Nada más verle entrar, la doctora Susana Monereo, jefa del Servicio de Endocrinología del Hospital Universitario de Getafe, adivinó el tipo de paciente que iba a tener que tratar. “Con bastantes kilos de más y una mirada desesperanzada detrás de su sonrisa, era la imagen de lo que llamamos “obesidad intratable”, explica la especialista. En efecto, el relato de Miriam (39 años, funcionaria, casada y con dos hijos) se ajustaba al esquema previsto. A causa de las dietas yoyó, o lo que ahora se conoce como “weight cycling” (pérdidas y aumentos repetidos de peso), las pacientes afectadas de esta obesidad intratable (llamada así por su difícil tratamiento) han hecho todo tipo de regímenes. Además, han tomado todas las pastillas, creen saberlo todo sobre adelgazamiento y, de hecho, han perdido peso muchas veces... siempre volviendo a recuperarlo y añadiendo varios kilos más en el proceso. “Vienen desmotivadas, hartas, con bajísima autoestima y, a menudo, llorando y exigiendo algún tipo de operación bariátrica –explica la doctora–, porque se sienten incapaces de adelgazar de otra forma. Han pasado de la esperanza en cualquier método a la desesperanza absoluta”.

MALOS HÁBITOS

“¿Qué he hecho mal?”, preguntan al especialista. Y, en el fondo, saben que todo. Sabían que los regímenes draconianos conducen finalmente al exceso de peso, pero los siguieron. Sabían que las pastillas que tomaban no eran recomendables y siguieron con ellas. Eran conscientes de que la dieta de la alcachofa (o la del pomelo o la del astronauta) carece de base científica, pero eso no les hizo desistir. “Y achacan todos los fracasos de su vida –laborales, sociales, de pareja– a su imagen física –dice Monereo. A menudo, tanto como un plan de adelgazamiento necesitan la ayuda de un psicólogo o psiquiatra, que, dicho sea de paso, suele ser muy útil a estos pacientes”. Por supuesto, las pequeñas oscilaciones en la báscula son normales; no lo es el aumento y descenso significativo de peso (cinco kilos o más) repetidas veces a lo largo de la vida".

Pero, ¿por qué esas oscilaciones de peso acaban en obesidad intratable? Los expertos creen que la primera explicación está en las dietas muy restrictivas. Un estudio publicado en la revista Obesity lo corrobora: las personas que siguen regímenes muy bajos en calorías acaban ganando más peso que las que hacen otros más sensatos. El doctor Kelly Brownell, de la Universidad de Yale (que acuñó el término de “dieta yoyó” en los 80), lo explica así: “El organismo puede percibir una ingesta muy baja de calorías como una amenaza a la supervivencia. Como respuesta, el organismo da órdenes a los centros del cerebro que regulan respuestas relacionadas con el apetito e, incluso, con la forma de almacenar grasa. Los niveles de grelina, una hormona del hambre, aumentan, y los de leptina, hormona de la saciedad, disminuyen. Así, tienes cada vez más hambre y te sientes menos saciada con la misma cantidad de comida”.

Eso le pasó a Teresa Muñoz, administrativa sevillana de 28 años y 1,63 m de estatura. Vio cómo su peso oscilaba entre los 60 y los 90 kilos en tres años. “Decidí cortar por lo sano; tomaba apenas una comida al día y bebía café y refrescos de cola, porque había leído que la cafeína aumentaba el metabolismo. Perdí ocho kilos, pero no resistí; de darme un “homenaje” ocasional pasé a comer sin freno todos los días. Ahora peso 101 kilos”.

TODO ESTÁ EN LA MENTE.

Que el organismo se vuelva en tu contra cuando intentas adelgazar es una mala noticia; pero, además, nuevas investigaciones indican que algunas personas tienen más problemas para controlar su peso que otras. El doctor David Kessler, autor de “El final de la sobrealimentación”, y su equipo de la Universidad de California en San Francisco han indagado en la biología de los que definen como “grandes comedores”. Han comprobado que los circuitos de recompensa de sus cerebros están excesivamente activados, que responden fuertemente al olor o vista de la comida (apetito condicionado) y permanecen en ese estado de excitación hasta que ingieren todo lo que tienen en el plato. “Cuando tienes un circuito neuronal hiperactivo, resistir la tentación no es sólo cuestión de fuerza de voluntad –explica Kessler–. Hay una explicación biológica acerca de la sobrealimentación condicionada”. Kessler estima que el 50% de los obesos y el 30% de las personas con exceso de peso son hipercomedores condicionados. Por fortuna, la ciencia nos dice también que parte de esa reacción es aprendida y que podemos aprender a resetear nuestro cerebro.

EMOCIONES CANÍBALES

Como saben los endocrinólogos, los estímulos emocionales tienen también un papel enorme. Un estudio de la Universidad de Brown ha comprobado que las personas que comen en respuesta a emociones como el estrés o la soledad tienen más probabilidades de acabar con obesidad. Cuando Dora Perales (puericultora valenciana de 1,59 m de estatura) tenía 28 años, perdíó 22 de sus 80 kilos. En los tres años siguientes, engordó 30, “en parte porque comía como respuesta a problemas emocionales”, reconoce ella. Al cumplir 35 años, siguió un plan estricto y volvió a perder 33 kilos. Pero el divorcio, problemas laborales y la sensación de soledad la llevaron de nuevo a buscar consuelo en la comida. Pronto recuperó 25 kilos.

La doctora Monereo ve a muchas mujeres como Dora. “Van bien durante un tiempo, pero luego abandonan. Nunca han interiorizado las estrategias necesarias para un cambio de comportamiento a largo plazo. No saben cómo responder a pensamientos negativos, ni distinguir una recaída de una sentencia de por vida. Por eso creo que un plan de adelgazamiento que no contemple los aspectos psicológicos asociados a la obesidad está abocado al fracaso”. Y hay muchas razones para evitar las oscilaciones de peso. Una de las que más citan los endocrinólogos es que el metabolismo suele verse afectado. “Si sigues una dieta muy estricta y recuperas peso rápidamente, puedes perder músculo y ganar grasa, en concreto grasa visceral, mucho más peligrosa para el organismo –señala la doctora Monereo–. Por otro lado, al perder músculo el metabolismo se ralentiza y cuesta mucho más adelgazar con el siguiente régimen”.

Un estudio publicado recientemente en Clinical Cardiology demuestra, además, que las mujeres que han experimentado al menos cinco oscilaciones de peso importantes en su vida dañan sus corazones en el proceso. “Todos los factores de riesgo cardiovascular asociados a la grasa visceral (altos niveles de azúcar y colesterol, hipertensión, triglicéridos...) se disparan en estos pacientes –afirma Monereo–. De hecho, un altísimo porcentaje de pacientes con obesidad intratable que acuden a mi consulta sufren síndrome metabólico, un trastorno cada vez más frecuente que agrupa todos los factores citados y conlleva un alto riesgo cardiovascular”.

INMUNIDAD BAJA

Nuestras defensas también sufren por los cambios de peso precipitados. El primer estudio sobre los efectos a largo plazo de las dietas yoyó ha comprobado que las mujeres que han perdido y ganado peso varias veces en su vida tienen la función inmunitaria disminuida, sobre todo con menores recuentos de células “killer” (“asesinas”), que nos defienden de infecciones y combaten el cáncer en sus momentos iniciales. En este estudio, que se realizó en más de 100 mujeres obesas pero sanas en otros aspectos, las que habían experimentado importantes variaciones de peso cinco o más veces a lo largo de su vida tenían reducida en un tercio la actividad de células “killer”.

Entonces, ¿es mejor aceptar los michelines? La respuesta de los científicos es que, a pesar de todo, los peligros de la obesidad superan los de las oscilaciones de peso. El secreto está en pasar de la mentalidad de “hacer dieta” a la de “vivir sano”. Como dice la dra. Monereo: “Si vives de forma sana, la pérdida de peso se produce de manera natural”. Y, ¿cómo podemos romper el círculo vicioso de engordar-adelgazar-engordar? Como estrategia a largo plazo, la especialista propone la vuelta al orden: “Esto significa volver a comer de forma sensata; si lo haces, perderás peso y ganarás salud sin darte cuenta”.

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