Pocas mujeres mastectomizadas que superan un cáncer optan por la reconstrucción mamaria en España, y ello, a pesar del sufrimiento moral y la sensación de pérdida de integridad física que conlleva la amputación de las mamas en la mayoría de casos. El dr. Luis de la Cruz, de la Clínica de la Luz de Madrid, ha estudiado los motivos que mueven a algunas a someterse a cirugía reconstructiva y ha comprobado lo que ganan las mujeres, en términos de autoestima y calidad de vida. Hemos hablado con él de todo eso y de los grandes avances en este tipo de cirugía.

PREGUNTA. En España se diagnostican cada año 15.000 nuevos casos de cáncer de mama y la tasa de curación ronda el 60%. Sorprende, sin embargo, que pocasmujeres mastectomizadas, incluso muy jóvenes, recurran a la reconstrucción mamaria...

RESPUESTA. Y no sólo pasa en España. En los pocos países donde se dispone de estadísticas fiables, la tasa de mujeres mastectomizadas que se reconstruyen apenas llega al 10%.

P. A pesar de las secuelas psicológicas derivadas de la amputación mamaria...

R. El mayor estudio realizado al respecto, de la Universidad de Melbourne (Australia), concluía que la mujer mastectomizada tiene mayor incidencia de alteraciones psiquiátricas y sociales, derivadas de la amputación. En todos los estudios, las pacientes mastectomizadas declaran insatisfacción respecto a la propia imagen, pérdida de autoestima, sensación de feminidad disminuida, pérdida de capacidades sociales... Muchas acaban desarrollando depresión y disfunciones sexuales.

P. Son mujeres curadas de cáncer demama pero conuna baja calidad de vida...

R. Según la Organización Mundial de la Salud, salud supone bienestar físico, pero también psíquico y social. Una vez superado el cáncer, la reconstrucción mamaria ayuda a recuperar ese grado de bienestar integral que la OMS asocia a un auténtico estado de salud.

P. ¿Cuántas intervenciones de este tipo ha realizado usted? ¿Cuál es su experiencia en cuanto a los resultados?

R. He realizado 300 intervenciones de reconstrucción mamaria. Las mujeres, e incluso sus parejas y familia, vuelven felices a la consulta, y ello aunque el resultado estético no sea siempre perfecto. En la reconstrucción mamaria hay siempre un altísimo grado de satisfacción, más que en cualquier otra intervención de las habituales en cirugía estética.

MIEDO AL QUIRÓFANO

P. ¿Qué impide a las mujeres que han superado un cáncer a optar por la reconstrucción?

R. Por un lado, está el miedo a someterse a una nueva intervención después de lo mucho que ya han sufrido. Por otro, está el enorme desconocimiento acerca de la seguridad de la intervención y de la calidad que se consigue actualmente. Casi nadie le enseña a estas mujeres las fotos de otros casos, ni les explica los resultados conseguidos con otras pacientes reconstruidas. Ese desconocimiento hace que muchas acaben aceptando una situación que realmente no aceptarían si supieran las posibilidades a su alcance.

P. No todos los oncólogos animan a las mujeres a la reconstrucción...

R. La mayoría de las mujeres mastectomizadas que acuden a nosotros nos cuentan que nadie, ni en su entorno familiar ni en el médico, les ha apoyado claramente en su decisión. Lamentablemente, no todos los ginecólogos ni todos los oncólogos conocen las nuevas posibilidades de la opción reconstructiva y la posibilidad de ofrecer intervenciones muy poco agresivas.

P. En cambio, la sociedad sí anima a las mujeres sanas al aumento o remodelación mamaria, motivadas por razones estéticas mucho más triviales...

R. Parece que es poco “popular” hablar de reconstrucción, y, sin embargo, a estas mujeres la intervención les cambia la vida. Tengo pacientes que no querían ni encender la luz del baño para no verse en el espejo y que, después de la operación, han vuelto a aceptarse y a mirarse sin complejos. Es más que estética. En el estudio australiano al que me he referido, preguntaron a 10.000 mujeres qué les había llevado a vencer el miedo a reconstruirse. Curiosamente, el primer motivo que esgrimieron no fue verse más atractivas o recuperar la vida sexual, sino “sentirse enteras de nuevo”.
 
DE LA MÁS SENCILLA A LA MÁS COMPLEJA

P. ¿En qué casos no está indicada la recontrucciónmamaria?

R. No lo está en los casos en los que el cáncer no está totalmente curado.

P. ¿Qué grado de dificultad puede tener esta cirugía?

R. Normalmente, la operación es poco traumática, tanto en el proceso anestésico como quirúrgico. En algunos casos especiales –sobre todo cuando la mujer ha recibido quimioterapia y radioterapia intensivas–, la intervención puede ser algo más complicada de lo habitual. Pero, independientemente del tipo de cirugía, los resultados suelen ser muy satisfactorios.

P. Explicadas en términos lo más sencillos posibles, ¿qué tipo de técnicas se están empleando actualmente en el campo de la reconstrucción mamaria?

R. La más común es la que emplea expansores anatómicos: es la menos traumática de todas y la que deja menos cicatrices a la paciente. Se trata de una intervención sencilla que requiere dos operaciones realizadas en un plazo de tres meses.

P. Pero las hay más difíciles... Sí, la segunda técnica es la reconstrucción con músculo dorsal ancho. Esta intervención es algo más traumática, pero necesaria en los casos en los que hay que aportar piel a la zona mamaria. Para ello se extrae piel de la espalda. La tercera técnica es la reconstrucción en la que se utiliza la grasa y la piel del abdomen: es una intervención compleja, pero la más utilizada en Estados Unidos.

P. ¿Qué riesgos tienen?

R. Depende de la técnica utilizada. La de expansores anatómicos tiene muy poco riesgo. Así que, como ocurre con todas las cirugías abdominales, la más arriesgada es la que requiere extraer tejido y grasa del abdomen.

ASÍ ES LA TÉCNICA CON EXPANSOR

Primer tiempo: con la paciente sedada, se practica una pequeña incisión sobre la cicatriz de la mastectomía y, a través de ella, se inserta un expansor provisto de una válvula. Este expansor de tejido se irá llenando con aire poco a poco cada 10-15 días. El objetivo es que la piel se vaya regenerando y se consiga de esta forma el volumen necesario para implantar la prótesis definitiva.

Segundo tiempo: pasado el periodo conveniente se sustituye el expansor por la prótesis definitiva. Entre una intervención y otra trascurren unos cuatro meses. Normalmente, en este tipo de intervenciones se utilizan prótesis con volúmenes bajos porque son más fáciles de practicar y tienen mejor resultado estético. Ambas operaciones plantean pocas complicaciones a las pacientes.

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