Cáncer, stop a la pérdida de peso

  • Es el principal síntoma de que se sufre malnutrición, un problema asociado a muchos tumores malignos y que empeora su pronóstico.

Cuando se recibe un diagnóstico de cáncer, a menudo detrás de esta mala noticia se esconde otra: que probablemente el tumor haya provocado malnutrición. Se estima que al menos el 40% de los pacientes ya están mal nutridos en el momento de visitar al oncólogo por primera vez, sobre todo, si padecen un tumor digestivo y de páncreas.

Pero esa cifra no exhime a los demás de no sufrir este estado que compromete su futuro: si no se toman medidas, hasta el 90% de los enfermos oncológicos acaban sufriendo desnutrición, un porcentaje con dramáticas consecuencias, como ha demostrado el estudio NUPAC II, realizado en pacientes de cáncer de colon. Sus resultados comprobaron que aquellos que se encontraban desnutridos desde el principio del tratamiento tenían menos probabilidad de supervivencia que aquellos que no lo estaban.

Y eso no es todo. Diversas investigaciones en la misma línea demuestran que los pacientes con malnutrición poseen un riesgo mayor al entrar en el quirófano y, si no necesitan cirugía, no consiguen tolerar las dosis completas del tratamiento que necesitan, por lo que hay que pararlo antes de tiempo, lo que compromete su curación. Como colofón, la desnutrición también atenta contra su calidad de vida, haciendo que pierdan la capacidad de seguir con su actividad cotidiana, lo que no solo afecta a su estado físico, sino también al psicológico. Este montón de buenas razones han logrado que vigilar el peso en estos pacientes se esté convirtiendo en una prioridad para el equipo médico que los trata...

Una preocupación que, además, se intenta trasladar al propio enfermo, dejándoles claro que, en estos momentos, lo que importa no es cuánto se pesa, sino cuántos kilos se han perdido y cuántos de ellos han desaparecido sin variar la dieta. Para las unidades de nutrición oncológica, perder más de un 5% del peso ya es importante, pero perder más de un 10% es grave. “El drama es que, como la población sufre sobrepeso, cuando pierden unos kilos no se preocupan. No comprenden que adelgazar es una complicación importante. Nuestros parámetros están claros: si una persona pierde peso de forma anorexiada, tiene dificultad para comer y está débil hay que tratarla”, explica la doctora Carmen Gómez Candela, jefa de la Unidad de Nutrición Clínica y Dietética del Hospital Universitario de la Paz de Madrid.

Hasta hace unos años muchas personas, entre ellas especialistas médicos, daban por hecho que esa desnutrición era algo inevitable asociado al cáncer, pero hoy se sabe que no es así: se puede (y se debe) tratar, igual que el dolor o cualquier otro síntoma de la enfermedad. Para combatirla, todos los hospitales cuentan con unidades de Nutrición, algunos de ellos incluso poseen nutricionistas integrados en sus equipos de Oncología. Estos profesionales se encargan de elaborar una dieta que tenga en cuenta los síntomas que dificultan la alimentación del paciente, algo que, a priori, no resulta sencillo, porque cada caso es distinto.

Por ejemplo, lo habitual es que un enfermo que está recibiendo quimioterapia sufra al menos cuatro síntomas simultáneos que le complican la ingesta. O lo que es lo mismo, puede padecer náuseas, diarrea, dificultad para tragar y alteración de los sabores, todo a la vez, factores que el especialista debe tener en cuenta para adaptar sus consejos nutricionales. “Cuando uno piensa en una dieta le viene a la cabeza la idea de “tengo que comer esto o no puedo comer lo otro”, pero lo que nosotros hacemos es ofrecer recomendaciones de alimentación adaptándola a lo que el enfermo necesita y, sobre todo, garantizando suficientes cantidades de proteínas porque son muy importantes en este momento”, explica la dra. Gómez Candela.

Para apoyar esta labor se cuenta con unos excelentes aliados: los suplementos calórico-proteicos, una fórmulas que contienen una mezcla de macro y micronutrientes, se toman por vía oral y que se recomiendan para las personas que no son capaces de cubrir sus necesidades nutricionales con una dieta normal, así como para tratar la desnutrición. Existen multitud de presentaciones (líquidos, en barrita, en crema y, los más novedosos, en polvo), sabores y composiciones. Pero son un alimento farmacológico, ni un fármaco propiamente dicho ni un sustituto de la comida. Por tomarlos, no se debe dejar de comer, sino que son una ayuda para aumentar de forma sencilla la ingesta de nutrientes.

¿Y quién decide cuándo ha llegado el momento de recurrir a ellos?
Los puede prescribir el oncólogo, aconsejar el especialista en nutrición, en ocasiones, la enfermera... Y el propio paciente debería pedirlos cuando la ropa le empieza a quedar grande. Porque, mientras se supera un cáncer, no es el momento de adelgazar.

Sigue leyendo al pie de la foto. Te contamos cómo tomar un suplemento.