En 2003 el 20% de las mujeres en Estados Unidos se mandaron flores a sí mismas el Día de San Valentín. Eso, con perdón de las ciudadanas de ese gran país, es desesperación. En estas tierras, la fiesta de Cupido ha venido cogiendo fuerza en los últimos años,
así como Halloween y Saint Patrick. Todo es culpa de la globalización, dicen. En
fin, que no sería tan extraño que algún día nuestras solteras y solteros empiecen a
enviarse a sí mismos flores y regalos al trabajo para celebrar en público esta orgía
del amor.
Si cualquier día del año ser soltero trae problemas prácticos y logísticos,
el 14 de febrero no tener pareja es motivo de exclusión social. Hay que asumirlo. Y
si vamos a invertir en flores, lo suyo no es mandarla al hogar, sino a un sitio donde
haya audiencia, la oficina, por ejemplo.
Sin embargo, lo más razonable sería mantener la calma con San Valentín. Se
entiende que los escaparates llevan un mes –en plena crisis- repletos de corazones
rojos y ositos de peluche. Que la publicidad intenta por todos los medios que
uno se sienta un marciano por no tener a quien regalar ese día. Todo eso es verdad.
Pero, mirándolo por el lado bueno, escoger un regalo para la pareja supone una
presión considerable. Tanto si la relación va bien como mal, el riesgo de error es
elevadísimo. Las expectativas suelen estar por los cielos. Y si no consigues un regalo
creativo, personalizado, ecológico, útil, original y "BaratoPeroQueNoLoParezca", es fácil augurar un rotundo fracaso. Puedes equivocarte con el regalo de Navidad, incluso
con el de cumpleaños, pero un error en San Valentín se paga, antes o después. En
dinero o en especie.
Otra ventaja a sumar: ¿Has visto cómo se ponen los restaurantes la noche de San
Valentín? Es imposible conseguir mesa. Y en caso de que encuentres sitio, será
caro y casi seguro habrá que sumarse al espectáculo de las velas y los
violines. Está claro que es una visión desde la envidia. Pero lo cierto es que no es la mejor
noche del año para salir a cenar. El 13 en cambio, se cena de maravilla en todas
partes.
Para la noche de San Valentín, si no tienes pareja o estas celebraciones románticas te espantan, te proponemos montar una fiesta
Anti San Valentín:
1. Invitados
Deberías invitar solo a solteros, en plan sectario. Pero también puedes llamar a todas esas parejas disfuncionales que te rodean y que de
vez en cuando te miran por encima del hombro, como si fueras un miserable, solo
porque no puedes pedir en un restaurante los platos diseñados para compartir
entre dos, como la lubina a la sal o el arroz negro. Esos tienen que ir a tu fiesta. Por
supuesto, todos aquellos que estén recién salidos de una relación y hayan superado
la fase "OdioaMiExPeroNoParodeHablarDeElla". Lo ideal es mezclar ambientes, gente
de aquí y de allá, solteros militantes y solteros temporales, adeptos del psiconálisis y
lacanianos, hipster y pijos (que no es lo mismo aunque a veces lo parezca), de sangre
O positiva y de sangre azul. Todos con todos, que nunca se sabe.
2. Decoración
Nada de corazones. En general, elimina el color rojo de tu vida, aunque puedes
permitirte algún detalle como el muñequito y el osito de la imagen. Una buena idea es optar por el minimalismo: blanco y beige, que aportan
serenidad y calma. Tampoco conviene el gótico por oscuro y sórdido. Las luces,
mejor bajas, y abstenerse de globos y confeti. La alegría, como la procesión, va
por dentro.
3. Dress code
Casual pero duchado. Unos vaqueros y alguna de las camiseta que aparecen en la galería serían ideales. Es pedir demasiado a los invitados, así que al menos debe ser el atuendo de los
anfitriones. Los que estén en fase despechada pueden hacerse con una pulsera de mensaje estimulante y pacífico: “Si hubiera querido tu corazón habría
comprado un cuchillo”. Los recién divorciados que lo lleven bien o aquellos que no
piensan casarse nunca pueden adquirir un anillo con un mensaje muy claro para la ocasión. En el
color de la ropa interior no entramos.
4. A la mesa
Si el número de invitados es par, puedes hacer o encargar cena. Si decides meterte
en la cocina podrías hacer platos para compartir entre dos, de esos que un soltero
casi nunca puede pedir en los restaurantes. El menú puede ser bastante libre y
creativo. Has algo más que pizzas y patatas fritas de bolsa. Son dos platos típicos de
la peor soltería que no merecen estar en una fiesta anti San Valentín. Proponemos manteles individuales para decorar la
mesa con dibujos originales. Cuidado con los postres. Esta noche se abusa del chocolate porque dicen que
sustituye al sexo, es antidepresivo y está bueno. En tu fiesta no habrá chocolates.
Mejor terminar con una pastelito como el de la foto con un corazón con una tirita.
5. Bebidas
La mejor fórmula es que cada quien traiga lo suyo. Prohíbe la entrada de coctelería
ñoña, como el Cosmopolitan o el San Francisco, solo motivan conversaciones poco
convenientes que derivan en quejas, nostalgia y lloros. Anima al personal a la
neutral cerveza o directamente a la bebida dura.
6. Música
En este apartado no debe dejarse cabo suelto. Si tienes Spotify elabora listas
cerradas con música poco dada a desatar emociones bajas, nostalgia u otro tipo de
sentimientos cercanos al amor o al odio. Funciona poner música en un idioma que
nadie entienda (descartados el español, el inglés y el francés) para no arriesgarse
con mensajes subliminales que casi siempre se esconden tras las letras más insulsas.
Contrata un vigilante para que aleje del ordenador a cualquier doliente, abandonada
o despechado que quiera hacerse cargo de la música. Es lo único que podría arruinar
tu fiesta perfecta.
7. Redes sociales
No tengas piedad. Anuncia la fiesta a bombo y platillo. No crees un grupo privado
en Facebook. Se trata de conseguir un buen aforo y ser la envidia de todos
los felizmente emparejados que estarán cenando en un restaurante repleto
mientras tu celebras el anti San Valentín. Tuitea en tiempo real y, si puedes,
cúrrate una transmisión en streaming. Convierte tu fiesta anti San Valentín en un
acontecimiento global que deberá repetirse cada año.