Revisiones infantiles: la primera visita al especialista

  • La salud y el correcto desarrollo de nuestros hijos son una carrera de fondo. Para asegurarnos de que todo vaya bien, la vista, el oído, los dientes... necesitan cuidados específicos. ¿Sabes cuándo tienes que llevarle al especialista? Toma nota. 

Que esté sano y todo salga bien es el deseo que toda madre tiene para su hijo recién nacido. Pero pasado el primer momento de emoción, hay que asegurarse de que todo sigue su curso normal y el desarrollo del pequeño va por buen camino. El pediatra realizará revisiones periódicas y será él el que indique la conveniencia de que el niño se someta a otros exámenes más específicos. En opinión del pediatra Francisco Gilo Valle “oftalmólogo, otorrino, podólogo y dentista suelen ser los más habituales, bien por seguimiento rutinario, bien porque observemos desajustes en nuestros hijos”. Con su ayuda, te explicamos cómo, cuándo y por qué debe visitar tu hijo a los médicos especialistas.

Al oftalmólogo, a los cuatro años

“Recomendamos una revisión oftalmológica en edad preescolar y comienzo de la escolar”. ¿Por qué? El dr. Antoni España, adjunto del Servicio de Oftalmología de la Clínica Quirón de Barcelona nos da las claves: “La infancia es la etapa durante la que se desarrolla la función visual, por lo que es de suma importancia detectar toda alteración que pueda interferir en este proceso. Aunque el desarrollo del globo ocular se da en la época prenatal, hay un crecimiento y maduración durante los primeros años de vida”. Es, por tanto, primordial acudir al especialista, ya que la detección precoz de algún problema puede resultar fundamental.

“Resulta recomendable hacer una valoración por el especialista alrededor de los cuatro años. Hasta ese momento, el pediatra es capaz de identificar signos sospechosos en las revisiones ordinarias, y determinaría la necesidad de una visita especializada antes de esa edad”, asegura España. De esta forma, lograremos evitar algunos de los problemas más frecuentes, como los refractivos (necesidad de gafas), que pueden asociarse a estrabismo y ambliopía (déficit de desarrollo funcional), además de los habituales problemas del sistema lagrimal y las conjuntivitis. “Si no se detectan a tiempo de este tipo de problemas puede suponer la instauración de secuelas visuales durante el resto de la vida”, finaliza el dr. España.

Síntomas de alarma

  • Si el niño desvía los ojos. 
  • Si tiene problemas en visión próxima: se acerca al papel al leer o escribir; o en la lejana: dificultades para ver la pizarra o la TV. 
  • Dolores de cabeza tras esfuerzo visual.
  • Ojos rojos, legañas, lagrimeo... 
  • Movimientos erráticos de los ojos. 
  • Diferente visión entre un ojo y otro. 
  • Antecedentes de miopía, hipermetropía...
Desde los nueve meses, al dentista

A veces, lograr que nuestros hijos se laven los dientes se convierte en una tarea ardua, pero es el primer paso para la salud de su boca. José Piñal, presidente de la Sociedad Española de Odontopediatría, intenta que los padres tomen conciencia de la importancia de un buen control odontológico de nuestros hijos: “El aprendizaje de hábitos adecuados de higiene y alimentación, y los consejos por parte del odontopediatra son fundamentales para prevenir y atajar la aparición de problemas en la boca.

El odontopediatra procurará que nuestros hijos lleguen a la edad adulta con una boca sana, estética y, sobre todo, que hayan adquirido los fundamentos para conservarla así durante toda la vida. De las experiencias del niño en su primera visita puede depender su futura conducta y su actitud ante el tratamiento dental, por eso es importante que sea visto por un odontopediatra, que es un dentista con formación y preparación específica, habituado a tratar con niños y con una clínica especialmente adaptada a sus necesidades”. No existe una edad mínima para llevar al niño por primera vez, aunque el dr. Gilo esboza este calendario: “En las primeras dos semanas de vida, solo para una mera exploración; a los nueve meses (retrasos dentición); al año (prevención de caries); 15 meses (consejos para prevenir la caries del biberón); dos años (caries, maloclusiones)”.

De cualquier forma, hay una edad crítica en la que todo niño debe ser revisado, y es en torno a los seis años, cuando empiezan a caerse los dientes de leche. “Se trata de evitar los problemas más habituales, como la caries y todo lo que conllevan (dolor, dificultades de masticación, infección local, pérdidas de espacio para las piezas permanentes...), y las maloclusiones o problemas de ortodoncia, que podrían evitarse si no prolongamos el uso del chupete, por ejemplo”. Concienciar a los mayores de que los dientes de leche merecen el mismo cuidado que los definitivos es el caballo de batalla de los dentistas. “Tienen una estructura idéntica a las piezas definitivas, y por tanto los problemas que pueden producirse son los mismos. Debajo de cada diente de leche hay uno permanente preparado para salir, ¡y está en ese mismo sitio desde el nacimiento!, por lo que cualquier infección, puede afectar al diente permanente”, dice Piñal.

Síntomas de alarma
  • Dolor, sangrado o hinchazón. 
  • Problemas de habla. 
  • Dificultad al masticar. 
  • Respiración bucal.
Antes de los 12 años, visita al podólogo

 “El pie es el soporte físico del cuerpo –asegura el podólogo Sergio Sanz–, pero su cuidado está denostado, sin darnos cuenta de que muchas de las dolencias que sufrimos de mayores, como problemas en la cadera, rodilla o columna, tienen su origen en una malformación podológica que podría haberse evitado”. Por tanto, resulta clave consultar un especialista. Entre los 12 y los 14 años se forma el último hueso, el calcáneo (talón), por lo que antes de esa edad es el tiempo con el que cuenta el podólogo para corregir las distintas alteraciones físicas que puedan manifestarse.

“Los tratamientos se inician a partir de los cuatro años, que es cuando podemos empezar a trabajar las patologías y cuando el niño va a colaborar con el facultativo”, matiza Sanz. Pero es muy importante una revisión en los primeros meses de vida, pues ya pueden apreciarse anomalías, como la desviación de un dedo, una falange más corta o larga que otra, la unión de dos dedos... “Me gusta recomendar que el primer corte de uñas del bebé lo haga un podólogo, pues las madres tienden a cortarlas en exceso, lo que puede provocar, por ejemplo, una uña encarnada”. Otras dolencias habituales suelen ser los pies planos (ausencia de arco longitudinal interno); pie cavo (exceso de arco); pie varo (tendencia a apoyarse más por el lado externo) y pie valgo (tendencia a apoyarse más por el lado interno).

También hay que tener en cuenta la falta de alineación de los dedos, que pueden desembocar en los dedos en garra o en martillo. Y la famosa verruga plantar o papiloma, virus por contagio muy habitual en lugares húmedos como piscinas, duchas o vestuarios. “Toda malformación anatómica en el pie va a llevar a problemas, tanto físicos como psicomotrices, en el desarrollo de un niño”, resume Sanz.

Síntomas de alarma
  • Caídas frecuentes. 
  • Torpeza o arrastre de pies al caminar. 
  • Dolores plantares. 
  • Cansancio prematuro.
Al otorrino, si hay infecciones frecuentes

Si hay una dolencia común que afecta a más del 50% de los niños antes de los dos años es la otitis media (inflamación del oído medio, normalmente resultado de una infección de garganta). El órgano de la audición se empieza a formar en la cuarta semana de vida fetal y finaliza su formación a los dos años de vida, “por eso es habitual que sobre el tercer trimestre de embarazo y ante estímulos sonoros, las futuras mamás noten movimientos del feto”, asegura el dr. Daniel Moreno Jiménez, otorrinolaringólogo del Hospital Universitario de Getafe, de Madrid. Por lo tanto, no es de extrañar que “la primera revisión del oído se haga de forma protocolaria antes de darle de alta en la maternidad”, puntualiza el dr. Javier Cervera Escario, especialista pediátrico del Hospital Universitario Niño de Jesús.

Los posibles problemas se agravan con la entrada en la guardería o el colegio, por lo que entre el año y medio o dos años hasta los cinco, tienen un alto porcentaje de probabilidades de contraer alguna infección, apneas del sueño o la sordera propiamente dicha, que puede presentar diferentes grados de intensidad y tipos. Pero entonces, ¿cuándo hay que llevarle? “Solo cuando las infecciones son frecuentes, los tratamientos no resultan efectivos o si se tiene que valorar un tratamiento quirúrgico. Así evitaremos que, a la larga, pueda no desarrollar de forma normal su lenguaje o incluso su manera de relacionarse con los demás por timidez o problemas escolares”, concluye el dr. Moreno.

Síntomas de alarma
  • Si presenta falta de atención o timidez. 
  • Mal rendimiento escolar. 
  • Si necesita el volumen de la televisión alto. 
  • Si repite continuamente “¿qué?”. 
  • Cuando se lleva con frecuencia las manos a la cabeza. 
  • Supuración en el oído. 
  • Repetición de infecciones en el oído. 
  • Retraso en el desarrollo del lenguaje. Sueño inquieto. 

Otras dolencias, otras consultas

Neurólogo

La acción del sistema nervioso central, que crea una conciencia en el ser humano sobre los movimientos que realiza, a través de los patrones motores como la velocidad, el espacio y el tiempo, es la psicomotricidad. Por tanto, el niño será derivado al neurólogo si se observan trastornos motores que pueden asumir dos formas: una en la que predominan los trastornos motores particularmente la hiperactividad y los defectos de coordinación motriz; y otra donde se muestra con retraso efectivo y modificaciones de la expresión psicomotriz.

Logopeda

Cuando el niño llega a la edad de un año y medio y no dice ninguna palabra, o a los dos años de edad y no consigue formar frases sencillas; o cuando no muestra intención de comunicarse con los demás ya sea verbalmente o mediante gestos, debe acudir a este especialista. Una intervención temprana evitará la aparición de posibles secuelas que podemos traducir por difluencias en el habla (tartamudez), logofobias (miedo a hablar), dislexias (dificultades en lectura y escritura)... La cadencia de revisiones depende de la causa y el diagnóstico, por lo cual deberá ser derivado al neurólogo y/o al otorrino, por si existiera un trastorno neurológico o un déficit auditivo.

Información elaborada por el Dr. Francisco Gilo Valle, pediatra. 

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