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Desde que se descubrió la penicilina, la ciencia ha creado antibióticos cada vez más potentes, pero están empezando a fallar. Descubre cómo evitar que esto suceda.

FÁRMACOS ¿PARA TODO?

Los antibióticos combaten las infecciones causadas por bacterias. Son unos medicamentos muy potentes, pero no el remedio a todas las enfermedades. De hecho, resultan completamente ineficaces en las dolencias de origen viral como la gripe, la varicela o el sarampión, así como en las infecciones por hongos (candidiasis). En estos casos tomarlos es contraproducente porque, por un lado, se puede agravar la infección y, por otro, automedicarse genera que las bacterias se hagan más resistentes y el fármaco deje de ser eficaz cuando sí se necesita.

España es uno de los países con un mayor consumo de antibióticos, lo que le convierte en un paraíso para la aparición de cepas bacterianas resistentes. El 30% de este consumo se produce sin ni tan siquiera consultar a un médico. La mayoría de los pacientes utiliza este tipo de fármacos para tratar infecciones respiratorias, algo inútil ya que en el 90% de los casos estas infecciones son virales.

CUATRO RAZONES PARA NO ABUSAR

1. Bacterias más resistentes. Bombardear las bacterias con antibióticos es contraproducente porque estos microorganismos son capaces de crear defensas y se producen bacterias resistentes. Las infecciones causadas por estas “superbacterias” no responden al tratamiento y prolongan el proceso infeccioso, provocando más complicaciones. Además, la velocidad de aparición de resistencias es mayor que la de creación de nuevos fármacos, por lo que en un futuro se puede llegar a que no se disponga de ningún antibiótico para tratar algunas infecciones.

2. Causan alergias. Sobre todo los de la familia de los betalactámicos, como la penicilina. Las consecuencias de una alergia a los antibióticos pueden ser graves y llevar a sufrir un shock anafiláctico. Si existe sospecha de alergia, el médico puede realizar un test de sensibilidad utilizando dosis mínimas del fármaco.

3. Pueden intoxicar el organismo. La toxicidad depende de la dosis y del tipo de antibiótico ingerido pero las consecuencias son claras: daño renal, hepático y del sistema nervioso y alteraciones en los glóbulos rojos.

4. Atacan la flora intestinal. Sus efectos secundarios más comunes son el dolor abdominal, la diarrea, las naúseas y los vómitos. Esto sucede porque estos fármacos atacan a las bacterias, incluídas las “buenas” que viven en nuestro apararato digestivo y nos ayudan a hacer digestión.

¿Y PARA LOS NIÑOS?

Según las estadísticas, los menores son grandes consumidores de estos medicamentos. Pero su organismo es muy delicado y resulta sencillo que este uso se convierta en un abuso. De hecho, varios estudios demuestran que el consumo de antibióticos en la infancia aumenta el riesgo de padecer alergias. Un estudio publicado en la revista científica Chest afirma que dar cuatro ciclos de antibióticos en el primer año de vida incrementa en un 46% la probabilidad de sufrir asma.

El problema es que en pediatría existe una extraña equivalencia: fiebre = a prescripción inmediata de antibióticos. Cuando un niño enferma es normal que los padres se preocupen y en muchas ocasiones se piensa que mandándole un fármaco potente, como el antibiótico, todo se va a resolver. Pero no es así, porque los niños de tres a seis años (o en cuanto pisan la escuela) son propensos a sufrir fácilmente infecciones virales. Enfermedades que no se curan con antibióticos.

Durante el primer año de vida, el sistema inmunitario se va reforzando y perfeccionando. Es importante dejar que las defensas naturales reaccionen ante las infecciones. La primera forma para conseguirlo es no abusar del uso de estos fármacos.

Dar un antibiótico a un niño cuando no lo necesita puede dañar su salud y hacer más difícil que se cure cuando adquiera una infección bacteriana que sí los requiera. Un ejemplo: en España se ha detectado en los menores de 14 años importantes resistencias a las fluoroquinolas, un grupo de antibióticos que no suele prescribirse para tratar infecciones en niños. O lo que es lo mismo, esos pequeños han sido “automedicados”.

¿VERDADERO O FALSO?

• Los antibióticos son más eficaces si se administran en inyección. FALSO
La utilidad de un antibiótico depende de la concentración del fármaco, no del modo en que sea administrado. Sólo en el hospital, en caso de infecciones graves, se recurre a la vía parental (intramuscular o por vena).

• Hay que tomarlos todos los días y a la misma hora. VERDADERO
Para funcionar de una forma eficaz, este tipo de medicamentos precisa un nivel de concentración estable en la zona que está siendo atacada por las bacterias. Por eso es muy importante seguir al pie de la letra las indicaciones del médico. Estas instrucciones varían dependiendo del tipo de principio activo. Respeta las horas entre una dosis y otra y piensa en el horario más adecuado para que el tratamiento sea fácil de cumplir. Así, por ejemplo, si te pescriben una toma cada ocho horas de amoxicilina, comienza a las ocho de la mañana, toma la siguiente dosis a las cuatro de la tarde y la última a las 12 de la noche. Si el antibiótico prescrito sólo necesita una dosis al día, tómalo siempre a la misma hora.

• Cuando desaparecen los síntomas, se puede dejar de tomar el fármaco. FALSO Ese no es un buen criterio ya que los síntomas pueden desaparecer en un solo día (como en la cistitis simple) o en mucho más (como en la pulmonía). Pero para una curación completa hay que cumplir con todo el tratamiento. Si se interrumpe a la mitad, la infección se puede reavivar. Además, las resistencias de las bacterias a los antibióticos aumentan cuando éstos se toman en dosis incorrectas o de forma irregular.

• Los de última generación son mejores que los primeros. VERDADERO Y FALSO
Los antibióticos nuevos funcionan como todos los demás. Pero hay una diferencia: son mejor tolerados por el organismo y requieren sólo una o dos administraciones al día. Además, son eficaces contra gérmenes que se han hecho resistentes a los antibióticos de primera generación, como la penicilina.

• Puedo utilizar restos de tratamientos anteriores. FALSO
No en vano deben ser prescritos por un médico. Que algo haya funcionado en una infección anterior no tiene por qué ser eficaz en otra. Se precisa un diagnóstico profesional.

• En los que se dosifican manualmente es peligroso excederse en la cantidad. FALSO
Un pequeño error de dosificación no es peligroso para el paciente. Muchas madres se quejan de la dificultad de administrar algunos fármacos pediátricos en los que hay que mezclar los polvos antibióticos en un líquido (agua o zumo). En estos casos, una cantidad insuficiente hace que sea ineficaz y una excesiva puede tener efectos secundarios. Pero, normalmente, este tipo de medicamentos pensados para los más pequeños forman parte de la familia de los antibióticos betalactámicos, en los que un ligero error por exceso no resulta peligroso.

REGLAS DE ORO

1. Si no tienes fiebre, deja que la enfermedad siga su curso sin tomar antibióticos (al menos durante tres días).

2. No te automediques. Los antibióticos deben ser siempre recetados por un médico, que es el profesional capaz de saber si sufres una infección de origen viral o bacteriano.

3. Si el médico no te los prescribe es porque no los considera necesarios, no se los pidas.

4. Sigue las instrucciones médicas en cuanto a la duración y la dosis que debes tomar.

5. Si padeces una infección crónica (que dura uno o dos meses), consulta a tu médico y pídele un antibiograma para analizar tus bacterias y saber si sufres un infección resistente.

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