Las personas que relacionan miel con salud están en lo cierto, porque se acumulan los estudios que corroboran sus propiedades. En cambio, las otras sustancias de la colmena –jalea real, propóleo y polen– suenan a muchos como un producto para “adictos a herboristerías”, en parte, porque hay quien les atribuye propiedades sin fin y los desacredita.

¿QUÉ DICE LA CIENCIA?

• Polen. Tanto recolectado de flores como de la colmena (es el principal alimento de las abejas), está repleto de nutrientes y fitoquímicos (sustancias desarrolladas por las plantas para protegerse de plagas y otras amenazas). ¿Sus efectos? En un estudio, esta sustancia trató eficazmente la prostatitis y el agrandamiento de próstata. En otro, ratones con cáncer de pulmón tratados con polen y quimioterapia sobrevivieron el doble que los tratados con quimio, pero sin polen. Una advertencia clave: viene de las flores, por lo que se desaconseja su consumo en alérgicos. 

• Propóleo. Es un complejísimo material que utilizan las abejas para sellar sus colmenas (y los antiguos egipcios para momificar sus cadáveres). Muy rico en fitoquímicos, sobre todo en ácido caféico y flavonoides antioxidantes, concentra cada vez más interés científico. Un amplio estudio revela, por ejemplo, cómo el ácido cafeico del propóleo evita la formación de tejido precanceroso en ratas expuestas a sustancias cancerígenas. Por bien que suene, su mayor utilidad quizá resida en su poder antibiótico, sobre todo frente al Staphylococcus aureus, esa bacteria que provoca tantas muertes hospi-talarias. Tanto o más sorprende su eficacia contra ciertos virus (que los antibióticos no combaten) en concreto contra el virus del herpes simple tipo 1 y 2, ciertos parásitos y hongos e, incluso, en enfermedades que conllevan inflamación. Ya hay varios estudios que propugnan su utilidad en el resfriado, la candidiasis y la gingivitis.

• Jalea real. El alimento de las larvas que luego se convierten en abeja reina contiene una potente proteína, la royalisina, eficaz contra varias especies de estafilococos y estreptococos. Pero, además, también parece prevenir el cáncer. Investigadores japoneses transplantaron células cancerosas a dos grupos de ratones y dieron a uno jalea real. Los tumores de los que no tomaron la jalea crecieron el doble que los de los que la habían tomado, y la vida media se prolongó en una quinta parte. A la espera de que estudios con humanos corroboren esas propiedades, ¿quién se niega a tomar una dosis de este alimento de reinas?