamaños y colores. Y como nos encanta hablar sobre estos asuntos, os invito a leer y comentar mis posts.

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