Razones de peso para volver a cocinar

  • Si preparas tú misma, la comida es mucho más saludable, más barata, más rica y variada...¡incluso adelgazarás! Volver a los fogones solo tiene ventajas.

Cientos de estudios científicos no han conseguido frenar la pandemia de obesidad que nos afecta. Esta es la prueba: uno de cada dos españoles padece hoy exceso de peso u obesidad. Entre todos los consejos, hay uno que se está convirtiendo en tendencia: anudarse el delantal y volver a cocinar en casa, con productos de los de toda la vida.

La explicación es sencilla. Si los nuevos hábitos alimentarios están detrás del aumento de peso de la población, recuperar las antiguas recetas podría volver a poner la balanza allí donde estaba.

Algunas razones “de peso”, explicadas por el profesor José María Ordovás, una de las mayores autoridades del mundo en nutrición, pueden animarte a recuperar saberes perdidos. 

1. Ahorras dinero

Gramo por gramo, los alimentos procesados cuestan más que los no procesados. Un ejemplo: un pollo entero cuesta la cuarta parte que una pizza pedida por teléfono y da para hacer sopa, pechugas a la plancha, muslos estofados o con arroz... Una bolsa de dos kilos de patatas cuesta menos que una bolsa individual de patatas fritas y permite preparar purés, guisos con verduras, patatas al horno, ensaladas… “Esto no quiere decir que los alimentos procesados no tengan su espacio, pero convertirlos en norma diaria no solo aumenta el presupuesto en comida, sino que la dependencia excesiva de algunos de ellos puede ser perjudicial para la salud”, explica el profesor Ordovás. Un estudio realizado en Estados Unidos señala que simplemente llevando al trabajo las sobras de la cena del día anterior nos podemos ahorrar más de 100 euros al mes. Da para pensar, en estos tiempos de restricción.

2. Ahorras tiempo (aunque no te lo creas)

En el tiempo que tardan en traerte esa pizza o plato preparado a casa, podrías hacer una ensalada verde con nueces y pasas; cocinar pasta con un salteado rápido de verduras; asar unas rodajas de calabacín, berenjenas y de tomate; preparar un pescado en papillote… “Una buena idea es tener a mano una agenda e ir apuntando ideas de recetas rápidas y luego dejar que actúe la imaginación –propone Elena Arzak–. ¡Te asombraría la cantidad de platos exquisitos que puedes cocinar en 10 o 15 minutos, desde alimentos a la plancha a legumbres (en olla rápida), pasando por salteados, ensaladas y arroces. Experimentar en la cocina abre la mente y el paladar de toda la familia. Todas y todos tenemos dentro un cocinero oculto; solo hay que dejar que se exprese”. “Yo añadiría dos beneficios adicionales –interviene el profesor Ordovás–. Uno: que, mientras cocinamos, quemamos calorías; y dos, que cualquier tipo de actividad creativa mejora el estado anímico”.

3. Consumes mucha menos sal


“Nuestras papilas gustativas tienen una atracción ancestral por la sal, derivada de las condiciones ambientales de hace miles de años, en las que la sal era mucho más necesaria que ahora para compensar los electrolitos perdidos con la actividad física elevada. Esta atracción se ha vuelto peligrosa hoy, cuando la sal es un producto barato y abundante, cuyo consumo excesivo en esta sociedad sedentaria se asocia a la hipertensión, sobre todo en personas genéticamente sensibles a los efectos de la sal”, señala el profesor Ordovás. Los fabricantes de alimentos procesados conocen bien nuestra debilidad por lo salado, y por ello la añaden generosamente a sus productos. De hecho, el mayor porcentaje de sal que consumimos sigue procediendo de esos productos. “En cambio, cuando cocinamos en casa, controlamos la sal que ponemos y tenemos muchas opciones para dar sabor –añade Elena Arzak–. Podemos utilizar hierbas aromáticas, especias, ajos y cebollinos, puerros y otras verduras. La tendencia actual es la de la cocina de los aromas, esa que pone en juego todos nuestros sentidos”.

4. Tomas menos grasas saturadas  y trans

Según Ordovás, “todo lo dicho para la sal puede aplicarse a las grasas saturadas y trans. La industria sabe bien que lo que vende es todo lo que estimula el gusto y el nuestro, diseñado para la supervivencia, se ve estimulado por la sal, la grasa y el azúcar, ingredientes que cubren diferentes necesidades osmóticas o energéticas primarias. En el caso de las grasas saturadas y trans, la industria las utiliza por su bajo coste y porque no se enrancian –lo que asegura una vida media de estantería más larga– y, sin duda, porque añaden palatabilidad (hacen que el producto resulte más agradable al paladar). El problema es que las grasas saturadas y trans aumentan los niveles de colesterol y obstruyen las arterias. Al cocinar, tomamos el control sobre las grasas que usamos. Por ejemplo, podemos elegir trozos magros de carnes y embutidos, utilizar cantidades adecuadas de aceite de oliva virgen y librarnos de las grasas tropicales saturadas, como las de coco y palma; así como de las trans, que están mayoritariamente presentes en los alimentos procesados”.

5. Tomas menos calorías vacías

Cuanta mayor proporción de grasa, azúcar y/o harinas refinadas (que el organismo convierte en azúcar) contenga un alimento, más económico y palatable resulta. ¡No es extraño que las secciones de productos procesados estén repletas de rebozados, croquetas, pizzas, empanadillas, pasteles, galletas… cargados de calorías vacías y sin apenas fibra y nutrientes! “Un plato de lentejas o un guiso casero con verduras nos aporta el cóctel perfecto de nutrientes beneficiosos y menos calorías que casi cualquier plato procesado –explica Ordovás–. De hecho, de acuerdo con la primera Encuesta Nacional de Ingesta Dietética en España (ENIDE), para tener una dieta equilibrada deberíamos aumentar el consumo de frutas, hortalizas, legumbres, cereales (preferentemente integrales), frutos secos y aceite de oliva. Son precisamente esos alimentos, hoy deficitarios, los que mas comúnmente se encuentran en la cocina casera; por el contrario, comer fuera lleva a consumir más calorías vacías y grasas menos saludables, que ya solemos tomar en exceso”.

6. Comes relajadamente


Una premisa de la llamada “comida basura” es que se toma deprisa, de forma inconsciente y a menudo en solitario. ¡Justo lo opuesto a aquellas comidas en torno a una mesa y en animada conversación, de hace pocas décadas! Pues bien, está de sobra demostrado que comer en compañía ante una mesa se traduce en menos calorías ingeridas durante el día y en mayor consumo de frutas, verduras, pescados y otros alimentos ricos en nutrientes. “A ello hay que sumar los beneficios de la interacción social que aportan las comidas en compañía, otra costumbre que está inserta en nuestra memoria genética. Según algunos antropólogos, el cocinado de los alimentos, que empezó hace cientos de miles de años, fue esencial para desarrollar relaciones sociales y facilitó el desarrollo del lenguaje y el intercambio de ideas que dieron forma a la sociedad actual”, explica el experto y añade: “Hoy, sabemos que el tipo de interacción gastronómico-social que se da en las comidas familiares produce una relación de mayor calidad entre padres e hijos, se traduce en una alimentación más sana y en un riesgo menor de depresión. ¿Puede pensarse en una mejor recomendación?”.

7. Controlas mejor el peso

“Con más verduras, pescados, legumbres, cereales integrales, carnes magras y grasas saludables, la comida casera contiene más nutrientes por ración y menos calorías que la llamada comida rápida. A la vez, al comer relajadamente, damos tiempo a que el cerebro procese la sensación de saciedad, lo que evita seguir comiendo más allá de lo necesario –explica Ordovás–. Es lo contrario de la fórmula que venden los restaurantes que basan su éxito en el 2x1 o en “todo lo que puedas comer” por un precio fijo y que, conocedores de la compulsión humana a engullir todo lo que nos pongan delante (¡sobre todo si no supone aumento de precio!), nos llevan a tomar un exceso de calorías”. Un estudio publicado en Journal of Public Health Policy revelaba cómo las raciones de comida rápida en EE.UU. eran cinco veces mayores en 2010 que en 1990 y que ese aumento podía explicar la creciente epidemia de obesidad en ese país. “En cambio, al cocinar en casa, podemos decidir los ingredientes y cantidades, adecuando la cantidad a nuestras necesidades reales”, explica el profesor Ordovás. 

Y si aún no sabes cómo, unos trucos y consejos de Elena Arzak, mejor cocinera del mundo en 2012 según la revista británica Restaurant, pueden ayudarte a dar el paso.

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