Dos fámacos han demostrado que aumentan la supervivencia y previenen la recaída de cánceres que creíamos incurables.

Ocurría en el año 1989. El dr. Josep Baselga se especializaba en Oncología y Hematología en el Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York (EE.UU.), centro de referencia mundial en cáncer. Hacía apenas dos años que se sabía que las pacientes con el gen HER2 (Human Epidermal growth factor Receptor-2) sobreexpresado tenían tumores de mama que crecían de forma descontrolada, respondían mal a la quimioterapia y su pronóstico no era nada alentador.

Un día, su departamento recibió un fármaco experimental de una pequeña compañía (Genentech, hoy una de las más potentes en oncología) que había demostrado su eficacia con células de tumores de mama HER2 positivos. “Cuando lo probamos, no podíamos creer lo que veíamos; literalmente se comía las células de ese tipo de tumor”, recuerda el doctor, hoy jefe del Servicio de Oncología Médica en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, director del Instituto Oncológico Teknon y profesor de Medicina de la Universidad de Barcelona.

PRUEBAS ALENTADORAS

El medicamento se llamaba Trastuzumab (Herceptin) y es el mismo que hoy está salvando la vida a miles de mujeres. Baselga le pidió permiso al laboratorio para realizar estudios clínicos con él. En una de sus primeras pacientes, que no había respondido a ningún tratamiento de quimioterapia, el fármaco acabó con el tumor en pocos días. “Fue la primera que respondió a este tratamiento en el mundo”, cuenta el especialista. “Hoy, sigue viva”, añade.

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